Los medios de comunicación en nuestro país y especialmente los electrónicos han dejado de ser vías, canales, extensiones de las plazas públicas, vehículos transmisores, para convertirse en protagonistas en gran cantidad de ámbitos que les eran ajenos. Su presencia y con ella su fuerza se hicieron evidentes primero en la educación informal. Carlos Monsiváis dijo que la secretaría del ramo había pasado de la calle de Argentina a la avenida Chapultepec, sede de Televisa.
Luego los medios avanzaron hacia la política en las campañas. Pese a la demostración reiterada de que a más publicidad no corresponden más votos, los candidatos continúan obsesionados con el recurso de la pantalla para convencer a los ciudadanos. Y los legisladores hicieron una reforma al Cofipe que dejó intacta la reducción del spot a 20 y 30 segundos en toda imagen o idea. Además propició el aburrimiento del electorado con las repeticiones de mensajes iguales, a veces sólo separados entre sí por otro spot. En estos cambios se dejó indemne la inequidad de que el partido en el Poder Ejecutivo tiene seis años para estar mañana, tarde y noche difundiendo cápsulas sobre su excelente actuar, mientras que se deja al periodo electoral ciertos minutos para los partidos políticos. La “veda electoral” de marzo no ha sido decretada para las distintas secretarías y dependencias del Ejecutivo que la utilizan atiborrando de spots con datos e interpretaciones falsos, a los radioescuchas y televidentes. Uno de ellos afirma: “El gobierno del presidente de la República”.
Otra intrusión indebida que hoy cobra sus réditos a quien lo permitió se da en el delicado ámbito de la justicia. Un montaje televisivo violador de los derechos de una detenida puede llevar a su liberación, pese a las pruebas en su contra, a los testimonios de los afectados y a la sentencia dictada. El asunto Cassez enturbia toda la procuración de justicia de México gracias a la impertinencia de Televisa y a la ligereza cómplice del procurador general de la República. Antes de eso, Televisa y Azteca ya habían hecho montajes falseando la realidad, ya habían practicado la labor de juzgadores, la ilícita acción de decretar culpables, de destruir reputaciones y de llamar a cuentas a los gobernantes elegidos. Todavía se recuerda a un conductor disfrazado de payaso imponiendo condenas morales a un político que toma dinero clandestinamente, sin reparar en que le tendió una emboscada; actuar incorrecto en un comunicador, lo había invitado al mismo escenario en donde lo escarneció. Y las repeticiones al infinito de dicha toma en video escondido cada vez que se hablaba del PRD para involucrar a todos en supuesta corrupción.
Los ejemplos de la conducta impropia de radiodifusores y televisoras se multiplican todos los días y no hay espacio para desplegarlos. Lo que parece indispensable señalar es que si una vez se permite a las televisoras violar la ley, ya no hay reforma que pueda contener su salida de cauce, su entrometimiento en lo que no les corresponde pero de lo cual se benefician haciendo de su pantalla un circo romano en busca de rating.








