Exhumación: la diligencia clave*

Valparaíso.- Hasta el 8 de mayo de 2011, día en que Proceso publicó el reportaje Neruda “fue asesinado” –que contiene el relato del asistente del poeta, Manuel Araya–, la tesis hegemónica sobre la muerte de Neruda sostenía que ésta se debió a una “caquexia cancerosa”. Así se sostiene en el certificado de defunción N° 622, de 1973, de la circunscripción de Recoleta (comuna de Santiago).
Sin embargo, los antecedentes conocidos desde entonces, parte de los cuales están contenidos en el expediente judicial de la causa Rol N° 1038-2011, “Caso Neruda”, abierta el 31 de mayo de 2011, no sólo hacen inverosímil esta versión sino que también abren la duda respecto de la existencia misma del cáncer.
Un examen radiológico aplicado a la pelvis y cadera derecha de Neruda, que fue realizado el 6 de diciembre de 1972 en el Departamento de Rayos X del Hospital Clínico de la Universidad Católica de Chile, demuestra que Neruda no tenía metástasis en esta zona de su cuerpo.
En las conclusiones de este examen, que se encuentra en las fojas 144 del citado expediente, se sostiene que “en ambas caderas la amplitud articular es normal, en el ala del hueso iliaco derecho en el sector vecino a la espina iliaca anteroinferior se observa una menor densidad de la estructura con ligero borramiento del borde del hueso por debajo de la espina”.
En entrevista con Proceso, el destacado médico forense Luis Ravanal señaló que “claramente allí (en el informe radiológico) no se describen lesiones destructoras de hueso múltiple. La única alteración que hay es en el borde anterior, pero esa descripción no es característica de una metástasis”.
Las dudas respecto de la existencia de cáncer aumentan al considerar el contenido de una nota enviada el 18 de abril de 1973 por el médico radiólogo Guillermo Merino Hinrichsen al urólogo que encabezaba el equipo médico de Neruda, Roberto Vargas Salazar. En esta le informaba del tratamiento de telecobalto, terapia que duró un mes y contempló 56 sesiones.
“Estimado colega: al dorso resumen de tratamiento efectuado a don Pablo Neruda, remitido por usted para tratamiento por adenoma de próstata y artrosis pelviana derecha”, dice la nota.
El doctor Merino declaró –como se consigna en la foja 239 del expediente– que Neruda acudió a esta consulta enviado por el doctor Vargas Salazar, “enterándome por documentos que el paciente había sido operado por la enfermedad que padecía, ignorando en qué lugar”.
El doctor Ravanal, que es miembro fundador de la Sociedad Chilena de Medicina Legal y perito judicial ante la Corte de Apelaciones de Santiago, señala que es muy significativo que Merino haya consignado en una anotación que el diagnóstico es de adenoma de próstata. “Y hay un universo de diferencia entre lo que es un adenoma, que es un tumor benigno, respecto a lo que sería un carcinoma, o sea: un tumor maligno de la próstata. Por lo tanto, cuando un médico, un especialista anota ese diagnóstico, es porque tiene certeza de ello”.
El forense explica que el adenoma es un aumento de tamaño de la próstata que está asociado a dificultades para orinar y a procesos infecciosos urinarios. Esto es coherente con las evidencias médicas disponibles en el expediente judicial, que demuestran que previo a su muerte, Neruda padecía una severa infección urinaria “que no consta que haya sido tratada y oportunamente atendida”, asegura Ravanal.
Además, el forense apunta a una eventual negligencia médica cometida por los galenos tratantes de Neruda: “El adenoma no se trata con radioterapia, se trata con cirugía, y, si bien el tratamiento con Cobalto estaba indicado en aquellos años para ciertos tumores, es y era una terapia contraindicada en caso de tumores benignos de próstata, como es el adenoma”.
La infección de Neruda a la que alude Ravanal aparece descrita en el resultado del examen de orina aséptica miccional aplicado el 4 de septiembre de 1973 por el doctor Raúl Bulnes Cerda: “Examen microscópico de sedimento más que regular cantidad de glóbulos de pus”.
Ravanal dice que este examen –tomado tres semanas antes que Neruda muriera– “es clave porque está indicando que tiene infección urinaria; o sea estaba orinando con pus. ¡Imagínese!: tiene una infección urinaria severa, y nada indica que haya sido tratada (…) y curiosamente se omite esa información en el certificado médico de defunción”.
“Entonces, en ese contexto –aduce el médico– habría una coincidencia entre las infecciones urinarias a repetición de la cual sí existe prueba en el historial clínico y un crecimiento anormal de la próstata con un tumor benigno como sería el adenoma. Y por otro lado, cuando uno contrasta esto con los resultados de los exámenes sanguíneos –especialmente con los hematológicos que se le practicaron en etapas previas a su hospitalización–, no se evidencia tampoco ninguna alteración como debería apreciarse en los casos de cáncer, y más aun si estamos hablando de un cáncer que supuestamente tiene metástasis.”
Ravanal dice que el último examen hematológico (Laboratorio Clínico Raúl Búlnes, 1 de junio de 1973) “da cuenta de un estado más o menos compensado, sin signos de compromiso importante… no veo por ninguna parte un caso de un cáncer con metástasis generalizado”.

Contradicciones

38 años después de que Merino enviara el citado apunte al doctor Vargas Salazar, volvió a referirse al tema en el contexto de la investigación del “Caso Neruda”. Esta vez aseguró que Neruda sí padecía cáncer:
“El tratamiento consistió en brindar radioterapia sobre próstata y hemipelvis derecha en varias ocasiones, constatando que el paciente efectivamente padecía cáncer prostático con metástasis ósea, enfermedad que le causaba mucho dolor, sin que se observara deterioro en el estado general del paciente y sin encontrar algún síntoma que pudiera determinar tiempo de sobrevida. Él padecía un mal pronóstico, sin embargo, nada hacía presagiar una muerte rápida. Hago presente que mi labor específica era proporcionar el tratamiento solicitado por su médico tratante (Vargas Salazar) a objeto de aliviar el dolor y estabilizar las lesiones”, según su testimonio que aparece en la foja 239 del citado expediente.
Ravanal replica: “El tema es dónde está la documentación para decir que tiene mal pronóstico (…) Para decir que una persona tiene mal pronóstico tengo que tener las placas radiológicas que evidencien que hay metástasis, que el tumor ha invadido los tejidos circundantes, que ha invadido huesos; si no tengo esa prueba objetiva, esos elementos clínicos de diagnóstico o radiológicos, yo no puedo aseverarlo. O si no pensaríamos que a los médicos les basta tener una bola de cristal, es decir: lo miro por fuera y digo este paciente tiene buen pronóstico, este regular y este mal pronóstico”.
El perito dice que la única forma de establecer un diagnóstico respecto del tipo de tumor que tenía Neruda es por medio del análisis de una biopsia. Sin embargo, el juez Mario Carroza no ha podido conseguir que los centros médicos que trataron a Neruda entreguen o encuentren este y otros exámenes de su historial médico.
De acuerdo con lo que señala uno de los más respetados y acuciosos biógrafos del poeta, David Schidlowsky, en su libro Pablo Neruda y su tiempo. Las furias y las penas (RIL, 2008), el Nobel de Literatura fue operado dos veces contra el cáncer de próstata en el Hospital Cochín de París. La primera de estas fue a fines de octubre de 1971, tras la cual reposaría en su casa La Manquel (en la Normandía francesa). A mediados de julio de 1972 fue operado por segunda vez en París.
A Ravanal se le comenta lo poco probable que una institución tan respetada como el Hospital Cochin hubiera errado al operar un cáncer que no existía.
“Es curioso –responde el experto– porque si lo operaron en el Hospital Cochin tendrían que haberle sacado la próstata y aquí (en los informes emitidos por el doctor Merino) están hablando que le trataron la próstata con radioterapia. Entonces, no puedo imaginar qué operación le hicieron en Francia, porque en general la próstata no se saca de a pedacitos: si se detecta una lesión sospechosa se saca la próstata completa.”
Según Ravanal, de no aparecer informes médicos concluyentes, la única forma de saber si Neruda tuvo o no cáncer es mediante la exhumación de su cadáver, puesto que la metástasis “obviamente va a estar presente en el esqueleto y se podría confirmar o descartar si es una verdad técnica lo que se consignó en el certificado de defunción”.
El pasado 11 de abril el ministro Carroza envió un exhorto a la justicia francesa con la finalidad de indagar si en dicho país existen antecedentes médicos del poeta.
El caso Neruda ha subido de temperatura en los últimos días, entre otras razones, debido al lanzamiento del libro –el 23 de mayo– de Sombras sobre Isla Negra: la misteriosa muerte de Pablo Neruda, del periodista español Mario Amorós (Ediciones B). El libro tiende a desmentir la tesis oficial de muerte por cáncer.
Según fuentes judiciales consultadas por Proceso, el ministro Carroza estaría próximo a ordenar la exhumación del cadáver de Neruda.

*Extractos de un libro de próxima circulación sobre la muerte de Pablo Neruda, escrito por los periodistas Mario Casasús y Francisco Marín. Se difunden con autorización de la editorial chilena Ocho Libros y en su elaboración colaboró Manuel Araya, asistente de Neruda. l
V
alparaíso.- Hasta el 8 de mayo de 2011, día en que Proceso publicó el reportaje Neruda “fue asesinado” –que contiene el relato del asistente del poeta, Manuel Araya–, la tesis hegemónica sobre la muerte de Neruda sostenía que ésta se debió a una “caquexia cancerosa”. Así se sostiene en el certificado de defunción N° 622, de 1973, de la circunscripción de Recoleta (comuna de Santiago).
Sin embargo, los antecedentes conocidos desde entonces, parte de los cuales están contenidos en el expediente judicial de la causa Rol N° 1038-2011, “Caso Neruda”, abierta el 31 de mayo de 2011, no sólo hacen inverosímil esta versión sino que también abren la duda respecto de la existencia misma del cáncer.
Un examen radiológico aplicado a la pelvis y cadera derecha de Neruda, que fue realizado el 6 de diciembre de 1972 en el Departamento de Rayos X del Hospital Clínico de la Universidad Católica de Chile, demuestra que Neruda no tenía metástasis en esta zona de su cuerpo.
En las conclusiones de este examen, que se encuentra en las fojas 144 del citado expediente, se sostiene que “en ambas caderas la amplitud articular es normal, en el ala del hueso iliaco derecho en el sector vecino a la espina iliaca anteroinferior se observa una menor densidad de la estructura con ligero borramiento del borde del hueso por debajo de la espina”.
En entrevista con Proceso, el destacado médico forense Luis Ravanal señaló que “claramente allí (en el informe radiológico) no se describen lesiones destructoras de hueso múltiple. La única alteración que hay es en el borde anterior, pero esa descripción no es característica de una metástasis”.
Las dudas respecto de la existencia de cáncer aumentan al considerar el contenido de una nota enviada el 18 de abril de 1973 por el médico radiólogo Guillermo Merino Hinrichsen al urólogo que encabezaba el equipo médico de Neruda, Roberto Vargas Salazar. En esta le informaba del tratamiento de telecobalto, terapia que duró un mes y contempló 56 sesiones.
“Estimado colega: al dorso resumen de tratamiento efectuado a don Pablo Neruda, remitido por usted para tratamiento por adenoma de próstata y artrosis pelviana derecha”, dice la nota.
El doctor Merino declaró –como se consigna en la foja 239 del expediente– que Neruda acudió a esta consulta enviado por el doctor Vargas Salazar, “enterándome por documentos que el paciente había sido operado por la enfermedad que padecía, ignorando en qué lugar”.
El doctor Ravanal, que es miembro fundador de la Sociedad Chilena de Medicina Legal y perito judicial ante la Corte de Apelaciones de Santiago, señala que es muy significativo que Merino haya consignado en una anotación que el diagnóstico es de adenoma de próstata. “Y hay un universo de diferencia entre lo que es un adenoma, que es un tumor benigno, respecto a lo que sería un carcinoma, o sea: un tumor maligno de la próstata. Por lo tanto, cuando un médico, un especialista anota ese diagnóstico, es porque tiene certeza de ello”.
El forense explica que el adenoma es un aumento de tamaño de la próstata que está asociado a dificultades para orinar y a procesos infecciosos urinarios. Esto es coherente con las evidencias médicas disponibles en el expediente judicial, que demuestran que previo a su muerte, Neruda padecía una severa infección urinaria “que no consta que haya sido tratada y oportunamente atendida”, asegura Ravanal.
Además, el forense apunta a una eventual negligencia médica cometida por los galenos tratantes de Neruda: “El adenoma no se trata con radioterapia, se trata con cirugía, y, si bien el tratamiento con Cobalto estaba indicado en aquellos años para ciertos tumores, es y era una terapia contraindicada en caso de tumores benignos de próstata, como es el adenoma”.
La infección de Neruda a la que alude Ravanal aparece descrita en el resultado del examen de orina aséptica miccional aplicado el 4 de septiembre de 1973 por el doctor Raúl Bulnes Cerda: “Examen microscópico de sedimento más que regular cantidad de glóbulos de pus”.
Ravanal dice que este examen –tomado tres semanas antes que Neruda muriera– “es clave porque está indicando que tiene infección urinaria; o sea estaba orinando con pus. ¡Imagínese!: tiene una infección urinaria severa, y nada indica que haya sido tratada (…) y curiosamente se omite esa información en el certificado médico de defunción”.
“Entonces, en ese contexto –aduce el médico– habría una coincidencia entre las infecciones urinarias a repetición de la cual sí existe prueba en el historial clínico y un crecimiento anormal de la próstata con un tumor benigno como sería el adenoma. Y por otro lado, cuando uno contrasta esto con los resultados de los exámenes sanguíneos –especialmente con los hematológicos que se le practicaron en etapas previas a su hospitalización–, no se evidencia tampoco ninguna alteración como debería apreciarse en los casos de cáncer, y más aun si estamos hablando de un cáncer que supuestamente tiene metástasis.”
Ravanal dice que el último examen hematológico (Laboratorio Clínico Raúl Búlnes, 1 de junio de 1973) “da cuenta de un estado más o menos compensado, sin signos de compromiso importante… no veo por ninguna parte un caso de un cáncer con metástasis generalizado”.

Contradicciones

38 años después de que Merino enviara el citado apunte al doctor Vargas Salazar, volvió a referirse al tema en el contexto de la investigación del “Caso Neruda”. Esta vez aseguró que Neruda sí padecía cáncer:
“El tratamiento consistió en brindar radioterapia sobre próstata y hemipelvis derecha en varias ocasiones, constatando que el paciente efectivamente padecía cáncer prostático con metástasis ósea, enfermedad que le causaba mucho dolor, sin que se observara deterioro en el estado general del paciente y sin encontrar algún síntoma que pudiera determinar tiempo de sobrevida. Él padecía un mal pronóstico, sin embargo, nada hacía presagiar una muerte rápida. Hago presente que mi labor específica era proporcionar el tratamiento solicitado por su médico tratante (Vargas Salazar) a objeto de aliviar el dolor y estabilizar las lesiones”, según su testimonio que aparece en la foja 239 del citado expediente.
Ravanal replica: “El tema es dónde está la documentación para decir que tiene mal pronóstico (…) Para decir que una persona tiene mal pronóstico tengo que tener las placas radiológicas que evidencien que hay metástasis, que el tumor ha invadido los tejidos circundantes, que ha invadido huesos; si no tengo esa prueba objetiva, esos elementos clínicos de diagnóstico o radiológicos, yo no puedo aseverarlo. O si no pensaríamos que a los médicos les basta tener una bola de cristal, es decir: lo miro por fuera y digo este paciente tiene buen pronóstico, este regular y este mal pronóstico”.
El perito dice que la única forma de establecer un diagnóstico respecto del tipo de tumor que tenía Neruda es por medio del análisis de una biopsia. Sin embargo, el juez Mario Carroza no ha podido conseguir que los centros médicos que trataron a Neruda entreguen o encuentren este y otros exámenes de su historial médico.
De acuerdo con lo que señala uno de los más respetados y acuciosos biógrafos del poeta, David Schidlowsky, en su libro Pablo Neruda y su tiempo. Las furias y las penas (RIL, 2008), el Nobel de Literatura fue operado dos veces contra el cáncer de próstata en el Hospital Cochín de París. La primera de estas fue a fines de octubre de 1971, tras la cual reposaría en su casa La Manquel (en la Normandía francesa). A mediados de julio de 1972 fue operado por segunda vez en París.
A Ravanal se le comenta lo poco probable que una institución tan respetada como el Hospital Cochin hubiera errado al operar un cáncer que no existía.
“Es curioso –responde el experto– porque si lo operaron en el Hospital Cochin tendrían que haberle sacado la próstata y aquí (en los informes emitidos por el doctor Merino) están hablando que le trataron la próstata con radioterapia. Entonces, no puedo imaginar qué operación le hicieron en Francia, porque en general la próstata no se saca de a pedacitos: si se detecta una lesión sospechosa se saca la próstata completa.”
Según Ravanal, de no aparecer informes médicos concluyentes, la única forma de saber si Neruda tuvo o no cáncer es mediante la exhumación de su cadáver, puesto que la metástasis “obviamente va a estar presente en el esqueleto y se podría confirmar o descartar si es una verdad técnica lo que se consignó en el certificado de defunción”.
El pasado 11 de abril el ministro Carroza envió un exhorto a la justicia francesa con la finalidad de indagar si en dicho país existen antecedentes médicos del poeta.
El caso Neruda ha subido de temperatura en los últimos días, entre otras razones, debido al lanzamiento del libro –el 23 de mayo– de Sombras sobre Isla Negra: la misteriosa muerte de Pablo Neruda, del periodista español Mario Amorós (Ediciones B). El libro tiende a desmentir la tesis oficial de muerte por cáncer.
Según fuentes judiciales consultadas por Proceso, el ministro Carroza estaría próximo a ordenar la exhumación del cadáver de Neruda.

*Extractos de un libro de próxima circulación sobre la muerte de Pablo Neruda, escrito por los periodistas Mario Casasús y Francisco Marín. Se difunden con autorización de la editorial chilena Ocho Libros y en su elaboración colaboró Manuel Araya, asistente de Neruda.