La Sagarpa les confiscó curvina
Señor director:
Hace alrededor de 50 años alguien escribió que “los californios no pudieron, o no quisieron, o no los dejaron, sentarse al banquete de la prosperidad importada; no probaron las bondades de la cultura del trigo, pero en cambio persistieron hasta el fin con las de la suya, la del cacto, en la cual habían nacido y con la cual hubieron de perecer”.
Hoy estamos obligados a refutar estas palabras, a la luz de ciertas precisiones. Algunas son cruciales en esta coyuntura, donde los grupos yumanos –mal llamados “californios”– han tomado la valiente decisión de hacerse visibles y, con ello, abonar su voluntad de aplazar indefinidamente el momento de perecer como sujetos colectivos. Esto, a contracorriente de las presiones que imponen el sistema global, la displicente institucionalidad mexicana, la “mano invisible” del mercado e incluso el ecologismo que sacraliza la virtud impoluta de la naturaleza sin reparar en su condición de territorio milenario de culturas cazadoras, recolectoras y pescadoras.
Los cucapá, del Delta del Río Colorado, llevan ya muchas batallas libradas en defensa de su actividad pesquera tradicional, sustento material y base de una cultura única. Con su resistencia, cada vez se hacen más visibles, más audibles, más palpables y entrañables. Y ahora más, cuando llevan semanas en plantón, exigiendo que les sea devuelta la curvina que la Sagarpa les confiscó so pretexto de exceder las cuotas acordadas, tratándose de una especie protegida. Desde Mexicali apelan a la solidaridad de la sociedad mexicana.
Atendiendo a su llamado, los que suscribimos –profesionales sensibles a la realidad indígena– nos permitimos enunciar preguntas elementales:
¿Cómo se explica que la Sagarpa sea tan puntillosa para contar los kilos de pescado que extraen los cucapá del Mar de Cortés, cuando al mismo tiempo maneja con frivolidad los permisos de extracción minera, expansión turística y explotación de áreas protegidas? ¿Por qué insiste en una cuota de pesca insuficiente para los cucapá, a pesar de que ésta representa sólo una fracción del volumen total aprobado para el conjunto de las entidades pesqueras (empresas privadas, principalmente)? ¿Cómo se justifica la indiferencia frente a los factores culturales, identitarios y sociales que están en juego cuando se lesiona la actividad económica de un grupo étnico? ¿Por qué se pondera tan machaconamente la supuesta protección del medio ambiente, haciendo caso omiso de los derechos más elementales de todo un conjunto social? ¿Cuál es la verdadera razón que está detrás de la sordera institucional frente a las reiteradas expresiones de inconformidad cucapá relativas al manejo oficioso de su territorio?
Con todo esto, queremos que se entienda bien que los cucapá ya se han hecho oír y han dejado de estar solos. Que nadie dé por hecho que perecer sea una fatalidad para estas culturas del cacto, la bellota y la curvina.
Atentamente
Miguel Olmos, José Luis Moctezuma, Gloria Artis, Donaciano Gutiérrez, Ana Paula Pintado, Claudia Harris, Teresa Valdivia, Paola Albert, Giomar Ordóñez, Ana Hilda Ramírez, Diego Prieto, Lourdes Báez, Iván Romero, Ignacio Rubio, Israel Lazcarro, Gerardo Conde, Antonio Reyes, Mauricio González, Sofía Medellín, Gabriel Hernández, Alberto García, Beatriz Utrilla, Carlos Heiras, Alicia Rubio, Javier Gutiérrez, Alfredo Paulo Maya, Eduardo Saucedo, Jorge Obregón, Jonathan Cerros, Herminia Foo Kong, Antonio Hernández, Antonio Fernández, Norma Araceli Hernández, Marco Antonio Espinoza, Rita Ezel Mora, Guillermo Cruz y Julieta Valle Esquivel
(responsable de la publicación)








