Apocalipsis Now Redux, en Nueva York

Todavía en el aullido de cualquier sirena provoca escalofríos. A veces corren rumores de supuestos actos terroristas, y la gente hace compras de pánico. El rostro de la catástrofe se deja ver más en los altares para las víctimas improvisados con veladoras y flores en las calles, principalmente en los parques. Pero aun sin Torres Gemelas, Nueva York sigue aquí. Bombardeada con imágenes y declaraciones de guerra, la ciudad recupera, pese a sí misma, su pulso normal. Acudir a ver Apocalypse Now Redux, de Francis Ford Coppola en una megapantalla, resulta irresistible.

Muchos tuvieron la misma idea, la sala está a reventar. Cuando los altos mandos del Ejército estadunidense, que pelea su derrota con Vietnam, le ordena a Willard (Martin Sheen) asesinar al rebelde Kurtz bajo la rúbrica de “esta misión no existe y no existirá”, se escuchan risa de sarcasmo entre el público. Conforme transcurren las 3 horas 23 minutos, de esta nueva versión de 1979 de esta película sobre la Guerra de Vietnam por casi una hora, el silencio se impone por completo. Cuando termina la función, transcurren varios minutos antes de que la gente reaccione y abandone sus asientos.

La posproducción de la primera versión le costó dos años de esfuerzo a un Coppola exhausto por los 15 meses que pasó en Filipinas reproduciendo el ambiente de las selvas vietnamitas. Hospitalizado junto con su familia en un hospital de Manila por desnutrición, el realizador se vio después presionado y amedrentado por las deudas contraídas durante la costosa y accidentada producción. Pesaba la amenaza de una multa de 3 millones de dólares si la cinta no lograba superar una ganancia de más de 40 millones. El producto final sacrificaba tres horas del material de cinco y media que había logrado.

Ahora, las nuevas generaciones podrán descubrir en todo su esplendor esta cinta, cuya producción fue una de las más accidentadas de la historia de Hollywood. Coppola tuvo que combatir su propia guerra para salir adelante; algunos dirían que nunca terminó de reponerse de la costosa aventura y las drásticas decisiones que debió tomar. La primera de ellas, difícil pero afortunada, sustituir al actor Harvey Keitel por Martin Sheen. Después vino el desgaste que implica utilizar helicópteros del Ejército del presidente Marcos (el de Filipinas), que cada mañana tenían que pintarse con los emblemas americanos, borrados por la noche pues los aparatos tenían que estar dispuestos para defender a Marcos del grupo insurgente que amenazaba derrocarlo. El colmo fue la irrupción del tifón Olga, el peor en 40 años, que, además de devastar al país, destruyó las localidades que el quipo había improvisado en la isla.

Ahora, más que nunca, se rebela la visión  de Coppola en esta obra inspirada del relato de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. Williard debe asesinar a Kurtz (Marlon Brando), oficial insubordinado del Ejército estadunidense acusa de ejecutar dobles agentes vietnamitas. Se dice que Kurtz ha perdido la razón y erigido su propio reino en el seno de la jungla.

¿Qué aportan las nuevas secuencias? Se aprecia mejor la ironía de la aventura con Kilgore (Robert Duval), el funesto coronel que destruye una aldea vietnamita para practicar surfing junto con sus “Beach boys” californianos. “Me gusta el olor del napalm por las mañanas”, comente Kilgore (¿kill+gore?).

Apocalipsis Now Redux permite apreciar mejor la espléndida fotografía de Vittorio Storaro y el alucinante diseño de producción de Dean Tavoularis. Liberado de las impurezas del sonido, el Dolvy digital deja escuchar la fuerza de diálogos y monólogos que antes se perdía con la música y las explosiones. Se incluye, finalmente, el legendario episodio del encuentro de Williard con la familia de terratenientes franceses, quienes en plena Guerra de Vietnam continúan viviendo como en los mejores tiempos de las colonias francesas. Aure Clement aporta la dimensión femenina de la carecía la primera versión.

En el reino de Kurtz no hay tiempo, como en el infierno. Es la Tierra Baldía, a la que ilustra la alucinante lectura de Marlon Brando del poema de T.S. Elliot, The Hollow Man. “El viaje de Williard por el río es también un viaje hacia el interior de sí mismo…aunque el film es antibélico, no se focaliza en acontecimientos políticos recientes. La intención es de mayor alcance, un viaje hacia el fondo de la naturaleza humana y de su relación con la Creación.” La declaración de Coppola, citada en el libro de Peter Cowie sobre la filmación, revela la verdadera intención del autor: una elegía sobre la guerra y la destructividad.