Émile Zola era convencido positivista que estimaba la razón como uno de los instrumentos para generar el progreso. El conocimiento científico derivado del entendimiento permitiría conocer a la naturaleza y a los hombres, con la intención de regularlos para lograr una armonía entre ambos y conseguir el crecimiento.
De esta manera surgiría una sociedad justa y libre. No obstante, en esta evolución existían barreras a eliminar, como el clericalismo, el militarismo y el capitalismo. Las “tres plagas” impedían la constitución de la forma de gobierno republicana porque mantenían un pensamiento fanático, privilegios corporativos y, sobre todo, erigían a la usura como valor primordial. Para Zola la manera de superarlas era denunciar sus lacras, lo que hace a través de narraciones como Germinal, La taberna, Verdad, Justicia, y El dinero (editorial Debate; Barcelona, 2001. 425 pp.)
En El dinero, Zola presenta el ascenso y caída de financiero Saccard. El protagonista, bajo la sombra de un hermano dedicado a la alta política, logra convencer a varios adinerados para que participen en la creación del Banco Universal. La institución atrae a los inversionistas por amplios proyectos de desarrollo para algunos países del Oriente presentados por sus funcionarios. La promesa de obtener considerables ganancias capta no sólo a grandes agiotistas, sino a la gente sencilla ilusionada por acrecentar rápidamente sus ahorros.
El hábil Saccard, además, maneja a la premisa y a ciertos agentes para aumentar el precio de los valores bancarios. La mayor acumulación es indispensable para invertir en los programas y genera los intereses prometidos. La especulación llega a tazas altísimas, por la avidez de los banqueros, hasta que los usureros se dan cuenta del juego a través de ventas de acciones provocan la quiebra del banco. Con la caída, miles de personas de todas las clases sociales pierden su dinero y varias empresas desaparecen. Las consecuencias son desastrosas para la economía, pero también para los individuos que viven tremendos dramas personales y familiares.
En este novela, Zola cuestiona el papel del dinero. La sociedad capitalista erige la moneda como el símbolo de poder y de la importancia. Aquellos que lo poseen no sólo pueden satisfacer sus necesidades, sino comprar los servicios de otros hombres. La adquisición les permite llevar una vida reposada y prestigiosa a los ojos de los demás. La situación de privilegio provoca un deseo por concentrar cuyo efecto es el conflicto. El enfrentamiento lleva a a la irracionalidad, en donde unos pocos triunfan y muchos se arruinan.
La inestabilidad y la desigualdad resultante impide el progreso equitativo planteado por los positivistas y socialistas.
El dinero es una de las novelas más radicales de Zola y su lectura permite comprender los maquiavélicos mecanismos que rigen a las bolsas de valores y la locura de quienes participan en ellas. Además, denuncia el carácter de ese nuevo mundo; así, uno de los personajes centrales “tuvo entonces la brusca convicción de que el dinero constituía el estiércol en medio del cual surgía aquella humanidad del mañana”. Novela clásica cuya lectura será redituable para cualquier lector.








