“El compositor no puede vivir ya de su obra”: Manzanero

Legislar en materia de derechos de autor, señala el compositor Armando Manzanero, será en beneficio de los creadores musicales, pues la piratería los ha afectado económicamente. Tan sólo en 2011, informa, se “bajaron” de internet 6 mil millones de canciones. Junto con el director de la Sociedad de Autores y Compositores de México, Roberto Cantoral Zuchi, su presidente, explica, que de cada 10 CD que se venden en México ocho son piratas. Ambos agregan que las ganancias no son para los vendedores, y, en cambio, han conseguido que su institución amplíe el pago de derechos a la familia de los compositores a 100 años de su muerte.

El proyecto de la Ley SOPA (Stop Online Piracy Act, por sus siglas en inglés), introducido en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 26 de octubre del 2011, tuvo como objetivo dar mayor amplitud a los propietarios de derechos intelectuales y combatir así el tráfico ilegal de productos protegidos por el derecho de autor o por la propiedad intelectual en internet.
México, paraíso de la piratería de todo tipo, ha perdido –según datos oficiales– tan sólo en derechos de autor por piratería musical (calculando sólo un 10% aproximadamente) 16 mil millones de dólares en ganancias y tres mil millones en impuestos.
Sin justificar del todo la imposición de la Ley SOPA, Armando Manzanero, presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), así como Roberto Cantoral Zuchi, director general de la misma e hijo de Roberto Cantoral, autor de éxitos como Reloj, La Barca y El preso número nueve, salen al paso para explicar cuál es la perspectiva de los autores musicales del país al respecto:
“El tema de la Ley SOPA es lo de ahorita. Sólo para que se dé cuenta de qué tamaño es la ‘bajada’ de música sin pagar derechos de autor, que tan sólo en México en el 2011 se bajaron seis mil millones de canciones. Han acabado con la industria del disco. Prácticamente han desaparecido los CD. Es terrible que la gente no pueda vivir de su obra. No obstante lo difícil del momento se va a legalizar y regularizar todo.”
Según el compositor de grandes éxitos como Esta tarde vi llover, Aquel señor y Adoro, no se trata de un problema generacional ni estrictamente de los jóvenes:
“Ellos nacieron ya con una cultura muy particular. No saben lo que es comprar un disco, ir a una tienda de discos, no entienden que la música sea algo físico, y tienen razón. El verdadero problema son los prestadores de servicios que simplemente no cumplen con sus obligaciones fiscales. Yo no puedo ir a una tienda de autos y pensar que me puedo llevar uno gratis, o que voy al supermercado y me llevo lo que quiera sin pagar.”
Afirma el compositor que lo que suceda en cuanto a legislación no debe de asustar a nadie. La circunstancia es que habrá que pagar los impuestos y lo que se adquiere. Explica:
“Desde que yo tengo uso de razón tengo claro que mi trabajo vale y yo vivo de él. A nadie se le ocurriría pensar que por ser artista no debo de cobrar, nunca me ha sucedido que me contraten y me digan que no debo de cobrar por hacer música. Nunca he tocado profesionalmente sin cobrar, nunca.
“Mire, desde hace treinta y dos años que estoy en la SACM, he podido ver la labor que se ha hecho aquí para poner en orden las cosas. Los palenques no pagaban impuestos, los bares tampoco, los hoteles, los restaurantes tampoco, y yo le digo que la música está en todas nuestras actividades, en toda nuestra vida. ¡Qué sería del mundo sin música! Pero hay que pagarla.
“Porque los aplausos siempre se agradecen, pero hay que entender que los compositores vivimos de nuestras regalías, los derechos de autor son fundamentales para poder dedicarse de tiempo completo a la música.”
Para él, todo mundo puede vivir de lo que hace bien, “los músicos debemos tener la posibilidad de hacerlo dignamente. Y la carrera es larga, uno no puede basar su carrera en un solo éxito o creer que va a vivir de una sola canción, la composición surge de retroalimentarse. Consuelo Velázquez no sólo hizo Bésame mucho, tiene Cachito, cachito, Qué seas feliz y muchas otras.
“Yo entré con Roberto Cantoral hace treinta años a trabajar aquí porque el ideal mío era que si algún día yo tenía un hijo compositor querría que supiese cuáles son sus derechos y cuáles sus obligaciones, esa fue la razón por la que yo entré y porque me indignaba mucho ver compositores que nos habían dejado un legado de canciones maravillosas y que ninguno tenía la remuneración que se merecía.”
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Cuando se estrenó el vals Sobre las olas de Juventino Rosas, fue tal su éxito que diferentes países se adjudicaron su autoría, que por su estilo es un típico vals vienés. Furioso, Porfirio Díaz hizo un decreto presidencial estableciendo que la pieza era de Rosas y que la autoría le pertenecía sólo a él. Hoy en día los descendientes del compositor siguen recibiendo regalías.
Los derechos sobre una obra han sido muy discutidos y Armando Manzanero dice que cuando comenzó como compositor a mediados del siglo pasado, una obra tenía sólo 50 años de vigencia antes de entrar al patrimonio del gobierno.
“¿Qué pasa si a usted su papá le deja un auto o una casa? Pues es para toda su vida. Afortunadamente el maestro Roberto Cantoral consiguió setenta y cinco para mantener los derechos de los autores y ahora tenemos cien años. Cuando terminemos con todo lo que tenemos pendiente iremos sobre esa causa para que se amplíe el tiempo.
“Mi padre me dijo: ‘Nunca vayas a luchar por algo que no tengas la razón, y si la tienes hay que dar la batalla y lucha hasta el fin de tu vida.’ Y tenemos la razón, los músicos tenemos derecho de dejar nuestras obras como legado a la familia. ¿Cómo va ser que pasen cien años y ya no sea de ellos?
“Y le aclaro que México es el único país que tiene cien años de derecho sobre una obra. Japón da sólo cincuenta años, o sea que hay canciones mexicanas que en ese país se tocan sin pagar impuestos. No puede ser.”
En los años cincuenta, cuando Manzanero creó algunos de sus más notables éxitos, se acostumbraban vender los derechos a perpetuidad:
“Yo firmé muchos de mis éxitos más importantes por toda la vida, igual como lo hicieron Álvaro Carrillo, Consuelo Velázquez y Roberto Cantoral, firmamos a perpetuidad, esas eran las leyes. La editora era la que cobraba la mayor parte. Agradezcamos que en el 1998 pudimos acabar con eso, ahora se firma por tres años mínimo y quince años lo máximo. De las canciones cedidas de por vida sí recibo regalías, nada más que no las consideramos justas, porque hay mucho intermediario. Yo firmé con Pham-Emmi pero ellos eran subsidiarios de Peer Internacional.
“Y qué sucede con Bésame mucho, que es la canción más cantada y ejecutada en el mundo: Japón recibe mil dólares, y México le entrega 125 dólares a su familia por los gastos de los intermediarios, además de que la canción sostiene a la canción, la paga. Es decir, cuando se hizo el plagio de mi canción Somos novios y apareció It’s Imposible –que fue hit de Perry Como–, yo hice la demanda con el dinero de las regalías de la propia canción, todos los gastos se tuvieron que cubrir de mi bolsa y de la propia canción. La editora no se hacía cargo de ese tipo de gastos. Los autores de antes jamás nos imaginamos que los compositores y editores pudiéramos trabajar paralelamente como es ahora. Por eso tenemos una sala de edición aquí, yo ahora produzco mis nuevas canciones.”
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Por su parte, Cantoral Zuchi afirma que la SACM ha logrado convertirse en la sociedad de mayor recaudación en el país y está entre las 20 más importantes del mundo en su género.
Licenciado en Ciencias Políticas y Administración por la Universidad Iberoamericana, Cantoral narra, a pregunta expresa, cómo llegó ahí sin ser compositor, pues asesoró gratuitamente a su padre cuando apenas era un estudiante. Le explicó cómo crear redes de sistemas y lo apoyó en hacer los manuales organizacionales y de políticas y normas para proteger a los autores.
Cuando terminó la carrera se fue del país, y desde la Ciudad de México un grupo de compositores encabezado por Mario Molina Montes le pidió se incorporará a la SACM, a lo que su padre se negó al principio porque le parecía que a sus 24 años era demasiado joven. Entró a prueba, rehizo la estructura total de la SACM, creó los organigramas y diseñó una buena parte de la estructura de recaudación.
Ya dentro se dedicó al estudio del derecho de autor, trabajó al alimón con el desaparecido dramaturgo y abogado Víctor Hugo Rascón Banda de la Sogem (Sociedad General de Escritores de México), y entre ambos consiguieron el financiamiento para la investigación y edición del libro Cuánto cuesta la cultura, de Ernesto Piedra.
Serio y extremadamente formal, dice:
“Para mí el análisis es el saber si un autor debe y puede vivir de su trabajo. Creo que para nadie existe duda de ello, la cuestión es simplemente en ponerse de acuerdo en los cómo. Nada más que ahora el debate se polarizó y hay actitudes de no aceptar la negociación. Nosotros somos parte de una industria. Y la discusión parece estar centrada en la del libre acceso a la gratuidad.
“Y yo considero, apoyado por la ley de derecho de autor, que el libre acceso a una obra no está en la misma obra, ni en subir o bajar música, películas o libros de la red. El caso es que existen sitios legales e ilegales para hacerlo y esto no pasa por la libertad de nadie, sino por los derechos de autor. Y eventualmente esto significará una multa para quienes hagan uso de sitios ilegales en Estados Unidos, y su bloqueo, lo cual repercutirá en México.”
Para él, la solución estará en buscar una reforma práctica que no lesione los intereses de nadie. Sentar a todos los afectados a discutir la diversidad en las redes sin violación a la privacidad.
“Si no tienes permiso para vender alcohol en tu negocio no lo puedes vender y ya está, si lo vendes o lo adquieres cometes un delito, y la condena no es una violación de la libertad. Si quieres ropa no llegas a una tienda y te la llevas gratis. La cuestión es que dado que la música es un bien inmaterial, tiene un valor intangible y es entonces más vulnerable.
“Si los cibernautas quieren más música, más libros, más cine, está bien. Hay que hacer una labor en beneficio de los usuarios que están ávidos de mejores contenidos. Si el Estado quiere dar cultura gratis está bien, pero debe de pagarla para poder donarla. Los maestros de escuelas públicas reciben un sueldo.”
Según Cantoral, 90% de los autores no son cantautores y la gente ya no compra CD:
“Hay una generación completa que ya no compra discos. El valor de la música es distinto, y tenemos que encontrar un modelo accesible para combatir la gratuidad e ilegalidad y la tasa cero de recuperación. Para que me entienda: de cada diez discos que se venden, ocho son piratas. La industria ya no es como antes, que tenía 200 lanzamientos al mes y hoy se hacen 20 cuando mucho. Muchos artistas de la música están sin empleo, los autores son tocados en las redes sociales y no reciben un centavo por ello. Nosotros estamos por la cultura de la legalidad. Si todo mundo hace lo que quiere, difícilmente vamos a salir adelante.”
Según él, México ocupa el tercer lugar en piratería después de China y Rusia:
“Entonces, ¿combatir la piratería es atentar contra la libertad de expresión? Se piensa que si se compra en el Metro o en la calle se ayuda a una familia pobre. Eso es mentira.”
Y denuncia, aunque sin dar nombres:
“Ellos reciben apenas unos pesos porque atrás están personas e incluso extranjeros que son los que hacen los copiados y las clonaciones.”
El tema, afirma, es global y a muchas personas les suena a abuso de autoridad:
“Entonces no habría leyes. Yo creo que hay que proteger el trabajo creativo, porque si no se protege se pierde. A nosotros nos han dicho que hasta a los taxistas les queremos cobrar, lo cual es absurdo, hay que entender que la música tiene un valor cuantitativo y otro cualitativo. Nosotros no somos un sindicato sino una sociedad de recaudación que es modelo a nivel internacional. No podemos vivir dentro de la apología del delito porque entonces la música mexicana se iría al precipicio.
“Una asamblea nos confiere un mandato para administrar las regalías de Manzanero, Joan Sebastian, Juan Gabriel, Alex Lora, Reyli, además de otros compositores como Pablo Moncayo, José Alfredo Jiménez, Consuelo Velazquez, entre muchos.
“El que se registra vive de lo que el público demanda o favorece. Hay ciertas formas musicales que el público define como favoritas, pero no podemos juzgar esa parte porque la cultura es diversa y tiene sus propias redes. Simplemente hay piezas con éxito y sin éxito. ¿Cuál es la fórmula? No lo sé. Y no tenemos autoridad para juzgarlo.”
Cantoral Zuchi sostiene que los eventos comerciales o culturales tienen música, y que la música debe de entenderse como un bien primario:
“Si vas a un restaurante, partido de futbol, a un spa, siempre hay música y nosotros hemos negociado con las autoridades correspondientes la protección al derecho de autor. Tenemos representantes que entregan instructivos especiales a quienes utilizan la música comercialmente, y la reglamentación tiene candados muy claros para impedir fraudes.
“De esa forma tenemos, para los agremiados que logran que sus canciones sean grabadas y que reportan un mínimo de ganancia,: el derecho a la salud en el IMSS, jubilación, gastos de marcha, asesoría de autores y un bono de fin de año.”
–Se dice que la mesa directiva gana muchísimo dinero por la recaudación.
–Cada dos o tres meses somos auditados, la mesa directiva es elegida democráticamente y tenemos con nosotros a los principales autores mexicanos y a muchos del extranjero. ¿Usted cree que Juan Gabriel, Reyli, Mario Dom o Joan Sebastian, los descendientes de José Alfredo Jimemez, Alex Lora, Café Tacvba, Gloria Trevi y Carlos Lara, por mencionar unos cuantos, nos dejarían manejar sus regalías si no hubiese transparencia?
“Ninguno ganamos lo suficiente para la carga de trabajo que hay que mover.”
–Su padre, ¿ganaba muchísimo?
–Mi padre ya era un autor mundial cuando entró a la SACM. Era un cantautor y había estado frente a reyes y reinas. Era un autor extraordinario y tenía el plus de que además cantaba y tocaba piano y guitarra. Sus ganancias eran por presentarse y no por regalías. No necesitaba a la SACM para hacer dinero, más bien puso dinero para mejorar las cosas.
“Tenía dinero suficiente para haberse comprado una casa en el Pedregal y se la compró en Lindavista, la rehizo y le triplicó su valor. Igual pudo haber comprado una casa en Nueva York y la compró en Brownsville. Comenzó desde abajo y sabía lo que cuesta ganar dinero.
“Yo le ayudaba a hacer remodelaciones junto con un albañil. Estoy orgulloso de mi padre y amo su memoria, tengo hermanos muy talentosos y no compito con ellos. Yo soy un experto en derechos de autor y podría vivir de sólo dar asesorías en el mundo. No soy una persona pública y me precio de ser un trabajador de la cultura de tiempo completo, y ni los lujos, joyas, casas y demás me importan. Lo que a mí realmente me entusiasma es mi trabajo.”