Señor director:
Ojalá me pudiera publicar el presente apunte sobre el excelente reportaje de su colaboradora Judith Amador Tello intitulado Las ideas de “El Nigromante”, luz en un momento crítico (Proceso número 1847).
Como es bien sabido, entre 1948 y 1949, Diego Rivera pintó en el ya desaparecido Hotel del Prado su famoso mural Sueño de una tarde de domingo en La Alameda, hoy rescatado en el pequeño museo ubicado justamente en esa misma zona del Centro Histórico de la Ciudad de México.
En la obra original, el excelso artista guanajuatense plasmó la figura de Ignacio Ramírez junto a un letrero que decía: “Dios no existe”, frase en la que quedó sintetizada la que el gran liberal dijo en la Academia de Letrán: “No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”.
La frase contenida en el mural –que, aparte de homenajear al más radical de los grandes pensadores del liberalismo mexicano, era sin duda una muestra del ateísmo y el anticlericalismo del mismo Rivera– causó en su momento un gran revuelo y fue objeto de la ira por parte de grupos de la derecha ultra-radical, que atentaron contra la obra desfigurándola considerablemente.
Luego de ocho años de velada censura, mismos que el mural estuvo tapado a la vista del público, Diego aceptó modificar el sentido de la mencionada frase y, con fina ironía, en su lugar puso una clara alusión al lugar y la fecha en que El Nigromante dio su trascendental discurso ante la Academia de Letrán.
Por lo demás, la categórica manifestación de que “No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos” parece haberse adelantado cualquier cantidad de años a las ideas planteadas recientemente por el físico Sthephen Hawking, quien, finalmente, se atrevió a señalar en pocas palabras que el “universo se creó a sí mismo”.
Las aportaciones de don Ignacio Ramírez no son sólo de índole filosófica y política, sino también científicas.
Atentamente
Eduardo de la Vega Alfaro








