“Tuércele el cuello” a Garza

Ya se desató, como el calor, el toma y daca de díceres de los candidatos en campaña. Pronto romperán los diques del falso respeto para tirarse hasta con la cubeta. No han aparecido aún los excesos vividos en la campaña del sexenio anterior, pero no tardan. Dada nuestra alta alcurnia insumisa y altanera en cosas de grilla, pronto soltarán las diatribas que se tienen guardadas para meterse zancadilla y decirse unos a otros hasta de qué se van a morir. Toca a los ciudadanos de a pie exigirles a los candidatos que deslinden bien sus partidas para que luego nadie se llame engañado. Los días que siguen serán definitorios y los inscribiremos en nuestros anecdotarios, sin duda.

Ya no hay para escarceos ni rounds de sombra. Sigue la pura línea definitoria. Sobre los energéticos, sólo López Obrador habla de atenerse a lo que dicta el mandato constitucional, en el sentido de que el sector siga bajo control estatal. Los otros tres apuntan a la privatización de Pemex y la CFE. Abiertas las proclamas, sería elemento suficiente para que la mayoría se definiera por Obrador, pues se apega al respeto de la legalidad que nos rige. Los otros proponen violar la norma constitucional vigente. Sin embargo, parece que al grueso de la población no le conmueve el asunto. Ya se verá. ¿Debe seguir patrullando el Ejército las calles? Peña, Josefina y Quadri afirman que sí. Su oferta apunta a más de lo mismo. Obrador pinta cierta diferencia sutil: regresarlo poco a poco a sus cuarteles. Escasa esperanza de que la sangría de tantas vidas apreciables sea frenada. Poca, pero diferencia al fin.

En el menú de los candidatos ya no es hora de exigir bien diferenciada la personalidad partidaria que los cobija. Esto nos lo van a quedar a deber hoy. El Panal y el PVEM, aunque andan en la danza, son partidos que nada significan. Pero es muy confuso que el PRI y el PAN aparezcan como opciones distintas y propongan lo mismo. Ambos van por la privatización de los energéticos, por la privatización de la seguridad social, por la del sector educativo. Sus banderas ondean postulados neoliberales. Sólo les preocupa demostrarnos cuál resulta más fundamentalista en semejante credo. Con ellos, pues, es lo mismo Chana que Juana.

Con la izquierda el mosaico está más complicado todavía, aunque marque su raya López Obrador en las cuestiones fundamentales. Es el único que observa esta cortesía política para los electores. En los hechos, la situación por su unidad partidaria es desastrosa. Invitó a los zapatistas a sumársele, pues éstos declaran ser de izquierda indubitable, y aún no hay respuesta. No es invitación descabellada, sino digna de atenderse, pero bajo pretexto de que se trata de meros distractores, la vertiente zapatista se niega a participar en el juego electoral. Resultado concreto de tal práctica es una ausencia que favorece a los dueños del capital. Éstos legitiman, mediante la estrategia electoral, el uso del poder constituido y el usufructo de sus privilegios. El pragmatismo de la derecha no se anda con remilgos románticos y soñadores. La abstinencia electoral no le hace ni cosquillas al duro farallón del statu quo.

Ante el grupo de Sicilia, que promueve la anulación del voto, la situación es similar. Autoproclamada como fórmula de resistencia activa, en modalidad pacífica estilo Gandhi, le haría mucho bien esclarecer los fondos de su promoción pragmática. En una revelación compleja, Julio Hernández (“Astillero”, en La Jornada, 23 de abril) señala a Emilio Salinas Ocelli, hijo de Carlos Salinas de Gortari, como uno de los promotores centrales de este “pacifismo no electoral” a la mexicana. De ser cierto esto, ya acabamos de desbarrancarla. Pero que no cunda el desánimo: aún quedan dos meses de ventaneo para aclarar esta y muchas otras partidas pendientes.

Nuestra izquierda nacional tiene obligación de presentar un solo paquete unido y sin fisuras, pero no lo hace. Se mueve en una confusión de banderías regionales y la pinta un barroquismo de indefinición que perturba al ciudadano medio, poco avezado al bizantinismo de su dispersión. Lo de la cartera de López Obrador parece no estar complicado. Se vota por la alianza que encabeza el PRD y basta. Pero en otros lares, como aquí en Jalisco, habrá de prodigarse a nivel de cancha para ilustrar a cada ciudadano a que distinga lo que vaya a cruzar. Tiene que reeditar la lección de Iztapalapa, cuando Juanito, donde había que no votar por el PRD para hacer que ganara la izquierda.

En muchas colaboraciones y de distintas maneras se ha descrito aquí cómo fue atrapado el PRD local en las ratoneras del infame padillismo y cómo no han sido capaces sus militantes de sacudirse esta influencia nefasta. Ahora ya es muy visible que Raúl Padilla juega sus cartas en el PRI, con su primo Leobardo Alcalá Padilla, como candidato a diputado federal por el distrito 8 y también con su hermanito Trino a diputado local por el 13. No le alcanzó para más con este vástago insulso. Se le vino trastumbando, como prospecto, desde el gabinete de Peña para la Secretaría de Educación, a gobernador, a senador, a alcalde, hasta atorarse en una curul local. Con Trino se aplica al dedillo lo de que quod natura non dat, salamantina non praestat (lo que la naturaleza no regala, la universidad no lo presta).

Pero el padillaje deambula tan fresco. Mantiene suyas las siglas del PRD local a pesar de traer sus canicas en el PRI. Rompió con la alianza nacional a pesar de traer ésta un abanderado competitivo para la gubernatura de Jalisco. Y sin embargo, van por la libre, como si el clamor popular exigiera su presencia inaplazable. Para ello, de la nómina universitaria postulan candidatos a diestra y siniestra para diputados federales y locales y para las amplias planillas de los ayuntamientos. Hasta los humildes barrenderos y las secretarias entraron en las listas. Por lo mismo, cada dependencia universitaria está convertida en casa de campaña, para el PRI o para el PRD, según convenga. ¡Y ay de aquel que se niegue a ser inscrito o a participar!

El equipo de Alfaro tiene que desplegar ya la urgente tarea del deslinde, aún no iniciada a nivel del pueblo. Quedan pocas semanas para tal abordaje. Debe ser campaña de lema claro, de consigna insistente y pegajosa, que diga que no hay que entregar aquí ni un voto al PRD. A Fernando Garza, candidato perredista a gobernador, lo cobija apenas un 2% en las encuestas. Nunca antes, como ahora, se le aplica la primera cuarteta del famoso soneto del poeta tapatío Enrique González Martínez, aparecido en el poemario Los senderos ocultos en 1911: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje / que da su nota blanca al azul de la fuente; / él pasea su gracia no más, pero no siente / el alma de las cosas ni la voz del paisaje”.