Beatriz Pereira
Las madres de tres niños con síndrome de Down ponen en tela de juicio el lema deportivo del gobierno empresarial. Los discapacitados no pertenecen al mercado. Tampoco pueden ser clientes de la alberca privada más importante del país, la Acuática Nelson Vargas, cuyo dueño es el presidente de la Comisión Nacional del Deporte y de la Confederación Deportiva Mexicana. Estas tres historias confirman una sospecha: la cobija del Estado de Bienestar también es insuficiente para cubrir las demandas deportivas de ese grupo social. Así la aspiración coubertaniana de “todo el deporte para todos” se incumple. El deporte no se atribuye en todas las casas de los mexicanos.
Beatríz Pereira
Dolores Rodríguez Beltrán recibió el golpe mas fuerte de su vida cuando supo que Diana, la bebé que acababa de dar a luz, tenía síndrome de Down. Buscó mil explicaciones para esa “desgracia”. Se había embarazado a los 36 años, edad de alto riesgo para hacerlo. Su lógica le dio entonces la respuesta: ella era la “culpable”.
Pero el paso del tiempo y la lectura de cientos de textos durante muchas noches la ayudaron a descubrir que el hecho de que su hija naciera con esa alteración cromosómica fue un caso fortuito. Diana, la más pequeña de sus tres hijos, también le ha ayudado a entender que es una niña normal.
Esa alteración característica del síndrome de Down produce una deficiencia en el desarrollo físico e intelectual. Las personas con esa anomalía de origen genético tienen en todas las células de so organismos tres cromosomas en el par 21 en lugar de dos, por lo que el número total de cromosomas en cada célula es de 47 y no de 46. Por eso el síndrome es conocido también como Trisomía 21. Los genetistas todavía no han encontrado la causa de esta alteración, que se descubrió hace más de 100 años pero a la que apenas hace 10 se le ha prestado más atención.
Han pasado tres años durante los cuales la familia Rodríguez no ha experimentado esa vida de sacrificio que imaginaron que tendrían. Todo lo contrario: Diana ya dice sus primeras palabras. Se pone el babero y jala su sillita cuando quiere comer. Se viste y se desviste sola. Se pone los zapatos. Es totalmente independiente.
Hace tres meses sus padres intentaron inscribirla en clases de natación. La Acuática Nelson Vargas (ANV) resultaba, aunque cara, la mejor opción para aprender a nadar.
“Cuando le dije al director, Miguel Ángel Aldama, que Diana tiene síndrome de Down me contestó que en la acuática no reciben niños especiales. Le expliqué que quería una oportunidad para mi hija. Aunque se tardara un poco más, yo estaba dispuesta a pagar. Insistió en que no cuentan con el personal capacitado. Le subrayé que la ley dice que no se debe rechazar a los discapacitados y que Nelson Vargas es el presidente de la Conade. Me dijo que él no sabía de leyes y que ésa es la política de la empresa”.
La señora Rodríguez ni siquiera pudo llevar a Diana a esa institución para que le hicieran una prueba que solicitó. Necesitaba una escuela y un maestro de natación y la ANV se los negó “porque no hay cupo para esos niños”.
A unos cuantos kilómetros de la ANV están las instalaciones del deportivo del Instituto del Deporte del estado de Querétaro, donde Diana fue bien recibida por la profesora Rebeca García Cruz. De inmediato fue integrada a un grupo de niños “normales”. Tres veces a la semana toma clases de una hora. En el camino de su casa a ese centro, se quita la ropa y se pone el traje de baño. Cuando baja del carro ya está lista para la alberca.
“Mi hija recibió una oportunidad que le negaron en otra escuela. Ya casi aprende a flotar. Me dicen que está a punto de soltarse. Esto me dice que entonces estos maestros í están bien capacitados, porque sin ser otra cosa que maestros de natación enseñan a nadar a muchos niños discapacitados”.
La noche del 3 de diciembre, fecha que la Organización de las Naciones Unidas instituyó como el Día Internacional de la Discapacidad, Dolores Rodríguez fue presa de la ira que le provocó ver al presidente de la Comisión Nacional del Deporte, Nelson Vargas, en un noticiario de televisión.
En la cámara de Diputados, donde tuvo un encuentro con legisladores, Vargas fue abordado por varios reporteros que lo cuestionaron sobre el apoyo que brinda el gobierno federal a los deportistas discapacitados. En su respuesta reconoció que falta mucho por hacer a favor de este grupo de personas, al que calificó como vulnerable:
“El apoyo es insuficiente, pero estamos buscando recursos no sólo para más deportistas, sino que se extienda a quienes no realizan actividad física…Se trata de que toda la gente con discapacitación (sic) entienda que pueden mejorar haciendo deporte. Es nuestra obligación hacerlo…”
El presidente de la Conade, además, dio a conocer que de los 700 millones de pesos con los que operó la institución en 2001, 9 millones fueron destinados al deporte que practican los discapacitados, quienes en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000 ganaron 34 medallas en 20 pruebas diferentes, clasificados en 17 tipos de discapacidad.
Las palabras de Vargas molestaron a la familia Rodríguez. “Me indignó tanto verlo en la televisión jactándose del dinero que invierte en los discapacitados. Hizo un exhorto para que todos ayudemos a los discapacitados. Es una burla que como funcionario público se eche flores y como empresario haga otra cosa. No hay autenticidad en sus palabras. A Nelson Vargas hay que quitarle la máscara”, reclama Dolores Rodríguez.
Cuando tomó posesión del cargo, el presidente Vicente Fox anunció la creación de la Oficina de Representación para la Promoción e Integración Social para Personas con Discapacidad, “como una muestra del compromiso que tiene este gobierno con ese grupo tan necesitado”.
Víctor Hugo Flores Higuera titular de la dependencia, reconoce que la discriminación hacia las personas discapacitadas es todavía una práctica común en México.
“Lo que los discapacitados buscamos son condiciones de equidad, no de igualdad. Dame la oportunidad por lo que valgo, por lo que puedo dar y que la discapacidad quede en segundo plano. Porque los discapacitados tenemos otras capacidades y hay un desconocimiento tal de eso. Hay un enorme y profundo arraigo al concepto del asistencialismo, o sea, de qué cosas te puedo dar y no de qué oportunidad te puedo dar”.
Considera que debe mejorase la calidad de vida de los discapacitados mediante el estudio y el trabajo. “No sólo necesitaos recursos económicos y programas de rehabilitación física. Es un asunto cultural, de racismo. La lástima la sobreprotección es lo que ocasiona exclusión y discriminación”.
El funcionario se sorprende cuando escucha que en las escuelas de natación del presidente de la Conade le han negado la entrada a niños con síndrome de Down. La sorpresa es mayor porque hace unos meses, cuando la tripulación de una aerolínea no le permitía subir a un avión porque viajaba solo sentado en su silla de ruedas, Nelson Vargas, quien casualmente también iba en ese vuelo rumbo a la ciudad de León, intercedió por él para que lo dejaran abordar.
Sin olvidar el detalle, Flores califica el rechazo de la ANV como un acto de discriminación. Y lo reprueba:
“Es algo que no debe existir. Lo que hay que hacer es presentar una queja en la Procuraduría Federal del Consumidor porque hay una empresa que niega la entrada a alguien y debe haber una sanción. Este rechazo habla de que hay falta de información, pero también falta de aplicación de la ley”.
Hace 21 años, Víctor Hugo Flores realizó un viaje junto con dos compañeros de la Universidad de Baja California, donde estudiaba agronomía. En la carretera que va de la ciudad de Tecate a Tijuana, la camioneta en la que iban se salió del camino. El accidente le provocó una lesión medular que desde entonces le impide caminar.
Durante dos décadas este hombre ha vivido en carne propia la discriminación de quienes se dicen “normales”. Desde un cargo público, ahora lucha para integrar a los discapacitados a la sociedad y para que sean vistos como todas las demás personas.
“La política de gobierno hay que convertirla en una política de Estado que le enseñe a la sociedad la cultura del respeto a la discapacidad, en la que evolucionen no sólo 10% de la población, sino también los otros 90 millones que personas que no son discapacitadas”.
El pasado 30 de noviembre, en el Senado de la República se presentó la iniciativa de Ley General por los Derechos de las Personas con Discapacidad. “Este marco jurídico nacional cuenta con un reglamento único que establece sanciones y castigos para que la ley se aplique y se aprenda a respetar a los discapacitados”, sentencia Víctor Hugo Flores.
La desolación del deporte mexicano incluye a los atletas discapacitados presumidos en los discursos oficiales y privados, y para los que el Estado no ofrece la infraestructura mínima a fin de que -como los atletas convencionales- alcancen su madurez física, atlética y mental.
Aquí, sólo campeones
Heladio Letechipía García tiene ahora 11 años. Hace 15 meses su madre, la señora Lourdes, lo llevó a las instalaciones de la Acuática Nelson Vargas para que aprendiera a nadar en la que hasta entonces consideraba la mejor escuela de natación de México.
La hija de una amiga de la mamá de Heladio tomaba clases con la maestra Ana Alcocer, quien recibió al pequeño en la alberca acuática y le hizo una prueba que consistió en meterlo al agua para ver cómo se desenvolvía. La maestra consideró que el niño estaba en perfectas condiciones para aprender a nadar.
Pero cuando Lourdes García fue a las oficinas de la ANV para inscribir a su hijo, el entonces director de la sucursal Querétaro Miguel Ángel Aldama (se le buscó para una entrevista pero estaba de vacaciones), le dijo que el reglamento prohíbe la entrada a los discapacitados.
La señora García cuenta:
“El director nunca me enseñó ese reglamento, pero no se cansó de decirme que no aceptaría a Heladio porque tiene síndrome de Down. Le insistí en que la maestra había dicho que sí lo aceptaba, pero no lo tomó en cuenta. Yo iba acompañada por una pediatra que le explicó que mi hijo no tenía ningún problema cardiopatía o algo físico. Él fue muy agresivo y terminó por decirme que esos niños son muy difíciles de enseñar a nadar por sus conductas, además de que en esa escuela solamente forman campeones”.
La mamá de Heladio salió humillada de ese lugar. No podía concebir que hubieran rechazado a su hijo, quien, dice, va la escuela con niños regulares, tiene amigos regulares, va al baño, come y se viste solo y ordena su cuarto, quizá como ni siquiera lo haría un niño “normal”.
“No quería que hiciera a Heladio campeón. Sólo pedí que le enseñaran a nadar. Descubrí el tamaño del desconocimiento de la gente acerca del síndrome de Down, En la escuela de Nelson Vargas le negaron la oportunidad de aprender a nadar, sin permitir que demostrara lo que es capaz de hacer. Lo rechazaron por el simple hecho de despreciar lo que es diferente”, explica Lourdes García.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en promedio 10% de la población de cada país padece alguna discapacidad, lo que significa que en México hay 10 millones de personas con ese problema. No obstante, de acuerdo con el Censo de Población realizado en el 2000 por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en el país el número de personas que presentan alguna alteración física, sensorial o psicológica para realizar de forma normal una actividad es de 2.3 millones.
La OMS considera que el 80% de los discapacitados en el mundo está en condiciones de llevar una vida normal. Uno de cada 600 u 800 niños que nacen en el planeta tiene síndrome de Down, según la Asociación Civil Adelante Niño Down. En México el sector Salud (Secretaria de Salud, IMSS e ISSSTE) no cuenta con un registro nacional de un número de niños que anualmente nacen con esta discapacidad.
Durante los trabajos del VI Congreso Mundial sobre síndrome de Down realizado en octubre pasado en Madrid, los 54 médicos participantes concluyen que los niños con este problema tienen un enorme potencial, pero necesitan oportunidades para poder demostrarlo.
El documento redactado al término del Congreso revela que quienes tienen el síndrome “reivindican que no son inútiles, que sólo hay algunas cosas que no pueden hacer. Por eso alzamos la voz a favor de la integración total, pues al ser diferentes los hace menos valiosos. De nada valdrán los progresos científicos si no hay cambios en el entorno social de estas personas”.
Heladio ya sabe nadar. Aprendió en El Delfín, una escuela de natación privada donde su mamá paga 520 mensuales por dos clases de una hora a la semana. Al principio tomó clases particulares. Después fue integrado a un grupo con niños regulares.
Este pequeño de ojos grises, que todavía está en preescolar porque no ha podido aprender a leer y escribir, demostró que sabe obedecer a los maestros, que sabe ir por su tabla para flotar, formarse y esperar su turno para entrar a la alberca.
Mamá y entrenadora
Dos veces por semana, a Adriana Cuevas de Arroyo se le pueden encontrar a la una de la tarde en la alberca del deportivo Querétaro 2000, que pertenece al gobierno de aquella entidad. Durante un por de horas, se olvida de sus actividades de ama de casa. Se pone la gorra de maestra de natación y le enseña a nadar a María Fernanda, su hija de siete años que tiene síndrome de Down.
Luego de buscar durante más de cuatro años una escuela donde aceptaran a Marifer, la señora Cuevas consiguió, a cambio de pagar dos mensualidades de 200 pesos, que le prestaran la alberca de ese deportivo y la asesoría de un profesor, quien sin meterse al agua le dice lo que tiene que hacer.
Una de las muchas escuelas de natación que rechazaron a María Fernanda fue la Acuática Nelson Vargas. Hace cuatro años la señora Cuevas pensó que esa actividad eran un seguro de vida, más que un deporte para su hija. Aunque el rechazo no fue inmediato, le pidieron radiografías del cuello, de la espina dorsal, de la cervical cuarta y un mondón de certificados médicos. Regresó a la escuelo con todos “los requisitos” a sabiendas de cuál sería la respuesta.
“Los supuestos requisitos eran un pretexto para decirme que no. Regresé y me negaron el servicio. La persona que me atendió me dijo que habían hablado con sus superiores y que no podía perder el tiempo con una niña discapacitada. Supongo que esos superiores son el propio Nelson Vargas”.
Miguel Ángel Aldama, el hombre que negó la inscripción en la Acuática Nelson Vargas a Heladio y Diana, ya no es el director del plantel Querétaro. Fue reemplazado por Héctor Campos, un abogado de 30 años que aprendió a nadar, fue profesor y ahora es directivo de esta organización.
Campos explica que enseñar a nadar consiste en mostrarle al alumno las cualidades natas que tiene en el agua. “Se necesita una persona paciente y amorosa, más que la capacitación técnica”.Asegura que los profesores de la ANV son los mejores de México y que la escuela es la mejor de América Latina.
Dice que la política de las ANV son los mejores de México y que la escuela es la mejor de América Latina.
Dice que la política de las ANV no le niega la entrada a las personas con discapacidad, siempre y cuando demuestren que pueden integrarse a un grupo:
“No se le puede negar a nadie la entrada. Se les hace una prueba y si el niño se adapta al grupo. Si no se puede integrar, la mamá debe buscar otro lugar”.
-¿Qué pasa si alguien le niega la entrada a un discapacitado?
-La aceptación es bajo el entendido de que si el niño no da el ancho para hacer lo que nosotros vendemos, que es un programa de natación de 10 ni v eles, no puede estar aquí.
Cuando se le pregunta si los profesores de la ANV pueden enseñar a niños discapacitados, Campos duda un poco y responde:
“Es difícil de contestar porque vienen en diferentes grados (los discapacitados). Hay enfermos muy profundos que ni con los mejores profesores van a aprender. Depende de la persona y de lo que los papás quieran que esa persona alcance.
-Entonces, ¿Acuática Nelson Vargas acepta o no a personas discapacitadas?
-De momento no, porque no tenemos profesores discapacitados en la enseñanza especial de estos niños, que requieren cursos especiales para atenderlos.
-¿No es un acto de discriminación? Si usted tuviera un hijo con síndrome de Down no podría traerlo aquí.
-No, no es discriminación. Pero es como si quieres aprender arquitectura y te vas a una escuela de ingeniería. Nuestro sistema segregaría en lugar de ayudar a un niño que no se puede adaptar. Mientras el discapacitado con trabajos se da una vuelta, los otros ya dieron cinco. Sería excelente poder tenerlos, pero no tenemos espacio ni instalaciones adecuadas. Para eso hay albercas que se dedican a eso. Es un campo totalmente distinto.
Lo posible
En las participaciones que México ha tenido en los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000, los 29 atletas que han competido en 30 diferentes pruebas han obtenido 57 medallas (13 de oro, 18 de plata y 26 de bronce).
De esas 57 preseas, 12 las ha dado la natación. Curiosamente este deporte es en el que más medallas de oro ganaron los atletas mexicanos en Sidney 2000, con un total de seis. Dos de ellas las consiguió el mejor nadador discapacitado en México: Juan Ignacio Reyes.
En Sidney 2000 Juan Ignacio ganó oro en las pruebas de 150 metros combinado individual y 50 metros dorso, y plata en los 50 metros mariposa.
A los seis años, Juan aprendió a nadar en la Unidad Morelos del IMSS con el profesor Rodolfo Fernández, quien falleció hace 10 años, al lado de niños regulares y algunos otros con síndrome de Down y parálisis cerebral. No necesitó un maestro ni una alberca especial.
“Ya sabía que en la Acuática Nelson Vargas no aceptan discapacitados. Me parece que es una falta de cultura, de no saber qué es la discapacidad. A mí cuando el maestro me vio sin brazos y sin una pierna me dijo que tal vez tomaría un poco de más tiempo aprender y que debería tener paciencia. A la tercera clase ya sabía flotar”.
Cuando tenía cinco años a Juan le fueron amputados los brazos y una pierna, debido a que el virus que provoca la enfermedad conocida como púrpura fulminante entró en su cuerpo. Este padecimiento es una secuela de la rubéola y la escarlatina que ataca al sistema inmunológico. Provoca que la sangre se coagule, por lo que para salvar la vida hay que amputar las partes afectadas.
Juan Ignacio, quien cursa la carrera de mercadotecnia en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Estado de México, explica que el profesor Fernández tenía un solo grupo grande con niños normales y discapacitados, así que todos aprendieron de la misma manera.
“Cualquier maestro le puede enseñar a cualquier niño. Yo lo viví. Mi profesor a todos nos exigía igual y nos enseñó el mismo método. Somos seres humanos. Todos tenemos capacidades, unos más, otros menos. Es cuestión de conciencia. Creo que poco a poco cambiará la conciencia de la gente hacia los discapacitados. Incluso la de Nelson Vargas”.
En los Clubes de Casablanca, centros deportivos que funcionan en México desde hace 26 años, las clases de natación no son únicamente para personas “normales”, según explica el director general, Ricardo Sánchez Lazo.
“Aunque no tenemos instalaciones ni maestros especiales, si un niño con síndrome de Down puede convivir con el grupo, no vemos ningún problema en aceptarlo. Pero le confieso que hasta hoy ningún padre de un niño discapacitado nos ha pedido que le enseñemos a nadar a su hijo”.
En las albercas de los clubes de Lomas Verdes, Satélite y Santa Mónica, durante las clases de natación se deja un carril libre para aquellas personas que sólo quieren flotar. “En ese espacio pueden nadar las personas discapacitadas. Si alguien en esta condición quisiera tomar clases, lo aceptaríamos. No habría rechazo”, concluye Sánchez Lazo.
A María Fernanda Arroyo Cuevas le gusta invitar a comer a su casa a sus amigos de la escuela, que son niños regulares. Le encanta ver películas de caricaturas y disfrazarse como los personajes que aparecen en ellas. Tiene mucha elasticidad y fuerza, así que le estanca tomar clases de ballet. Pero no puede. En la última academia donde la maestra la aceptó fue dada de baja en la segunda clase porque las mamás de sus compañeritas no querían que sus hijas convivieran con una niña Down.
Para Adriana Cuevas es inaceptable que en ANV, cuyo dueño es el presidente de la Conade, discriminen a los discapacitados:
“Es una burla que no los acepten. Me pregunto si Nelson Vargas no se da cuenta que puede ser un abuelito en potencia de un niño Down y entonces qué haría él. Es una insensibilidad que no se ponga en los zapatos de los otros. Yo reto a Nelson Vargas a que se atreva a ponerse en mi lugar. A que lo desprecien por tener un hijo con síndrome de Down. Es vergonzoso que salga en los medios diciendo que está a nuestras órdenes”.
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