Carta de Fox a los Reyes Magos

Los Pinos, 5 de enero de 2002

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Les mando un abrazote desde mi nuevo changarro, que está a toda máquina, sobre todo después de la manita de gato que le dimos. Ojalá puedan darse una vuelta por acá a probar los frijolitos que me prepara mi mujer. Este año no les voy a pedir botas de charol porque ya tengo un par que estrené en Europa durante mi luna de miel. Tampoco quiero un caballo nuevo porque la mera verdad es que Martha no sabe montar y el Estado Mayor ya no me deja salir a cabalgar solo. Tampoco necesito un cinturón nuevo con la hebilla que dice “Fox” como el que me traen todos los años. La mercadotecnia que usamos jaló muy bien y mi name recognition ya es muy alto. No, este año lo único que de veras quiero es irme de pinta. Lo que de plano se me antoja es irme de farra.

Me repatea estar encerrado en Los Pinos, rodeado de una bola de criticones que no entienden lo bien que me está saliendo todo. Me siguen insistiendo que me siente a pensar y a trabajar detrás de un escritorio, cuando lo que aprendí esos primeros años en la Coca Cola es que el negocio está en el punto de venta. Trasladado al terreno de la política eso significa que el buen gobierno está en la calle, en los ejidos, en las fábricas, en las universidades. A mí me gusta estar con la gente de a de veras, la que me grita “¡Vicente, Vicente, el guapo presidente!”. Ustedes que andan en la calle desde hace años repartiendo regalos seguro saben lo bonito que se siente.

Ustedes que son tan sabios, a ver si me contestan lo siguiente: ¿Por qué mis críticos no entienden que yo nací para servir a los demás? ¿Por qué no comprenden que lo jesuita nunca se me quita? ¿Por qué no se dan cuenta que yo quiero lo mejor para este gran país? ¿Por qué no aplauden mi estilo desenfadado que funcionó tan bien durante la campaña? ¿Por qué les molesta tanto mi sentido del humor? ¿Por qué no comprenden que cuando dije “Borgues” sólo estaba bromeando?

No le voy a tapar el ojo al macho: aquí entre nos, mi gabinetazo no ha sido todo lo que esperaba. Algunos secretarios de plano no entienden el concepto de servir al cliente (en la política lo llaman el “ciudadano”). No comprenden la necesidad de la eficacia y la rapidez en la entrega de los productos del gobierno. Les he dicho a todos mil veces: en el sector privado no se vale pajarear o perder el tiempo. Pero por miedo a que les peguen en la prensa, n asoman el rabo y tengo que sarsi yo con el capote todo el tiempo. Con algunas excepciones, todos son una bola de coyones.

Josefina es muy mona pero como que no conoce su tema; Jorge tiene muy buenas ideas pero es bien peleonero; Paco es inteligente, pero ojalá fuera más flexible. A Adolfo le ha faltado ponerse buzo. A santiago lo quiero mucho, pero a veces tiene pies de plomo. A Martens nadie lo respeta. A Reyes Tamez lo van a reventar. A Macedo de la Concha lo van a encajonar. A Abascal sólo lo conocen  por lo que no le gusta leer. A los demás casi no los conozco ni los veo ni los escucho. Les escribo a ustedes porque ya no tengo muchos cuates con los cuales hablar. Ya me di cuenta que todo el mundo tiene su propia agenda, su propio favor que pedir, su propia ambición qué perseguir. Ya no sé con quién puedo contar. Y para acabarla de regar, mi mamá está molesta conmigo desde que me casé porque no le pedí permiso.

Ni con Martha puedo sentarme a platicar. No me perdona desde que le pedí que dejara de salir en los periódicos después del concierto en el Castillo de Chapultepec. Lástima que me vi obligado a hacerlo. A mi mujer no le gusta tener un perfil tan bajo ni hacer el bien sin que nadie lo note.

No le gusta quedarse  cruzada de brazos mientras me dicen mentadas en los medios. Martha siempre me defendía y ahora no tengo quién lo haga. Ojalá que el nuevo director de Comunicación Social, Rodolfo Elizondo, sí sepa hacer su chamba y defenderme como me lo merezco.

La mera verdad es que cambiar a México está en chino. Los congresistas le ponen el alto a todo y no representan a nadie. Los empresarios son unos sacones y unos lambiscones. Los partidos políticos sólo quieren sacarle más dinero al gobierno y están divorciados de la sociedad. Yo les propongo cosas buenas, como la paz en Chiapas y la reforma fiscal y la reforma del Estado y los megaproyectos  del sureste, y me mandan por un tubo. Yo quiero dar banderazos y sólo me dan de madrazos. Por eso –como me señaló Jesucristo- le apuesto al pueblo, a los ciudadanos, a los verdaderos mexicanos. Con ellos sí me entiendo.

Ustedes tres que me conocen desde que era un chamaco saben que soy capaz de abordar cualquier tema sin tapujos. Y ahora se los digo bien clarito: la culpa la tienen los medios. Los periódicos y sobre todo esa revistilla Proceso están llenos  de tepocatas y alimañas y víboras prietas que no quieren al país como lo quiero yo. Si de veras me quieren echar una mano, a ver si de pasada por mi tierra los empacan en sus camellos. O por lo menos aseguren que la prensa consiga menos contratos de publicidad. Hay demasiados mentecatos por allí diciendo que la culpa es compartida; que hablo mucho en la televisión y cabildeo poco con el Congreso, que me importa más la popularidad que la efectividad; que no sé cómo disciplinarme o tomar decisiones. ¿Y todos esos qué saben y qué se creen? Critican por criticar y sólo se fijan en babosadas. Lo bueno es que a la mayor parte de los analistas nadie los lee…ni yo.

Para acabarla de regar, mi propio partido me està poniendo un cuatro. Es e colmo. El pinche PAN debería estarme agradecido. Logré que un partido de temerosos y mochilas llegara a la Presidencia y sacara al PRI del poder. En la elección del 2000 conseguí que los panistas fueran más abiertos y menos doctrinarios. El PAN no sabía ganar y yo le enseñé cómo hacerlo; el PAN no sabía hablar el idioma de la sociedad pero yo sí. Y ahora me pagan con el látigo de su desprecio. Diego Fernández de Cevallos me mete el pie cada vez que puede y otros panistas también. Pues que con su pan se lo coman; a ver cómo les va en 2003.

Mis amigos dicen que me veo cansado; dicen que se me está cayendo el pelo; dicen que estoy cada vez más solo y desencantado. Pues no tienen razón. Soy más listo de lo que creen; soy más que un mexicano promedio, ya verán. Por lo menos no he cometido grandes errores. Todavía creo que echándole muchas ganas, la economía puede crecer 5%. Todavía creo que la combinación de locuacidad y publicidad es la correcta. Aunque a veces pienso que gobernar está del carajo, nunca lo digo. Aunque a veces pienso que mejor me regreso a mi chamba de empresario porque en ésa sí la hago, nunca lo digo. Si algo tengo es que soy muy, muy terco. Por eso, no necesito ni oro ni incienso ni mirra. Este año sólo tráiganme un bozal para ponérselo a los pelafustanes que no creen en mí.