Señor director:
Ahora que a nadie le debe caber duda que la situación de la educación pública en México se está convirtiendo en una emergencia nacional porque la misma autoridad la pone en manos de la cuestionada élite sindical, destaca la labor indiscutible que realizaron en la segunda mitad del siglo pasado los maestros egresados de las escuelas Normales Rurales del país, ahora prácticamente en extinción.
Resulta deprimente observar que las grandes decisiones, como la evaluación universal, se negocian a capricho del gremio que deja todo que desear, mientras que los alumnos a cargo de profesores que heredaron o compraron las plazas que cobran no aprenden satisfactoriamente los más elementales conocimientos que antes identificábamos como “leer, escribir y hacer cuentas”.
Y es que las escuelas Normales Rurales, creadas a iniciativa del presidente Lázaro Cárdenas, fueron verdaderas universidades pedagógicas que educaron para la vida, y sus egresados –la gran mayoría en retiro ya– caminaron por su vida profesional con entrega e hicieron del normalismo rural un credo auténtico de fe en la nobleza de su hermoso quehacer.
Entre éstos destaca el profesor Teodoro Aguilar Bermea, que en paz descanse, quien realizó una labor integral y entre cuyos discípulos estuvo el profesor Armando Perales Díaz, quien por estos días cumple 50 años de haber egresado de la extinta escuela Normal Rural de Santa Teresa, Coahuila, y quien venturosamente todavía ejerce frente a grupos en la Escuela Secundaria La Luz de Torreón, Coahuila, a cargo del también ameritado profesor Roberto González Gutiérrez.
Como estudiante, Armando Perales fue un alumno modelo; como maestro, un formador de conciencias. De conducta intachable en su escuela de origen, también ejerció el liderazgo estudiantil incorruptible en los tiempos en que la FECSM se escindió en dos facciones: la del norte y la del sur. Perales Díaz supo actuar en consecuencia y de acuerdo con los ideales que de su Normal Santa Teresa abrevó.
El profesor Perales ha sabido guiar a las generaciones que le ha correspondido atender, porque en la actualidad, a 50 años de su graduación, como maestro de educación primaria, todavía es eficaz porque educa para la vida. Qué bueno que la tercera generación de egresados (1961-1964) de la escuela Normal Rural de Santa Teresa, Coahuila, lo distinga con la entrega de un reconocimiento especial por sus bodas de oro profesionales. Enhorabuena porque sus compañeros José Albavera Velázquez, Jorge López Medina, Cirilo Acuña Benítez y Francisco Zamudio Martínez, en nombre de su extinta Normal Rural, tuvieron a bien cristalizar la idea de reconocer en vida los méritos de quienes a pulso se han ganado un lugar especial en esos procelosos avatares de la educación en nuestro país.
Atentamente
Eusebio Vázquez Navarro
Torreón, Coahuila








