Señor director:
De la manera más atenta, le ruego dedicar un espacio en Palabra de Lector a la presente opinión sobre el spot televisivo que han transmitido los diputados del Partido Verde con la intención de inducir a los ciudadanos a aceptar la aplicación de la pena capital o la cadena perpetua a quienes cometan secuestro o plagio.
A mi juicio, esta propuesta es retrógrada, inhumana y dañina. Es dañina porque oculta la realidad y distorsiona la percepción de un grave problema nacional; es retrógrada e inhumana porque pasa por alto que la sociedad, en su conjunto, es responsable de que en su seno existan delincuentes, pues estos individuos, por causas económicas o culturales, no tuvieron las oportunidades educativas y de formación moral necesarias para llegar a ser hombres de bien.
Las causas de fondo se pueden encontrar en el hecho de que casi la mitad de la población de nuestro país vive en situación de pobreza extrema, bajo condiciones de marginación, desnutrición y desempleo y con falta de espacios en las aulas, condiciones que se han agudizado en los últimos 30 años.
En consecuencia, la sociedad en su conjunto tiene una deuda con cada uno de quienes delinquen, lo que la obliga a regenerarlos, como una manera de reparar el daño, internándolos en establecimientos adecuados para tal propósito, en donde puedan recibir la atención conducente a la readaptación que los capacite para reincorporarse provechosamente a la libertad.
Así pues, aunque estemos acostumbrados a llamarla así, la segregación de los delincuentes no debe entenderse como una pena, ni como venganza o castigo de la sociedad por el delito cometido. Debe ser un proceso educativo y formativo con los medios idóneos y por el tiempo razonable para alcanzar el objetivo propuesto.
Toda vez que está probado que no se abate la delincuencia incrementando las penas, lo que deben hacer los legisladores del mencionado partido y de los demás es trabajar en el estudio de la manera de que los llamados centros de readaptación social dejen de ser verdaderos penales y escuelas de la delincuencia, para transformarlos en instituciones eficientes, manejadas por gente honesta y capaz, donde se respete la dignidad humana de los internos y se trabaje por su enaltecimiento moral e intelectual, así como por su salud y mejoramiento físico.
En suma, es preciso trabajar en el estudio de las causas que dan origen a la delincuencia, y encontrar la manera de erradicar o al menos disminuir la desigualdad social imperante.
Atentamente
Consuelo Durán Acosta








