De María Soledad Cervantes
Señor director:
Mucho le agradecería publicar estas breves líneas respecto al artículo titulado Lo intolerable, que apareció bajo la firma de Javier Sicilia en Proceso 1845 el pasado 11 de marzo.
Admirado y respetado maestro Sicilia: Huelga decir que concuerdo con usted en que los motivos de su indignación debieran ser los de la indignación de todos los mexicanos, en lugar de estar distrayéndonos con un juego electoral incorregiblemente sucio, ignominioso y ezquizofrénico, al punto de que concluyo que lo único honorable que queda por hacer a lo que alguna vez se llamó “izquierda” es el valor de defender, como usted lo ha hecho y sigue haciéndolo, los derechos humanos, si bien casi nunca los ha denominado así.
En la red social donde participo alguien colocó un “enlace” en donde usted anunciaba que votaría “en blanco”. Las pocas veces que nos encontramos en actos públicos en el DF y que usted no recordará desperdicié mi oportunidad de preguntarle a qué se refería usted exactamente con esa expresión. En la red social tomé muy a pecho la tarea de defender la posición de usted de votar o no votar, como le pareciera correcto. Hubo opiniones contra usted realmente muy insultantes para una página dedicada a la defensa de los derechos humanos, y hete aquí que la concepción que usted tiene de “votar en blanco” me parece exactamente la misma que mi concepción de “anular el voto”.
En el penúltimo párrafo de su artículo usted dice: “Si nos traicionan, sabremos no sólo que Calderón pasará a la historia como un traidor de los derechos humanos, sino que lo que aún queda del Estado está muerto. Entonces habrá que ir a las urnas para llenarlas incuestionablemente con nuestro voto en blanco”. No creo que haya sido una forma poética de su parte.
Parece algo insignificante, pero a la vez se trata de un uso totalmente razonado y consciente del voto que puede sacudir a esa clase política ladrona y criminal. Pero este innecesario malentendido ha provocado burdos y groseros ataques contra su postura, y una incomprensión casi total de su valentía y firmeza personales. Una urna llena de boletas en blanco puede ser robada para favorecer al partido que se pronostica como ganador. Una urna llena de boletas inutilizadas, y vigiladas, es prueba de repudio innegable.
Es decir, usted y yo (o bien, corríjame usted) ¿pensamos salir de nuestra casa a la casilla para cruzar las boletas (pues no sólo es elección presidencial) inutilizándolas, para así repudiar de manera incontestable la farsa electoral?; ¿para que la clase política cínica y criminal sepa y sienta que no tiene base popular alguna? ¿O es excesivo mi deseo de que nuestra decisión sea una y la misma, como el planteamiento de miles, quizá millones de mexicanos y mexicanas?
Tal vez recuerde que a esa clase política la llamé “la escoria ladrona”, como la califica un amigo mío; incluso le hablé de un libro donde él la llama así. A esa escoria ladrona del país sólo le preocupa el poder y “cumplirle a sus amos, la escoria ladrona internacional neoliberal”, que excluye por completo cualquier consideración humana en medio de una masacre infame y estúpida que nos trauma y nos causa un gran dolor.
En nuestra familia perdimos un tío, y no como resultado directo de esta guerra idiota, sino de la guerra sin tregua de la clase política contra el pueblo mexicano. Sin embargo, eso me basta para sentir como injuria personal el calvario que han vivido miles de familias por alguna persona amada que ha muerto o desaparecido, o por otros miles que han sido desplazados.
Apenas me atrevo a parafrasearlo opinando que el Congreso debe aprobar de inmediato lo que usted llama una “espléndida Ley de Atención a Víctimas de la Violencia y del Abuso de Poder, o una que sea todavía mejor”. A mi juicio, debe cumplirse de inmediato con todo lo que usted dice en el último párrafo de su artículo, y a Calderón se le debe exhibir como el criminal irresponsable y mentiroso que es.
Atentamente
María Soledad Cervantes Ramírez
Respuesta de Javier Sicilia
Señor director:
Permítame publicar la siguiente respuesta.
Querida María Soledad: Mil gracias por su carta; mil gracias por su presencia siempre luminosa en nuestras vidas; mil gracias por su andar en busca de la dignidad que nos han arrancado.
Tiene razón en todo lo que dice. En el artículo que en este mismo número de Proceso publico, La ignominia electoral y el voto en blanco, que es lo mismo que anularlo, encontrará lo que entiendo por él y por qué hago ese llamado en el que usted, yo y muchos mexicanos que hemos aprendido la dura tarea de restituirle la soberanía al pueblo y de aliviar su dolor, nuestro dolor, que es inmenso, estamos comprometidos.
Es a causa de la ignorancia de lo que ser un ciudadano significa que los ataques, a veces de una inanidad y de una virulencia aterradoras, no dejarán de estar presentes. Esa gente no comprende que son las partidocracias, una especie de priismo con varias cabezas –en realidad la transición democrática nació muerta–, las que nos tienen sumidos en la oscuridad, en el dolor, en la indefensión y en la impunidad.
Calderón y el PAN han sido nefastos. No menos nefastos han sido y son los gobiernos priistas y perredistas que dicen gobernar en varios estados de la República. Su corrupción y el deprecio por lo humano es la muestra más clara –a pesar de hombres de la altura moral de AMLO– de lo que tendremos siempre si no los detenemos y los obligamos a cambiar.
El voto nulo o blanco, que las cámaras nos negaron junto con la Reforma Política, es, a mi entender y junto con la movilización, la presión ciudadana y el diálogo, la única resistencia moral que tenemos los ciudadanos para enfrentar estas elecciones ignominiosas, a menos, querida María Soledad, que en este corto tiempo nos demuestren lo contario.
Abrazándola mucho.
Paz, Fuerza y Gozo
Javier Sicilia








