1969 fue el año que el grupo británico australiano de Los Bee Gees grabó uno de sus álbumes menos comerciales y, paradójicamente, de los más creativos en su carrera musical de casi medio siglo: Odessa, cuyo tema de siete minutos y medio sobre un naufragio imaginario comenzaba:
Febrero 14 de 1899, el barco inglés Verónica
se perdió en el mar sin dejar rastro.
Oveja negra: bala; te quedaste sin lana…
Querubín, he perdido un barco en el Báltico,
me hallo sobre un iceberg…
Odessa, ¡Oh, cómo vuela el tiempo!
Para aquel año, el conjunto integrado desde 1958 por los hermanos Barry (1946), Maurice (1949-2003) y Robin Gibb (éstos gemelos nacidos el 22 de diciembre) ya habían conquistado los primeros lugares de ventas en ambos lados del planeta con sus baladas “Amar a alguien”, “Palabras” y “Yo comencé la broma”, considerándoseles los “nuevos castrati” del pop anglosajón por sus tesituras agudas https://www.themonthly.com.au/new-castrati-too-much-heaven-their-minds-paul-kelly-2978.
Interpretada con el sello original de Robin Gibb, “Yo comencé la broma” es una de las canciones más célebres en el amplio historial de Los Bee Gees; no obstante la claridad vocal y clase en los arreglos melódicos a canciones que ellos mismos componían, la dulzura fresa de Los Bee Gees fuer menospreciada por la crítica de rock en Inglaterra y Estados Unidos, proclive a ensalsar a bandas más pesadas como Los Animales y Las Puertas. Se les envidió y equiparó su estilo al “chicle bomba” de conjuntos prefabricados por emporios televisivos hollywoodenses como Los Archies y Los Monkees (el integrante inglés de este combo estadunidense imitador de los Beatles, Dave Jones, quien se parecía a Paul McCartney, falleció el 29 de febrero pasado).
Un segundo aire de Los Bee Gees sucedió en 1977 cuando grabaron piezas exitosas para la película con sonido discoteque Fiebre de sábado por la noche, protagonizada por el bailarín-disco John Travolta, como “Sobreviviendo”, “Más que una mujer” y la amorosa “Cuán profundo es tu amor”, la que cuenta con unas 400 versiones distintas. Esa banda sonora de la cinta vendió 40 millones de ejemplares.
Acompañados por su hermanito menor Andy Gibb (1958-1988) y el ahora olvidado ídolo pop Peter Frampton, el trío aprovechó aquel cañonazo. Impulsados por su empresario artístico Robert Stigwood filmaron en el celuloide un musical en torno al álbum El sargento Pimienta y la banda de los corazones rotos, con personajes sacados de piezas de Los Beatles, para su último magno fulgor mundial de 1978, si bien Los Bee Gees continuaron grabando hasta comienzos del nuevo siglo.
Aquel álbum magistral con 17 temas compuestos, entonados y orquestados por los hermanos Gibb de 1969, Odessa quedaría opacado tras aquella reputación de melcocha. Pero hace dos años, el álbum “revivió” en formato de disco digital triple, con joyas como “Feria de Melody”, “Diamante negro”, “Linterna”, “Odessa (Ciudad del Mar Negro)”, “Primero de mayo”, “Nunca digas nunca más”, “Sonido de amor”, “Murmullos”, “Camino Marley Purt”, tomas alternas de “Edison llegó para quedarse” o “De repente”, y tres maravillas sinfónicas instrumentales: “La ópera británica”, “Sinfonía de los siete mares” y “Con todas las naciones (Himno internacional)”.
Cuando al cantautor Robin Gibb se le diagnosticó cáncer en el hígado hace un par de años, decidió retomar la fantástica temática del Verónica en Odessa para asirse a la vida y componer un Réquiem por el Titanic, según declaró a Wendy Leigh del tabloide londinense The Sun:
“Uno de mis recuerdos más tempranos se remonta a cuando era un chavito de siete años y mi abuela me contó que su madre lloraba mares de lágrimas cuando supo que el Titánic se había hundido. A los ocho años de edad, con mi familia nos encontramos navegando rumbo a Australia para comenzar nuestra carrera musical e iniciar una nueva vida, quedamos atrapados en un monzón.
“A veces las marejadas lanzaban el barco muy alto y un minuto más tarde lo azotaban hacia la profundidad. Los pasajeros empezaron a desmayarse por toda la cubierta y enfermaron del mareo, pero no así yo. Entonces, el capitán hizo aquel anuncio diciendo: ‘Que no cunda el pánico. No ha sucedido ninguna otra tragedia marítima desde que el Titanic se fue a pique en 1912’. Desde luego que tal cosa no era cierta y la mencionó para animar a los pasajeros; sin embargo, de esa manera el espectro del Titanic emergía.”
La premiere del Réquiem por el Titanic con la Royal Philatmonic Orchestra ocurrió el 10 de abril pasado en el Central Hall de Westminster; pero Robin Gibb no pudo estar presente pues fue hospitalizado por complicaciones de neumonía, y finalmente falleció el 20 de mayo pasado, a los 62 años de edad. Su partida fue muy lamentada en México, donde Los Bee Gees gozan de fans y mucha popularidad. El Réquiem fue compuesto por Robin y su hijo RJ Gibb, “en homenaje adecuado para aquellas almas valerosas que murieron en la tragedia, de modo que nunca sean olvidadas”.
Entre las gotas de lluvia en otoño, seré tu fuerza.
Si los vientos del amor congelan, no llores sola.
Ten seguro que de caer el ocaso,
nuevos soles se alzarán.
(Robn canta “No llores sola” del Réquiem por el Titanic: https://www.youtube.com/watch?v=RuDiU0LA4Dg)








