La institucionalización de la ineficiencia

La falta de profesionalismo y una notoria irresponsabilidad con la ciudadanía, son dos de las características más relevantes que en el 2001 definieron las actividades de a mayoría de los museos de arte pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en a Ciudad de México.

La falta de profesionalismo se ha manifestado en las curadurías más deficientes, en las vocaciones indefinidas y en los riesgos a los que se han expuesto algunas obras. La irresponsabilidad con la ciudadanía se ha evidenciado en las molestias provocadas a los visitantes, en el escaso público y en el predominio de exposiciones de arte contemporáneo.

El trabajo curatorial es un aspecto que debe atenderse de inmediato, ya que durante este año se ha demostrado que en varios museos se confunde el “curar” con “recopilar”. Una curaduría implica dar sentido y expresar una interpretación particular que se concreta en el conjunto de las obras expuestas: no es una arbitraria acumulación de nombres famosos con obras disparejas –Arte contemporáneo internacional en el Museo de Arte Moderno-; ni una simple presentación de piezas de un museo acreditado –Intensidad íntima. Una selección de obra de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Gante en el Museo Rufino Tamayo-; y tampoco debería aceptarse como una fácil recopilación de imágenes con la misma temática iconográfica –María Magdalena: éxtasis y arrepentimiento en el Museo Nacional de San Carlos. Además, la coherencia del concepto y la calidad artística de las piezas debe ser rigurosa y, por lo tanto, el equipo curatorial del Museo Carrillo Gil ha demostrado a través de la Sala de recuperación  y de la exposición Do it su incapacidad para llevar a cabo este trabajo.

La alteración de la vocación original de los recintos se ha convertido ya en una costumbre aceptada. ¿Por qué el Museo Nacional de Arte, destinado al arte mexicano producido antes de la segunda mitad del siglo XX, presenta en estos días una muestra con las obras contemporáneas latinoamericanas? ¿Por qué el Museo Mural Diego Rivera exhibió arte de jóvenes oaxaqueños? El respeto a las vocaciones es importante porque deriva en conocimientos especializados que pueden activar curadurías experimentales atractivas para el público.

Los riesgos de las obras son pocos, sin embargo, considero conveniente señalar la instalación de una cafetería en el Museo Rufino Tamayo, en el centro de dos espacios de exposición y con una apertura hacia la sala inferior que permite la filtración de olores y, con ellos, la alteración de la percepción esperada en un recinto museístico. Además, ¿no existen riesgos de deterioro de las obras que se exponen en la sala inmediata a la cafetería?

Otro problema importante es el escaso público que asiste a los museos, el cual evidencia la insignificancia que tiene el arte en el devenir cotidiano de los ciudadanos, así como también la insignificancia que tienen los ciudadanos para la administración gubernamental de la cultura: ¿Por qué si los gustos son plurales, predominan las exposiciones de arte contemporáneo ocupando 8 de los 12 recintos museísticos destinados a las artes visuales en la Ciudad de México?

Desde mi punto de vista, la administración gubernamental de la cultura no centra sus intereses en el desarrollo de una relación significativa entre la ciudadanía y la producción artística, sino en legitimaciones políticas obtenidas a través de los significados del arte: como el arte contemporáneo se considera sinónimo de vanguardia, de riesgo y de juventud, es conveniente identificarse con él aun cuando su sobrevaloración contradiga los compromisos establecidos en el Programa Nacional de Cultura 2001-2006 del Instituto Nacional de Bellas Artes: precisar vocaciones de los museos, exhibir de manera coherente el legado artístico nacional e internacional, garantizar el funcionamiento de los museos en condiciones óptimas de exhibición, y crear nuevos públicos enriqueciendo la oferta cultural.

La constante repetición de géneros y poéticas requiere de una vitalización que plantea  otras alternativas; la indefinición exige que se concrete lo que se comprende como “riesgo y visión contemporánea”, y la evidente falta de profesionalismo exige de una evaluación severa del trabajo museístico estableciendo metas medibles y plazos concretos que permitan acabar, en 2002, con la institucionalización de la ineficiencia.