Este 2001 celebramos la aparición, hace treinta años, del primer número de Plural, pero también celebramos setenta años de la aparición del primer número de Barandal (agosto de 1931), la primera revista dirigida por Octavio Paz.
Este sólo dato debería basta para darnos cuenta de cuán importante era para Paz el contar con un espacio para desplegar sus ideas y las ideas de otros: para dialogar, esa forma fundamental de la filosofía. A diferencia del poeta que sólo se interesa por ver el perfil de sus versos en el espejo de la págna, Paz, que tenía un innegable espíritu filosófico, quería oír a los demás, escuchar razones a favor y en contra. Hay en tal ánimo un rasgo muy claro de generosidad, aunque es obvio que quien crea una reista sabe que también se está fabricando una caja de resonancia –ello no es un defecto, empero, sino el resultado de tener una visión y querer compartirla; movido por ánimos similares Cosío Villegas creó el Fondo de Cultura Económica.
Sin embargo, hay diferencias de profundas entre quien es editor de libros y el editor de revistas: el primero apuesta siempre a largo plazo; el segundo, vive apasionadamente el aquí y el ahora. Le gusta escuchar y responder. El pensamiento lo apasiona. Vive como diría Paul Valéry: enconado por la brevedad de su propio tiempo; confiado en la perdurabilidad de las ideas.
En 1971, cuando Paz vuelve a México después de más de 20 años de ausencia, encuentra un país “degradado por el progreso a la moderna, el lucro de los capitalistas, la megalomanía de los gobiernos y la sórdida fantasía de la clase media” (1) y, ante tal panorama, es apenas natural que necesite poner casa aparte. La casa a la que me refiero es, desde luego, Plural. La oportunidad de construirla se la ofrece Julio Scherer, un hombre impulsado también por una visión.
“Tener una casa es tener un estilo para combatir al tiempo”, dice el cubano José Lezama Lima en sus Coordenadas habaneras, y las revistas que nos gustan son precisamente eso: un espacio en el que el tiempo se rinde y se detiene y al que podemos volver una y otra vez. ¿No fue por eso que José Luis Martínez hizo reeditar facsimilarmente, entre tantas otras, Monterrey, Contemporáneos, El hijo Pródigo?
Ciertamente Paz no llegó a poner su casa en una llanura. Las revistas que acabamos de mencionar son sólo algunas de las primeras que se establecieron en el vecindario. Más cerca de Plural –a la vuelta, casi junto- están La Revista de la Universidad, que García Terrés dirigió durante su mejor momento (un largo momento de 13 años: 1953-1965), y en la que Paz inició su columna “Corriente Alterna” (que retomaría en los primeros números de Plural) y Diálogos, fundada por Ramón Xirau en noviembre de 1964 bajo los auspicios de El Colegio de Mèxico. La Revista de la Universidad y Diálogos son los antecedentes que explican la existencia de Plural. Han creado un lector propio de ese tipo de publicaciones: un lector que sabe amalgamar intereses diversos: literatura, política, filosofía, música, artes visuales…Los colaboradores de ambas integrarán gran parte de la nómina de Plural.
Es cierto también que Paz ha contribuido desde Francia, desde la India, a la bondad de las dos revistas. Y lo ensayos en que nos descubre a Michaux o habla sobre el cine filosófico de Buñuel son tan importantes como sus traducciones (el gran editor siempre es un gran traductor: descansa con las ventanas abiertas al tráfago). Pero también es cierto que con Plural Paz hace la revista que sin duda ha tenido en mente desde hace mucho tiempo. (Recuerdo de manera imprecisa que en algún aniversario de Diálogos, antes de la aparición de Plural, Paz le reprocha por carta a Xirau –amistosa, pero francamente- que su revista no haya acabado de cuajar. Y aunque no recuerdo los argumentos de Paz en esa carta, sí recuerdo haber pensad, ala revista de una y otra publicaciones –y conste que no mermo méritos a Diálogos– “Paz tiene toda la razón”.)
La idea inicial de Plural está expresada en la carta que Paz le dirige al poeta catalán Perre Gimferrer el 14 de junio de 1971:
“…probablemente haremos, si no se viene abajo todo, una revista mensual en México, un poco como The New York Review of Books pero menos bibliográfica.
Quiero decir, una revista de crítica pero asimismo de creación, discusión e invención. Apenas si necesito decirte que una de las colaboraciones de España que más me interesan es la tuya. Al mismo tiempo, quisiera pedirte un consejo: uno de los propósitos de la revista es convertirla en un lugar de confluencia de los escritores latinoamericanosy españoles –no es el sentido de un museo de notabilidades sino en el de un espacio en el que se desplieguen las corrientes vivas, lo mismo en el campo de la poesía y la ficción que en el de la crítica literaria, artística, filosófica y política. ¿Podrías sugerirme diez nombres de escritores españoles (inclusive catalanes)? Poetas, novelistas, ensayistas…No te pido diez nombres de jóvenes ni tampoco de gente consagrada, sino de autores vivos, que compartan nuestras preocupaciones…” (2)
La útlima línea es capital: autores vivos. Merced a ese afán, en su primer número Plural nos llevó a leer a Kenko, el ensayista japonés del siglo XIV, en la versión de Kazuya Sakai (diseñador, ilustrador, traductor, crítico de jazz, en fin: una figura clave en la fundación de Plural), lo mismo que a Claudé Lévi-Strauss y a Luis Cardoza y Aragón –cuyo centenario natal, este 2001, ha sido menos celebrado que se debería.
Entre mucha cosas que le debemos a Plural hay una, qu ha sido puntualmente observada por Gabriel Zaid: gracias a que pertenecía a la Cooperativa de aquel Excélsior, fue la primera revista literaria que podía encontrarse en puestos de periódicos. Es fácil perder de vista lo que ese antecedente significa, pero sin él tal vez no habría sido posible la existencia de Vuelta, la primera revista cultural enteramente independiente, cuya larga vida se debió a sus anunciantes y lectores. Si hoy la circulación de las revistas culturales dependiera de su distribución en librerías, habría muchos lugares del país a donde nunca llegarían.
(1) Carta a Julián Ríos, 20 de junio de 1971, reproducida en Sólo a dos voces, Octavio Paz y Julián Ríos. Editorial Lumen; Barcelona, 1973.
(2) En Octavio Paz, Memorias y palabras. Cartas a Père Gimferrer 1966-1997. Seix Barral. Biblioteca Breve; Barcelona, 1999.








