El arte de la pifia

A finales de los noventa, el promotor de arte Enrique Lázaro Sánchez pidió al empresario Jorge Mendiola asociarse con él y con el escultor Paul Nevin para impulsar un proyecto conjunto con ganancias a partes iguales. Incluso se firmaron dos contratos en los que el artista se comprometió a diseñar y elaborar 86 piezas, mientras al dueño de la empresa Metalflu le tocó aportar el dinero, pero éste no sólo incumplió, sino que se quedó con la mayoría de las esculturas.

Jorge Mendiola Buttner, dueño de la empresa Metalflu, una de las más fuertes en el ramo de la plomería en el ámbito nacional, se niega a pagar al escultor Paul Nevin y al promotor de arte Enrique Lázaro Sánchez un adeudo pendiente derivado de dos contratos que firmó con ellos en 1999 para el diseño, elaboración y venta de 86 esculturas.

Según el acuerdo, los tres firmantes se beneficiarían a partes iguales con las obras que elaborara el escultor reconocido mundialmente por sus trabajos en hierro forjado, pero Mendiola no sólo no entregó la parte de las ganancias a sus socios, sino que se quedó con 46 piezas y demandó a Lázaro ante el Primer Partido Judicial.

El litigio lleva más de nueve años “debido a una serie de avatares, contubernios y hechos de mala fe judicial”, expone Arnau Muriá Tuñón, defensor Lázaro.

El acusado comenta al reportero que el 30 de enero de 2007, cuando el empresario obtuvo una sentencia a su favor, según la cual sólo debía pagar 10% del millón 800 mil pesos que exigen los dos afectados, los propios abogados de Mendiola le comentaron que su cliente ya “había comprado el juicio”, radicado en la Cuarta Sala del Tribunal de Jalisco.

Lázaro sabe incluso, dice, que Mendiola intentó desacreditarlo como comisionado y consignatario en la sociedad conformada entre el escultor, el empresario y él, y hacerlo aparecer ante el juez que lleva el caso como un simple mandadero.

Cansado por la falta de solución, Lázaro, quien además de promotor de arte es escultor, recibe al reportero en su taller, lleno de libros y piezas que empieza a moldear para crear nuevas esculturas. Y resume sus diferendos con el empresario a quien conoce desde hace más de 20 años:

“El señor Mendiola no sólo dejó de aportar al negocio, sino que también secuestró las esculturas que tenía en custodia. Además, boicoteó exposiciones planeadas, como Expo Zapopan 2001, una más en los camellones de avenida Chapultepec y varias conexiones de venta. Aun cuando se comprometía a enviar las pesadas esculturas, no cumplía. No entregó ninguna pieza para su comercialización y venta”.

Mendiola era cliente frecuente de la Galería Clave 13, que abrió Lázaro en la Zona Rosa de Guadalajara a finales de los ochenta. Desde entonces forjaron una amistad que más tarde cristalizó en el convenio citado.

“Le propuse que invirtiera para una serie de esculturas de Paul Nevin. El contrato dice incluso que la idea es mía; ahí está la propuesta que hice a Mendiola y ahora está en los juzgados. ¿Por qué está en los juzgados?… Por incumplimiento. Aun cuando su compromiso sólo era poner el dinero, dejó de aportarlo mientras Paul seguía haciendo las esculturas y yo me encargaba de supervisar que los diseños fueran vendibles, bonitos y garantizaran el éxito comercial”, detalla Lázaro,

Su abogado comenta que aun cuando Mendiola se amparó ante dicha resolución, lo hizo mal, por lo que el Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Poder Judicial Federal declaró improcedente su recurso. No obstante, en la revisión principal del expediente 153/2007 la autoridad determinó que para evitar una injusticia debía liquidarse el negocio en partes iguales.

Para Muriá Tuñón, el juez asumió una decisión salomónica sin ningún fundamento legal. Lo correcto hubiera sido la reparación de daños en beneficio de Lázaro, comenta al reportero.

Tras esa sentencia, el promotor cultural interpuso una demanda penal contra los magistrados Héctor Soto Gallardo y José Domínguez Ramírez del Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito, así como a su presidente, Carlos Arturo González Zárate por prevaricato. La querella se ventila aún bajo averiguación previa 5815/2011 ante la Agencia 2, mesa 3 de la Delegación Jalisco de la Procuraduría General de la República, a cuyo frente está la agente del Ministerio Público Elizabeth Luna.

Arnau Muriá refiere que en el mismo expediente del juicio de primera instancia se abrió también un incidente de ejecución de sentencia en el que se consignan las arbitrariedades cometidas por los jueces de la Cuarta Sala del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, el Tercer Juzgado de Distrito en Materia Civil y la presidencia del Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito.

De acuerdo con el defensor, los jueces agotaron los tiempos máximos en dictar una sentencia después de la audiencia constitucional y dieron preferencia a 77 expedientes que fueron desahogados en el último trimestre de 2011.

Dice también que el juez tercero de Distrito en Materia Civil del Poder Judicial Federal, Ricardo Guevara Jiménez, ha mentido en constancias judiciales para favorecer a Jorge Mendiola. Arnau Muriá adelanta al reportero que está preparando una ampliación de la denuncia penal contra los magistrados y jueces mencionados.

Justicia para ricos

 

A sus 70 años, Enrique Lázaro Sánchez tiene un amplio currículum. No sólo fue pionero en la apertura de galerías en Guadalajara cuando las jóvenes promesas locales se iban a la Ciudad de México porque aquí no encontraban centros de exposición.

En el ámbito internacional, Lázaro es conocido por su diseño y construcción de la residencia del músico Pablo Casals y otros edificios que adquirieron relevancia en la década de los setenta del siglo pasado. En la capital tapatía se valora también la ampliación y remodelación del Hotel Malibú, que perteneció al general Bonifacio Salinas Leal.

Hijo de Enrique Lázaro Amador, uno de los fundadores de la extinta Banca Promex, desde pequeño Lázaro Sánchez mostró su inquietud por el arte, aun cuando su padre que continuara con las actividades bancarias de la familia. Tenía 33 años cuando en 1975 fundó la Galería OM y continuó promoviendo la apertura de nuevos centros de exposiciones de arte durante dos décadas.

La galería OM se ubicaba en el cruce de López Cotilla y Chapultepec, pero tuvo que cerrar a raíz de las trifulcas y asesinatos en los bares de la zona a causa del narcotráfico, relata el entrevistado. Al final, el gobernador Flavio Romero de Velasco ordenó que se levantara el pavimento y las banquetas durante un año. Tuvo que cerrarla.

Delgado, pelo canoso y dentadura manchada por el cigarro, a Lázaro Sánchez le gusta conversar, tiene un arsenal de anécdotas. Durante la entrevista narra sus encuentros con artistas de talla internacional, como el escultor Alejandro Colunga o el pintor Francisco Toledo. Cuenta que una vez fue a la casa de artista oaxaqueño, pero éste le mandó decir con una anciana que no estaba, aunque él lo vio amasar barro al fondo del patio a través de la rendija de la puerta.

Y aunque habla de política, se deslinda: “Yo nunca he pertenecido a un partido; nunca he tenido un puesto público. Todo lo que he hecho, lo he hecho desde la iniciativa privada con los pocos recursos o muchos que he tenido a través de mi vida, estas galerías han sido mi suerte. Yo con los galerías he subido hasta arriba y me he ido hasta la pobreza, y otra vez de vuelta a trabajar. Es un esfuerzo personal, no es que me hayan dado para abrir galería los políticos, los industriales o la familia”.

En últimas fechas no toma llamadas y hasta retiró la numeración de su domicilio pues, comenta, ha recibido una serie de amenazas que lo obligan a pasar desapercibido; sin embargo se explaya sobre el tema con vehemencia.

Y vuelve a su relación con Mendiola. Por las mismas fechas en que inició la sociedad con el empresario, trabajó simultáneamente en la promoción de los Arcos del Milenio, una pieza inconclusa del escultor Sebastián.

Dice que le prometieron una comisión por haber impulsado la obra, la nunca llegó porque el trabajo está inconcluso:

“A mí no me pagaron un cinco porque no la han terminado (…) Soy un promotor de arte, no un constructor; tampoco sé de finanzas, ni si el gobierno puede hacerlo. Sus ingenieros se atoraron al principio porque quisieron agarrar la obra o no tenían la capacidad, por lo que Sebastián venía a reforzarla con ingenieros de México para probar que no se iba a caer.

“El caso es que a mí no me pagaron un cinco. Yo no sé a dónde se fue ese dinero que dijeron que me iban a pagar, y como estaban en campaña, pues se pelearon entre ellos.”

El tema de las esculturas con Mendiola lo tiene agotado. El convenio original, según consta en la denuncia penal presentada ante la PGR el 18 de noviembre de 2011, consistía en la fabricación, promoción y venta conjunta de 17 esculturas grandes, 12 medianas, 12 chicas y 45 piezas pequeñas diseñadas por Paul Nevin, quien ha preferido no ventilar el caso en juzgados. La idea era exhibirlas en Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México.

Y aun cuando algunas se vendieron a coleccionistas de arte y exfuncionarios públicos que conocen el trabajo de Nevin, Lázaro advierte que el asunto es delicado porque el artista puede desconocer la autoría de las obras y no dar certificado de autenticidad, lo que afectaría su precio.

Los cheques le fueron entregados al empresario, dice Lázaro. Y relata que Mendiola depositó uno de 200 mil pesos en una cuenta bancaria que tiene en las Islas Caimán para acusarlo de robo e incumplir con el trato.

Con cierta nostalgia, el promotor cultural refiere que la actividad artística que él y algunos de sus amigos impulsaron durante 25 años en Guadalajara ha desparecido. Como ejemplo cita las galerías del alemán Helmut, Haus Der Kunts; Alejandro Gallo; El Roxy de Rogelio Flores, y la suya, que cerró en 2002 a partir del pleito legal con Mendiola.

Termina la entrevista con un comentario desesperanzador sobre la impartición de justicia en Jalisco y la nueva Ciudad Judicial que, dice, se mandaron hacer los magistrados porque querían oficinas nuevas alejadas del Centro Histórico:

“Yo no veo la Ciudad Judicial como una bonita jaula de oro, pues creo que ya tiene ratas adentro; yo no veo canarios cantando en esa jaula de oro y (los magistrados) ya le retiraron la ley a los pobres.

“Yo, con todo y carro, por poco me mato al dar vuelta en el Periférico para ingresar a esa zona. Ahí hay mucho tráfico, estoy muy viejo para esas andanzas… Ya me cansé”.