El mismo día los atentados en Nueva York y Washington, las Fuerzas Armadas Mexicanas desplegaron un dispositivo especial en seguridad en instalaciones estratégicas. Un documento secreto de la Secretaría de Marina, sin embargo, describe una dramática realidad: en la Armada hay carencia de recursos, equipo obsoleto, limitaciones de armamento…En fin, un panorama de indefensión ante un eventual ataque terrorista por mal
En un documento clasificado como “secreto”, la Secretaría de Marina reconoce que está consciente “de las limitaciones y capacidades para dar una respuesta contundente con los medios disponibles a una agresión terrorista a nuestras instalaciones estratégicas”.
Y es que, según el texto, la “compleja trama de intereses” en el conflicto de Estados Unidos con Afganistán, las estrechas relaciones comerciales con el vecino del norte y “las muestras de apoyo que pronunció el gobierno mexicano al pueblo estadunidense” extremistas y violentos (que) podrían planear atentados hacia población e instalaciones”.
El documento, titulado Seguridad Nacional. Instalaciones petroleras, mar territorial y costas, del que Proceso obtuvo una copia, agrega:
“Esta coyuntura internacional pone a la nación sobre aviso de la magnitud que pueden tomar los actos terroristas que, en caso de un escenario pesimista que afectaría las instalaciones petroleras de la Sonda de Campeche, restringiría la producción actual de 2 millones 100 mil barriles diarios, que representan aproximadamente 42 millones de dólares, y se perdería mucho más de la inversión que el país requiere para modernizar la Armada, lo que significa un costo de oportunidad más alto.
Por lo pronto ya se reforzó la vigilancia en la zona sureste del país, donde se concentra 81% de la explotación, distribución y producción de petróleo y condensados, y “que de ser vulnerada afectaría grandemente el desarrollo de la nación”.
La decisión se tomó una vez que las secretarías de la Defensa Nacional de Marina, Gobernación y el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen) se reunieron el martes 11 de septiembre con el presidente Vicente Fox en Los Pinos para analizar la situación después de los atentados terroristas en Estados Unidos.
Cinco días después, la Secretaría de Marina-Armada de México hizo su propio diagnóstico acerca de las condiciones de seguridad del territorio nacional, sobre todo en atención a los más de 3 mil kilómetros de frontera que se comparten con Estados Unidos:
“Nuestro país es sujeto estratégico y, como una realidad de espacio geografía, ocupa una posición peligrosamente envidiable en nuestro continente, no sólo por sus fronteras con el país más poderoso del mundo o por ser en términos económicos su segundo socio comercial, sino también porque dentro del concepto de defensa de Estados Unidos se asigna al Comando Sur el área comprendida desde sus fronteras hasta Panamá y el Caribe. Llegando a extenderla, incluso, a todo el hemisferio latinoamericano.
“Lo anterior significa que la seguridad nacional de nuestro país adquiere una prioridad por su posición geoestratégica que requiere, desde nuestra perspectiva histórica,, el fortalecimiento de la política exterior.”
Vigilancia estrecha
A partir de entonces –según el informe- se desplegó un plan de seguridad para proteger cuatro zonas vitales e instalaciones.
El Canal de Yucatán, “que se constituye como el centro de gravedad de defensa estratégica ante cualquier amenaza externa que se vincule con el área estratégica de la Sonda de Campeche”.
El Golfo de México y la Sonda de Campeche, “principal palanca para el desarrollo de la economía del país, es de proyección internacional y se convierte en un área neurálgica para las presiones dominantes. Las instalaciones estratégicas ahí situadas son vitales y vulnerables ante cualquier acto que atente contra ellas”.
El Istmo y Golfo de Tehuantepec, donde “localizamos refinerías de Petróleos Mexicanos, y las rutas marítimas de distribución de este producto hacia el norte del país. También es importante señalar la vinculación de esta área con Coatzacoalcos y Minatitlán para la recepción de recursos de hidrocarburos y petroquímicos”.
Por último, las fronteras con Estados Unidos y Guatemala en el Océano Pacífico, ya que “las fronteras son espacios geopolíticos y puntos de convergencia y controversia de las voluntades de los Estados soberanos”.
Igualmente se desplegó seguridad militar en todas las instalaciones de Petróleos Mexicanos, así como en las presas hidroeléctricas de Peñitas, Mal Paso, La Angostura y la nucleoeléctrica de Laguna Verde.
La Armada de México puso en marcha una serie de medidas que fueron aprobadas por el presidente Fox como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, entre ellas el establecimiento de un “área de prevención y exclusión”.
En esta zona, advierte el documento “no se permitirá el tráfico de embarcaciones o aeronaves, salvo aquellas que sean requeridas para la operación de las plataformas, por lo que unidades operativas de la Armada de México, que efectúan operaciones de patrulla y vigilancia, controlarán el tráfico marítimo y aéreo que pretenda navegar en dichas áreas”.
Además, la Marina dispuso un plan especial para Campeche, denominado “Sonda 2001”, en el que participa un equipo especial de mil 450 elementos operativos y 2 mil 411 de apoyo logístico, la fragata Ignacio Allende, que cuenta con un sistema de artillería y radar de detección aérea y de superficie; el destructor Manuel Azueta; los cañoneros con helicóptero embarcado Berriozábal y Matías Romero; los cañoneros Xicoténcatl y Guillermo Prieto; el buque logístico Huasteco con helicóptero embarcado, y seis unidades interceptoras rápidas.
En cuanto a equipo aéreo destacan un avión Antonov para patrulla marítima y transporte de fuerzas de reacción, paracaídas distas o carga; un avión turbocomander; tres aviones Redigo para intercepción, equipados con ametralladoras y lanzacohetes; tres helicópteros para transporte de fuerzas de reacción; cuatro helicópteros Bolkow equipados con ametralladora, y uno más Explorer sólo para vigilancia marítima.
Medidas sin respaldo
Sin embargo, todas las medidas tendrían poca efectividad en caso de que se produzca un ataque terrorista. Advierte la Secretaría de Marina:
Primero: no hay recursos de disponibilidad de combustible para mantener las operaciones y tampoco para el consumo de refacciones.
Segundo: el enorme retraso tecnológico en las unidades utilizadas obliga a realizar la vigilancia con medios y capacidades reducidas.
El documento señala:
En caso de las aeronaves, no se cuenta con sensores y la vigilancia debe ser hecha visualmente por los pilotos, lo que obliga a operar sólo de día, lo que sumando a las limitaciones en armamento, velocidad y autonomía, reduce significativamente la eficacia y calidad de respuesta en el cumplimento de sus funciones.
En el caso de las unidades de superficie, la situación es similar, ya que la carencia de sensores y armamento moderno y adecuado impide llevar a cabo acciones antisubmarinas, de defensa antiáerea, guerra electrónica, minado, contaminado, y sólo puede llevarse a cabo el rito a blancos de superficie en forma limitada por la antigüedad y obsolescencia de su armamento en algunos casos y en otros por la escasez de municiones al no contar con las reservas suficientes para hacer frente a este tipo de situaciones.
La permanencia de las unidades de superficie en la mar se ve limitada por la carencia de unidades logísticas especializadas que permitan en forma confiable el reabastecimiento de combustible, refacciones, alimentos, municiones y personal en la mar.
Carencias y equipo obsoleto
En el documento, la Secretaría de Marina admite claramente:
Existe la posibilidad de que algunos grupos extremistas y violentos pudieran planear atentados hacia la población e instalaciones, siendo necesario reforzar las medidas precautorias en plataformas e instalaciones petroleras, aeropuertos, centrales nucleoeléctricas e hidroeléctricas, zonas fronterizas, aduanas y además instalaciones que son estratégica y vitales para la Nación.
Pero reconoce que no se cuenta con el equipo indispensable para esa labor:
Entre los buques destinados a la vigilancia oceánica, 75% de éstos lo conforman dragaminas oceánicos adquiridos a la reserva de los Estados Unidos (clase Admirable y AUK), buques construidos en los años cuarenta –actualmente los que existen tienen 60 años de vida, algunos han sido remotorizados pero persisten sus limitaciones operativas y tecnológicas-; así como seis buques de vigilancia que se compraron en los años ochenta a España, con capacidad de transportar un helicóptero.
En un intento por subsanar esta deficiencia la propia Secretaría de Marina diseñó un nuevo buque, llamado Holzinger, con helicóptero embarcado y lancha de intercepción rápida. Se construyeron cuatro unidades, pero con un problema: “No fue sometido a las pruebas necesarias para determinar sus cualidades y deficiencias”.
Y menciona más deficiencias:
Los buques de guerra son destructores y fragatas, provenientes de la Armada de los Estados Unidos que ha puesto a disposición para su venta a países aliados o amigos. Su fecha de construcción varía de los años cuarenta a los setenta y, por lo tanto, son buques con tecnología no actualizada, pero nos son útiles para entrenamiento. Su valor militar es relativo, ya que algunos equipos detectores y sensores están incompletos, y por ende, fuera de servicio, por lo que es necesario y conveniente poner en servicio y modernizar otro para que los buques realmente operen eficientemente, y nuestros marinos tengan una preparación y un adiestramiento adecuado para la defensa exterior de la Nación.
Admite que los buques destinados a la vigilancia del mar territorial son fundamentalmente patrullas clase Azteca, construidas en Inglaterra y en México, pero que fueron diseñadas para un período de vida de 15 años. Actualmente tienen más de 25, razón por la cual presentan limitaciones operativas y tecnológicas para las tareas de persecución.
Y si los buques son obsoletos, las condiciones de la flotilla de aviones no son muy distintas:
Existe la necesidad de renovar parte de la fuerza aeronaval pero principalmente de equiparla con los sistemas, sensores y equipos para que puedan cumplir adecuadamente con sus misiones, pues las operaciones de patrulla, búsqueda e identificación del banco se hacen visualmente al carecerse del equipo adecuado. Así la patrulla marítima es poco eficaz e incapaz de operar en cualquier condición del tiempo para cumplir con las misiones encomendadas.
Según la Armada de México, la antigüedad de su infraestructura y su escasez de recursos podría traer graves consecuencias a la seguridad nacional frente a posibles actos terroristas.
Señala que ni siquiera cuenta con los recursos financieros suficientes para comprar combustible y el equipo necesario para proteger por un largo tiempo instalaciones estratégicas. Agrega:
Una operación como la que estamos llevando a cabo en estos momentos y que rebasa los términos de normalidad, requiere de efectuar gastos no programados; un ejemplo de ello es el consumo de combustible que en caso de seguir operando con el número de unidades actualmente desplegada y manteniendo la misma permanencia en el mar o en vuelo, para los primeros días de noviembre próximo habremos agotado, dos meses antes de lo programado, la disponibilidad para esta Secretaría.
Sin embargo, el documento “secreto” afirma que las fallas se refieren exclusivamente a los equipos y a la escasez de recursos, y de ninguna manera al personal de la Secretaría de Marina-Armada de México:
Nuestras limitaciones son de presupuesto no de capacitación, ni de adiestramiento, los medios materiales son lo más fácil de adquirir si se cuenta con los recursos económicos; la formación de nuestros oficiales, capitanes y almirantes es un proceso de muchos años en los cuales la Nación ha invertido suficiente.
Con un presupuesto par este año de 8 mil 873 millones de pesos, cantidad que, posiblemente, también se le asigne el próximo año, la Armada de México considera que necesita por lo menos 3 mil 700 millones más.
En el documento establece que resultan insuficientes los mil 443 millones de pesos que puede destinar como gasto de inversión, sobre todo para rehabilitar y reactivar unidades de superficie y aeronavales, y adquirir armamento, equipo, sensores y comunicaciones.
Por ello, advierte que “en caso de un escenario pesimista”, en el que dejaran de trabajar durante un día las instalaciones petroleras de Campeche como consecuencia de un acto terrorista, se perderían 42 millones de dólares, “mucho más de la inversión que se requiere para modernizar la Armada, lo que significa un costo de oportunidad muy alto”.








