MÉXICO, D.F. (Proceso).- La cantante Lolita Cortés no se esperaba el homenaje del que fue objeto este sábado pasado por sus más de 30 años de carrera artística. Figura protagónica en el musical Peter Pan en temporada, se define a sí misma como una mujer “tímida, pero de mucho carácter”:
“No llevo la cuenta exacta de los años y tampoco sé en cuántos espectáculos he actuado, ni cuántas canciones he cantado, ni nada. Pero agradezco el gesto porque para mí han sido más de treinta años de superación, vamos, de retos superados. Vivo un momento de satisfacción pleno.”
Cortes de 41 años, es hija de la cantante Dolores Jiménez (a su vez hija del hermano mayor del compositor José Alfredo Jiménez), quien en los años sesenta se destacara como integrante del dueto “Lena y Lola”; y del actor de televisión y teatro Ricardo Cortés, recordado por el papel de galán de Ofelia Medina en la telenovela Lucía Sombra.
Ambos se divorciaron y Lolita y su hermana menor Laura vivieron la mayor parte de su infancia bajo el cuidado de su madre. Su padre se casó posteriormente con la actriz Alma Muriel. Y fue gracias a esta última que la madre de Lolita decidió llevarla en 1982 al concurso televisivo Juguemos a cantar, donde la niña de 12 años interpretó la canción “Don Quijote”.
Era apenas una nena flaca de calcetas, peinada con dos coletas y con una voz descomunal que ya había demostrado su talento en Anita la huerfanita bailando tap y posteriormente ascendiendo hasta quedarse con el papel principal.
“Yo bailaba tap no sé cómo, porque no lo había estudiado pero aprendí sola a hacerlo, y en cuanto a la voz tenía serios problemas de afinación. La educación vocal era la que teníamos en la casa, donde todos cantaban y crecí cantando. Pero no tenía una educación musical reglamentaria, no teníamos el dinero para pagar una escuela de educación artística.”
Posteriormente su madre se las arregló para que tomara clases privadas:
“Recuerdo a Belén Amparán –destacada mezzosoprano– a la que yo odiaba y que podía escuchar cómo respiraba al llenar de aire sus pulmones y preciosa voz. Era muy buena. También a Julio Julián –tenor español–. No los aprecié porque yo estaba enojada, era insoportable, no quería estudiar, era muy rebelde. Tiempo después estudié con Raymundo Cobo, tenor regiomontano, pero creo que yo me he hecho, como se dice en el medio, ‘en las tablas’.”
En cuanto a su formación teatral apunta que no estudió en ningún lado:
“Era muy introvertida, era muy buena en el baile pero me costaba trabajo decir hasta un ‘buenas tardes’, en ese sentido me ayudó mucho mi papá, que me explicó que se trataba de divertirse, observar profundamente todo mi entorno y aprender a mentir.
“Él hizo una obra, algo sobre el juicio de Jesús y él era Judas y lloraba en todas las funciones. Yo me sorprendía hasta que habló conmigo y me dijo que cada vez que llegaba la escena climática lograba ponerse mentol en los ojos y no podía dejar de llorar y una cosa llevaba a la otra. Me decía: ‘Loli, por favor, ¿tú crees que soportaría semejante pena todos los días?, acabaría loco. Observa a la gente y construye lo tuyo, aprende a mentir’.”
Expone además que en el tiempo en que ella era niña los directores no dejaban entrar a los ensayos a los padres:
“Era de terror. Ibas con el director de la mano del grito y la humillación y además te tenías que callar la boca, porque si no te quedabas fuera.”
Retos
–¿Qué retos no ha superado?
–No soy una artista popera, ni lo quiero ser, ese fue un reto que ya quedó atrás, el otro fue mi participación en el musical Jesucristo Superestrella donde hice el papel de María Magdalena.
“Jamás me sentí cómoda con el personaje, el registro de mezzosoprano no me funcionaba porque yo soy una soprano ligera, me aburría, hice la audición y me quedé, pero en realidad ahora creo que competí por el papel sólo para demostrarme que lo podía ganar. Fue una pérdida de tiempo, ese papel no significaba nada para mí.”
La cantante, actriz y bailarina, explica que si bien le interesa la internacionalización no está dispuesta a conceder nada de su vida para hacerlo:
“Mi mamá me regaña, pero ni quiero ir a la posada para que ‘me vean’, porque no quiero ir, ni quiero caer en frivolidades, ni hacer novelas ni nada. Ahora tengo un espectáculo con mariachi donde canto con mi mamá. Y déjame decirte que no es cualquier cosa, cantantes hay como Aída Cuevas, pero eso de que los poperos saquen un mariachi y canten me parece pésimo. Hay que saberlo hacer. Y tengo otro espectáculo que es un concierto de música de los setenta y ochenta, pero no de fiestas sino de piezas difíciles.”
Para James Kelly, coreógrafo estadunidense que ha trabajado con la Compañía Nacional de Danza del INBA, y coreógrafo en Peter Pan, más allá del personaje de “Lolita Cortes” existe una de las artistas más inteligentes que ha conocido:
“Es una brillante actriz que siempre está dos pasos adelante con una técnica de trabajo muy fuerte, que no tiene ego en el salón de ensayos y se deja corregir. He trabajado con ella en José el Soñador, Dulce Caridad y Peter Pan, donde había que crear desde las coreografías y cada uno de los números. Todo el tiempo la he visto llegar antes del ensayo, y a pesar de que tiene las dos rodillas muy lastimadas, hace sus ejercicios con disciplina, además de eso viene el talento.
“Por eso puede verse como una chava de diceciocho o un niño de 13 años. Ella tiene ideas fuertes y no lo muestra. La disciplina es lo suyo, es dócil y aprende siempre. Ésta es la tercera versión de Peter Pan que ha hecho, le pedimos todo nuevo y el reto de tener que bailar igual que los niños perdidos que se caen, se levantan, resbalan y juegan y ella aceptó. La danza aérea le encanta y aguanta hasta tres funciones diarias sin tener meniscos.”
Por su parte el crítico musical Lázaro Azar afirma que Lolita Cortés es una artista musical excepcional:
“Tuvo la inteligencia de saber exactamente en qué era buena, y siendo una soprano no pretendió meterse en la ópera porque desde ahí no habría podido hacer todo lo que ha hecho. Mira, a mí me encanta por ejemplo la voz de Regina Orozco, que cantaba ópera y que saltó al cabaret donde estaba estupenda, pero cuando trató de volver a la ópera era un desastre porque el cabaret, que no la desmerece, es lo suyo.
“En el caso de Lola me ha tocado oírla cantar con mariachi. Fui con un ánimo dudoso a oírla y la verdad que es no buena sino buenísima, como muy pocas cantantes, y no necesita impostar la voz.”
Y señala que no es como Plácido Domingo, “que canta canciones populares o de películas que no le van, o como el propio Rolando Villazón, que canta boleros y simplemente no funciona”, para completar:
“Los únicos cantantes profesionales que pueden cambiar de un género a otro son Fernando de la Mora, que canta muy bien lo popular, y Lola Cortés, que es tremenda cantante. Es una lástima que siendo tan buena no haya recorrido el país.”








