“La dama de negro”

Pocas son las obras de teatro que intentan abordar el tema de terror con la exclusiva intensión de provocar miedo, pero sí son muchas las películas que lo hacen apoyadas por los efectos y la tecnología. En teatro, la dificultad aumenta ya que su mayor cualidad es tener al espectador presencialmente. Ahí, la luz, el sonido y los efectos de magia son los que ocupan un lugar fundamental para alcanzar el objetivo.
La dama de negro, dirigida por Rafael Perrín, que actualmente se presenta en el teatro Julio Prieto, antes Xola, lleva ya 18 años en cartelera en diferentes teatros y a los espectadores les provoca gritos, risas de miedo y sobresaltos. Muertos de miedo, que tiene como directora residente, traductora y adaptadora a Claudia Romero Elizondo, es otro caso curioso de este género tan poco explorado en el teatro. En las más de 4 mil 300 funciones de La dama de negro ha participado en el elenco Germán Robles y es el que la encabezó, principalmente. También han estado Alejandro Tommasi, Humberto Dupeyron y Miguel Pizarro –que protagoniza Muertos de miedo–, entre otros. Odiseo Bichir participa ya desde hace muchos años en esta obra a dúo y alterna funciones con Juan Carlos Colombo y el mismo director.
La dama de negro ha tenido un nuevo aire ahora que se estrenó en el cine con el mismo nombre y la actuación de Daniel Radcliffe, quien interpretó a Harry Potter en las ocho películas. Las dos parten de la novela homónima de Susan Hill, publicada a principios de los ochenta. Para teatro la adaptó Stephen Mallatrat y para el cine Jane Goldman, pero tanto la película como la obra de teatro tienen un problema grave de estructura, ya que en ambas la primera parte es meramente expositiva y la tensión dramática y el desarrollo de conflictos se implanta apenas en la segunda mitad. Este hecho no quita el impacto que provoca en los espectadores y la excitación con la que se sale en las dos propuestas.
La dama de negro trata de un abogado que va a un alejado pueblo para arreglar los asuntos legales de una casa abandonada. En ella es donde se aparece esta dama de negro, que por extrañas razones que poco a poco se irán sabiendo lleva a los niños a la muerte y su presencia provoca terror.
En la adaptación teatral se crea una situación de teatro dentro del teatro donde el abogado va con un director teatral para tratar de “exorcizar”, a través de su escenificación, esta traumática experiencia. Preparan un ensayo, donde la conversación entre el director y el afectado se alterna con los hechos sucedidos. En un teatro vacío, el director interpreta el papel del abogado y su involucramiento con la trama se vuelve irreversible.
El primer acto se vuelve muy cansado, pero en el segundo el público se ve atrapado por lo que sucede en escena y el giro final es un buen remate dramático. Odiseo Bichir interpreta a un Arthur Kipps convincente, caracterizado por el miedo, la inseguridad y torpeza. No así Fabián Lozano, cuyo papel de director experimentado le queda un poco grande. La dama de negro (su crédito no aparece como tal para no adelantar su presencia) se interpreta alternando funciones por Patricia Perrín, Luz Alicia Andauga, Lupita Adriana y Libia Zamora. Apenas y se delimita su presencia quedando como una imagen fantasmal intrigante, aunque al final disminuye un poco al revelárnosla demasiado.
El dispositivo escenográfico es muy sencillo y los dos planos que manejan, práctico. Al frente sólo dos puertas en los laterales y un par se sillas y otros elementos. Atrás, a través de una gasa, vislumbramos algunas escenas de la casa o del cementerio.
La dama de negro continúa en cartelera y los jóvenes que asisten se divierten y se asustan en esta curiosa obra de teatro.