Estirpe manchada

El general en retiro Tomás Ángeles Dauahare proviene de una familia de destacados militares: su tío abuelo fue el famoso general villista Felipe Ángeles Ramírez, hijo a su vez de Felipe Ángeles Melo, un coronel que combatió a las tropas estadunidenses y francesas que invadieron México en el siglo XIX.
Por ser considerado un héroe trágico que defendió sus ideales hasta llegar al martirio, el general Felipe Ángeles ha sido fuente de inspiración para historiadores, novelistas y dramaturgos a lo largo de muchos años.
En 2010, en el Centenario de la Revolución Mexicana, el gobierno de Hidalgo le rindió un homenaje al militar, nacido en 1869 en el pueblo de Zacualtipán. Lo mismo hizo el gobierno de Chihuahua, ya que Ángeles fue fusilado en esa entidad en noviembre de 1919.
“Gran estratega militar”, “hombre de inquebrantables principios”, “héroe de la patria”, “mártir revolucionario”, son algunos de los elogiosos calificativos con que se recuerda al tío abuelo de Ángeles Dauahare.
Felipe Ángeles ingresó al Colegio Militar a los 14 años gracias a una beca que se le concedió con motivo de los servicios que su padre había prestado a México durante la invasión estadunidense y la intervención francesa.
Egresó del Colegio Militar en 1892 con el grado de teniente de ingenieros. En esa institución se dedicó a la docencia un tiempo. Después fue enviado a Estados Unidos para estudiar artillería. También fue supervisor, en Francia, del armamento que adquiría el gobierno mexicano.
A principios de 1912 Francisco I. Madero lo nombró director del Colegio Militar. Fue después ascendido a brigadier. En los días previos a la Decena Trágica, Ángeles se encontraba en el estado de Morelos; Madero, consciente de su lealtad, fue personalmente hasta allá para pedirle ayuda. Ángeles lo apoyó militarmente durante los enfrentamientos en La Ciudadela.
Junto con Madero y Pino Suárez, el general también fue aprehendido, pero se salvó de la muerte gracias al fuerte arraigo que tenía en el Ejército Federal. Sin embargo el régimen huertista lo mandó al destierro a Europa, de donde regresó en octubre de 1913 para unirse a las fuerzas de Venustiano Carranza y luego a las de Francisco Villa.
Como comandante de las tropas villistas de la División del Norte, Ángeles empezó a desplegar su gran talento de estratega en las batallas de Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón y Zacatecas. Representó también a Villa en la Convención de Aguascalientes, de la que él mismo fue promotor e ideólogo. Y a principios de 1915 ocupó durante unos días las gubernaturas de Coahuila y de Nuevo León.
Sin embargo, después de la derrota de las tropas villistas en el Bajío, Ángeles abandonó a Villa porque según los testimonios históricos éste ya no tomaba en cuenta sus consejos y estrategias. Y al triunfo de Venustiano Carranza, quien ya se había convertido en su enemigo, Ángeles se refugió en Estados Unidos. En Nueva York formó parte del comité ejecutivo de la Alianza Liberal Mexicana, y se dedicó a escribir artículos en varios periódicos, en los cuales expresaba abiertamente su convicción socialista.
El general regresó a México en diciembre de 1918 con el propósito de combatir a Carranza, unificar a las fuerzas rebeldes y disciplinar a las tropas villistas. Pero fracasó en sus intentos. Fue denunciado y arrestado. Se le formó un consejo de guerra que lo condenó a muerte.
Durante el juicio, como testamento político dijo: “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida. La sangre de los mártires fecundiza las buenas causas”. Murió fusilado en Chihuahua el 26 de noviembre de 1919.
Además de ser una referencia obligada para los historiadores de la Revolución, la literatura también se ha ocupado del tío abuelo del general hoy arraigado en libros como Cartucho (1931), de Nellie Campobello, quien ahí aborda el juicio y ejecución de Ángeles. En Memorias de Pancho Villa (1951), Martín Luis Guzmán también lo retrata en algunos pasajes. Elena Garro, por su parte, escribió la obra teatral Felipe Ángeles basada en una investigación realizada en los archivos militares. En 1991 el escritor Ignacio Solares también lo llevó a la literatura en La noche de Ángeles. Y hace apenas dos años, en 2010, se puso en escena la obra teatral Mi general Felipe Ángeles, de Armando García.
Historiadores y literatos destacan sobre todo la sensibilidad humanista del general Felipe Ángeles, quien luchó por encontrar la reconciliación en una época marcada por las traiciones y asesinatos entre los mismos militares que llegaban al poder.