Lo cierto, lo falso y lo creíble de la realidad

Desde el punto de vista, entre las poéticas artísticas más interesantes de la actualidad se encuentran aquellas que, aun cuando se basan en la reproducción de las apariencias ópticas –como la pintura  de Rafael Cauduro y Víctor Rodríguez-, ya no sólo se limitan a la atracción furtiva del espectador, sino que utilizan las ambigüedades de la ilusión para detornar reflexiones sobre la percepción personal de la realidad.

Reflexiones indispensables, ya que la maestría de las imágenes tecnológicas –televisivas, cinematográficas y digitales- ha demostrado su capacidad para aparentar que cualquier realidad es creíble, logrando que los espectadores moldeen su percepción sin preguntarse sobre la certeza, la falsedad o la alteración de la realidad representada.

Aprovechando la seducción que ejercen estos lenguajes, las imágenes artísticas atrapan alevosamente la atención de los espectadores para confrontarlos con aproximaciones que inciden tanto en dimensiones espirituales como políticas, sociales o lúdicas. Todas pertinentes, y que tienen la capacidad de devaluar o desequilibrar  las narrativas determinadas por los diferentes mecanismos de poder y control del entorno social.

En estos días, aquí en la Ciudad de México, coinciden en distintos recintos algunas obras que ejemplifican las diferentes vertientes de estas poéticas de percepción crítica. En el Museo de Arte Carrillo Gil se presenta uno de los principales exponentes de estas poéticas. El estadunidense de origen mexicano Daniel Joseph Martínez (Los Ángeles, California, 1957), quien atrapa y confunde al espectador con fotografías directas, brutales, irreverentes y cínicas, en las que la verdad de la realidad siempre queda en suspenso. La autoextracción de sus intestinos, la flor de plástico que supera en perfección a la naturaleza y que adorna hieráticamente el frente de una prisión que nunca se delata como tal; los jóvenes presos que  en su atuendo no lo parecen, son los temas de algunas imágenes que exigen cuestionar la representación y la veracidad de la realidad.

También con una poética que incide en lo creíble de las apariencias, Perla Krauze presenta en la galería Nina Menocal un móvil-instalación realizado con rocas artificiales de color rosa y blanco que parecen cuarzos verdaderos que, inclusive, brillan con más intensidad que los originales. En este caso, la percepción crítica se basa en la transformación de la dimensión real en una dimensión mágica que no logra concretarse por completo.

En la galería OMR, el polaco francés Xawery Wolski (1960), en un movimiento contrario, crea perturbadoras presencias etéreas a partir de la destrucción de todo referente creíble de la realidad: una lisa y blanca pátina encubre la calidez de la terracota logrando que los fragmentos corpóreos dejen de serlo para convertirse en sensuales y, en algunos casos, espirituales presencias. Un rostro sin expresión, una oreja sobre un círculo, unas piernas juntas y estiradas, un espléndido torso que a manera de estela evoca el contorno de un solo brazos. Una realidad abstracta que adquiere presencia gracias a la negación de su credibilidad.

Y, por último, también en la OMR, las espléndidas impresiones de gran formato en plata sobre gelatina de Mauricio Alejo (1969), quién, aun cuando sigue fiel a la presencia de los objetos como sujetos de la representación, se aleja de las expresiones anteriores al utilizarlos como la metáfora de una percepción falsa de la realidad.

En la serie Seis imágenes para un mundo mejor, Alejo elabora seis espacios independientes, pero relacionados, en los que recipientes de vidrio y plástico transparente con formas antropomorfas delatan la falsedad de la percepción de la infancia como un tiempo feliz. En cada imagen se amplifica con claridad el motivo central –un hombre y una mujer, una asita, una muñeca, un superhéroe-, al tiempo que se desenfocan en diferentes niveles otros objetos provocando una transparencia  que, para Alejo, es la metáfora  de la ilusión que determina la existencia y la inexistencia de esta creíble realidad infantil.

Como bien señala el antropólogo francés Marc Augé, la realidad se ha convertido en una ficción ambigua determinada por el poder, que ni es cierta ni falsa. Para desenmascararla es indispensable que nos atrevamos a descifrar lo creíble de su imagen.