Contra los demonios de la industria

La salvaje explotación y las continuas violaciones de los derechos de los empleados por la industria maquiladora en los años noventa obligó a estudiosos de la Compañía de Jesús a pugnar por unas relaciones de trabajo más humanas. Así se fundó hace 15 años el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), que ahora tiene interlocución con los gobiernos y las empresas para conseguir que sean socialmente responsables.

Noventa mil trabajadores de la industria electrónica en Jalisco hacen el milagro de vivir con 3 mil pesos, tienen un salario a la baja, no están sindicalizados y soportan la angustia de firmar contratos temporales, a veces cada siete días, a través de unas 60 agencias intermediarias de empleo.
Desde hace 40 años las grandes corporaciones electrónicas trasnacionales llegaron a la zona metropolitana de Guadalajara y se establecieron en condiciones de permanente violación a los derechos laborales, y los gobiernos del país y del estado lo permitieron.
Jorge Barajas, director de la organización no gubernamental Centro de Reflexión y Acción Labora (Cereal), comenta: “Vienen del mundo priista los líderes sindicales que han establecido contratos de protección a favor de las maquiladoras electrónicas y en contra de los trabajadores”. Y nombra a los más importantes: Carlos Arias, Enrique Torres, Jorge Isaac González, José García Ortiz, Antonio Lara Nuño y los hermanos Joaquín y Antonio Álvarez Esparza.
Sin embargo, aclara, estos dirigentes se han acomodado también a los gobiernos panistas, que se han limitado a sustituir a los priistas en la relación de complicidad:
“El boom de las maquilas en el ramo electrónico viene a partir de 1995, con la llegada de los panistas. Antes no había el fenómeno de la tercerización y las grandes marcas producían para sí mismas, como IBM y Motorola. Pero entonces llegaron las manufactureras electrónicas, que entre 1995 y 2000 eran alrededor de 200, y hasta 600 si tomamos en cuenta a sus proveedores.
“Antes había sólo cinco agencias de empleo y a partir de entonces se dispararon a cerca de 60. Si anteriormente existían dos marcas, después aparecieron Phillips, HP, NEC y luego, alrededor del año 2000, ya podíamos hablar de 60 marcas, un verdadero boom.”
Barajas trabaja en el Cereal desde su fundación, hace 15 años. La ONG forma parte de la Compañía de Jesús y ha realizado análisis sobre la industria y los casos de vida de trabajadores, pero sobre todo acompaña sus luchas por el respeto a sus derechos. También mantiene comunicación con organizaciones internacionales a fin de presionar a los grandes corporativos para que escuchen las quejas de sus trabajadores y lleguen a acuerdos con ellos para corregir las malas prácticas empresariales.
–¿Cómo se fundó el Cereal? –se le pregunta a Barajas.
–Hace 20 años, varios estudiantes jesuitas que vivían en Guadalajara y estudiaban en el Instituto Libre de Filosofía coincidieron en salir en busca de los trabajadores a las fábricas para hacer su apostolado con ellos.
“Se fueron al Distrito Federal y allá se asentaron con un programa muy claro de defensa de los derechos humanos laborales. En 1995 se vio la necesidad de abrir una oficina del Cereal en Guadalajara y otros estudiantes jesuitas se incorporaron al proyecto. Empezaron también visitando las fábricas de la zona industrial del corredor de El Salto, Jalisco, donde conocieron obreros de la Hersheys, de NEC y otras más.
“A mí me tocó entrar en contacto con ellos en mi colonia, Polanco, donde hacían también sus labores. Por aquel tiempo yo hacía la carrera de sociología en la Universidad de Guadalajara y me pidieron elaborar un diagnóstico del mundo laboral de nuestra entidad.”
–¿Cuáles fueron las primeras luchas de trabajadores a los que se ligó Cereal Jalisco?
–Las de unas trabajadoras de la chocolatera Hersheys y las de Lucent Technologies, que también se llamó Phillips y al final, antes de cerrar, Vitech. También acompañamos a trabajadores de las empresas IBM y NEC, que era una compañía de teléfonos móviles. Sin embargo, fue un trabajo sólo educativo.
“El primer grupo al que asesoramos más en forma fue a un grupo de obreros de la empresa USI. Una noche del año 2000 hubo una intoxicación masiva de alrededor de 200 trabajadores con plomo, flux y estaño. Una máquina funcionó mal y la empresa se llenó de gases. Los trabajadores intentaron huir y les cerraron las puertas. Al día siguiente llegaron a nuestras oficinas casi 150 empleados. Primero nos impactó su presencia y luego nos rebasó. Sólo estábamos laborando en Cereal dos promotores, un abogado y yo. Hicimos lo que pudimos.”
–Fue el primer llamado de atención sobre las condiciones deplorables en las maquiladoras electrónicas…
–Sí. Después de la intoxicación empezaron a relucir las condiciones en las que trabajaban. A los obreros se les pagaba en promedio 90 pesos por día, tenían un horario formal de ocho horas que en realidad se hacía de 12, no les pagaban las horas extras y hacían uso intensivo de plomo.
“Nos enteramos de que 90% de esos trabajadores eran mujeres. El año siguiente, 2001, fue muy intenso. NEC anunció que iba a vender la empresa, que tenía 500 empleados. Nos tuvimos que reunir con un grupo amplio de ellos en el parque Montenegro porque no cabíamos en nuestra oficina. De manera sospechosa, una semana después NEC cerró definitivamente la empresa y despidió a todos los empleados sin pago de liquidación. La CTM, en lugar de defender a los obreros, protegió a la empresa para que se fuera sin pagar.
“Otro movimiento grande se dio un mes después. IBM intentó reducir los salarios mediante un convenio. Fue dramático porque quisieron obligar a los empleados a que firmaran y les cerraron las puertas. Ellos trataron de salir por las puertas del baño, fueron golpeados y nadie se fue hasta que puso su firma. En los días siguientes vinieron a nuestras oficinas grupos pequeños, pero que en total superaron los 200. Con más pericia y experiencia, el Cereal los asesoró mejor: demandamos ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, fuimos a los medios de comunicación, hablamos con los diputados… Se pudo ejercer una presión pública sobre la empresa. Contribuyó que los trabajadores de IBM eran muy combativos.”
Ese caso, dice Barajas, llevó al Cereal al siguiente nivel. “Para cerrar con broche de oro, ese año estalló la huelga en la empresa textil Lyx, donde las mujeres mantuvieron guardias para resguardar las máquinas de la empresa por cerca de cinco años, de mañana, tarde y noche, de lunes a lunes, sin descanso”.
–Y luego vino la huelga de Euzkadi. ¿Cuál fue el aporte de ustedes?
–2002 estuvo cubierto de manera casi total por esa huelga. El aporte principal de Cereal fue, primero, abrir las puertas para la relación que tuvo el comité ejecutivo del sindicato de Euzkadi con organismos como FIANN, German Watch y nacionalmente la Red Todos los Derechos para Todos. En segundo lugar, hicimos trabajo educativo con los huelguistas durante las guardias, conviviendo con los trabajadores y editando folletos sobre el tema. Fue un apoyo pequeño, pero real.
La fase actual

A pregunta expresa, el dirigente del Cereal narra cómo se decidió ajustar sus esfuerzos sólo en la problemática laboral de la industria electrónica:
“El factor principal fue la investigación que realizó en 2003 la Fundación Católica para el Desarrollo (Cafod, su acrónimo en inglés), integrante de Cáritas Internacional, y que fue publicada como un informe en 2004.
“Allí coincidimos con numerosas luchas en otras partes del mundo y empezamos a tener contactos con los grandes corporativos, a los que exigíamos el alto a las violaciones de los derechos laborales. Nuestro trabajo se volvió más demandante. No había más qué discutir: nos metíamos al trabajo en la industria electrónica o cerrábamos ese capítulo que acabábamos de abrir. Nos decidimos por lo primero. Aunque estamos abiertos para recibir a trabajadores de otras áreas productivas, nuestro enfoque primordial es la electrónica.”
–¿Cuáles fueron los conflictos laborales más importantes de principios del siglo en esta industria?
–En 2002 se dio un conflicto en IBM. Despidieron a 20 trabajadores que tenían una antigüedad de entre cinco y nueve años, sin darles liquidación, con el pretexto de que el último contrato había sido firmado apenas 30 días antes. Pero con esa periodicidad firmaban sus contratos. También la opinión pública se enteró de estos hechos porque casi fue una copia de lo ocurrido en IBM en 2001. Otro conflicto de peso fue el de Hitachi, que en 2004 anunció con mucha anticipación el cierre de la planta.
–¿Este conflicto representa un parteaguas en Jalisco?
–Por supuesto, era una empresa que fabricaba discos duros. El 90% de los 5 mil trabajadores eran mujeres, 90% de ellas eran contratadas por agencias y ganaban alrededor de 100 pesos al día.
“El motivo del cierre fue estrictamente comercial: iban a trasladar sus operaciones a Filipinas. No había ninguna causal de despido para los trabajadores y ellos requerían que les pagaran sus liquidaciones. Empezaron a llegar pequeños grupos a nuestras oficinas y en los meses siguientes aumentó su número. A partir de ese movimiento, algunos inconformes organizaron más adelante la Coalición de Trabajadores de la Industria Electrónica, que todavía está en pie de lucha.”
–¿Cómo afectaron estos conflictos a la restructuración de las otras empresas manufactureras?
–Fue significativo para la industria porque fue el final del llamado modelo de baja mezcla y alta producción. Por ejemplo, en Hitachi se producían sólo discos duros y por millones. Ese modelo comenzó a ser obsoleto y las empresas se vieron en la necesidad de cerrar o cambiar su estrategia comercial.
“En IBM se producían laptops y tuvo que vender después porque ya no le era costeable. Vitech hacía teléfonos de pared en serie, miles del mismo modelo. NEC también producía un solo tipo de teléfono, igual pasaba con On Semiconductor, que fue Motorola: tenían baja mezcla y alta producción. Si usted revisa las empresas de ahora, producen 20, 30, 50 modelos diferentes de productos y por periodos cortos…”
–Para ajustarse a la demanda del mercado mundial…
–Sí, los producen mientras está de moda tal producto, contratan a un determinado número de trabajadores y después los despiden. Ahora es un nuevo modelo en donde se da la inestabilidad total en el proyecto y en el empleo. Las grandes empresas siguen ganando mucho pero los obreros salen perdiendo.
–La de Hitachi fue una lucha larga, ¿no?
–Sí, y se alargó porque la empresa no quería resolver ninguna de las peticiones de los trabajadores. Si no hubiera sido por la intervención de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti), a lo mejor no se hubiera resuelto nunca.
–¿Cuándo empezaron a dialogar con instancias como la Canieti?
–En forma organizada, desde el informe de la investigación de la Cafod; aunque ya habíamos tenido reuniones informales con gente de la industria, pero para atender casos, resolver conflictos y discutir planes, fue a partir de 2004.
Al director del Cereal lo enorgullece que después de 15 años la institución ya sea reconocida por su labor entre los trabajadores, las empresas y las autoridades. Existe un comité de las manufactureras que se reúne cada tres meses con la ONG para intercambiar información, oír las quejas de los trabajadores y acordar puntos de resolución a las violaciones a los derechos laborales.
A esto ayudaron las relaciones internacionales de la ONG, como el Centro de Estudios sobre Empresas Multinacionales (SOMO, sus siglas en holandés) y la red Good Electronics, con sede en los Países Bajos y que afilia a más de 100 organizaciones, sindicatos y universidades de Estados Unidos, China, Malasia, Taiwán y Filipinas, entre otros países.
–¿Junto con la voracidad de la producción y del mercado capitalista se da la organización internacional de los trabajadores?
–Sí. Lo que significa la constitución de la red Goods Electronics es que ha crecido mucho el escrutinio público sobre las grandes empresas en el ramo. Por ejemplo, hoy Apple está en el banquillo de los acusados. Se puede decir que el crecimiento del Cereal fue de la mano del crecimiento de las prácticas laborales de excesiva explotación de esta industria y de la multiplicación de las organizaciones que luchan por mejores condiciones laborales.
“Se han ganado cosas puntuales, las empresas a nivel mundial ya no cometen la masiva violación de los derechos que hacían antes, nos atienden y acuerdan soluciones prácticas y viables. En el caso de Jalisco hemos encontrado que del inicio de nuestras actividades a la actualidad han bajado ciertos rasgos de discriminación por parte de los empleadores, digamos de 90% a 35%, y que de manera específica determinadas empresas cumplen con las rectificaciones planteadas en las reuniones. También la búsqueda de la responsabilidad social puede detectarse, y cada vez más fábricas buscan certificarse.”