En respuesta a Carlos Delgadillo, quien hizo varios señalamientos contra Natalia Juárez, aspirante perredista a diputada por el Distrito 8, ella entregó a esta redacción una carta en la que dice, entre otras cosas, que no recibió beca mensual de 30 mil pesos (el promedio lo sacó quien esto escribe en función de las quincenas que recibió como becaria). A renglón seguido –por problemas de espacio– algunos pormenores de su réplica:
Es lamentable que se siga recurriendo al expediente de las relaciones personales de una mujer para descalificarla sin más. Putas al fin y al cabo es el grito rabioso de la misoginia que aún domina el ámbito público y aplasta en el privado. Qué puede contestar cualquiera ante tal odio, rabia y procacidad. Desde la cerrazón de los prejuicios sólo hay paso para la descalificación, la vulgaridad, la violencia y ningún resquicio para el diálogo o la razón. Así que con serenidad quiero poner cada cosa en su lugar y responder a la difamación con datos comprobables y al rumor con verdades simples y llanas. Jamás recibí una beca de 30 mil pesos mensuales. Mi beca era de mil 600 euros y la obtuve gracias al programa académico de estudiantes de posgrado que la UdeG promueve y sostiene desde hace varios años. Cualquier estudiante con interés, capacidad y perfil académico marcado por el programa de estudios de posgrado en el extranjero, puede acceder a este tipo de apoyos. Es absolutamente falso que sin tener el título aparecí como coordinadora de la Licenciatura en Filosofía; al asumir esta responsabilidad ya contaba con mi título, el cual obtuve en 2006. También es falso que mis estudios de doctorado estén inconclusos. Concluí ya los créditos académicos, estoy en el proceso de redacción de la tesis y de presentación del examen de grado. Todo dentro del tiempo que marca el reglamento de la Universidad Autónoma de Barcelona. La plaza académica que actualmente tengo en el CUCSH es temporal, en el momento que su titular se reincorpore, yo quedo fuera. Por lo pronto, la UdeG me extiende un contrato que debe renovarse cada seis meses y que está sujeto a la evaluación de mi informe de actividades y el plan de trabajo que proponga. Los proyectos académicos que el Sr. Carlos Delgadillo denuncia, fueron “tirados a la basura” en realidad fue la conclusión de la prestación de su servicio social y nada más que eso. Respecto a que él fue arbitrariamente despedido, cómo puede ser posible, si jamás tuvo relación laboral con la UdeG. Mi militancia política en el PRD nace desde el 2006, cuando participé activamente en la campaña de Andrés Manuel López Obrador, luego del resultado que todos conocemos, puse una pausa para partir a Barcelona a realizar mis estudios de posgrado. Al regresar a México, retomé mi participación en el partido y en los dos procesos de afiliación partidista posteriores a esa fecha me registré como militante. En noviembre de 2011 participé por una posición como consejera estatal del PRD en la misma planilla que el doctor Raúl Vargas López encabezaba. Efectivamente, mi postulación a la candidatura como diputada federal es resultado de la llamada cuota de género, que por lo demás es un derecho que las mujeres perredistas han conquistado luego de años de participación política en desventaja. Es una medida afirmativa que mi partido adoptó antes que nadie y que luego se hizo obligatorio por el COFIPE para todas las fuerzas partidistas. Desde hace varios meses he sido objeto de acoso en mi lugar de trabajo, en mis cuentas en redes sociales y en mi casa de campaña por parte del señor Delgadillo. La violencia en el lenguaje y los calificativos, la obsesión por perturbar mi tranquilidad y escalar su desagrado personal a un tema de otro orden, sólo se explican en una persona con un desorden patológico. Finalmente, me quedo con las disculpas que en septiembre de 2011 ofreció el propio Carlos Delgadillo luego de reconocer su proceder “grosero y vulgar” contra mí y su intromisión indebida en mi vida privada.
Tras ordenar una auditoría al Patronato Pro-Construcción del Santuario de los Mártires, el cardenal Francisco Robles Ortega se reunió el pasado 27 de abril con sus integrantes, encabezados por Juan Manuel Hernández. Se ventilaron problemas como la estructura del techo, la obra semiparalizada y la oscuridad de sus recursos. Les dijo que podrían verlo como un intruso pero que su obligación es saber lo que ocurre. “No es obra de particulares, es de la Iglesia”, sentenció.
fcobian@proceso.com.mx








