De Ignacio Rubio A.
Señor director:
He sido lector de su revista desde hace algunas décadas. En muchas ocasiones he estado en desacuerdo con ciertas posturas y estuve tentado a enviarles mi punto de vista. En muchas otras ocasiones también me hubiera gustado felicitarlos. Me mantengo como lector de ustedes porque no hay en México una fuente de información seria, bien documentada y objetiva como la que se encuentra en Proceso. Nunca me animé a escribir, pero en esta ocasión un artículo me ha indignado profundamente por su evidente sentido hembrista, discriminatorio, excluyente y de contenido altamente violento, encriptado bajo el ya común y tradicional discurso de la “violencia masculina”. Me refiero al artículo de la señora Marta Lamas titulado La violencia de los hombres (Proceso 1838, del 22 de enero).
Me indigna porque además de cubrir todos los adjetivos que menciono líneas arriba, ofende a la condición masculina. Encontrar artículos de este nivel es fácil en pasquines, revistas del corazón y demás. Pero en una revista seria como Proceso es inadmisible, y por ello deseo expresar mi molestia.
No es posible responder a la señora Lamas con los argumentos pertinentes dado que el espacio no es suficiente para rebatir uno a uno sus pobres y trillados comentarios, pero creo que sí alcanza el espacio para lanzar las preguntas: ¿De verdad únicamente los hombres ejercemos la violencia? ¿Es posible que en el universo existan un polo negro, malísimo de maldito, y un polo rebosante exclusivamente de bondad y dulzura? En otras palabras, ¿sólo el hombre es malo y violento, y sólo la mujer es víctima inocente y carente de violencia?
Quienes a tales preguntas contesten que sí, evidentemente carecen de una perspectiva social, se han dejado manipular por el bombardeo masivo de los medios de comunicación y han leído demasiadas señoras Lamas. Cuando guste, le proporcionaré datos suficientes a la señora como para que entienda una verdad: somos tan violentos los hombres como las mujeres, aunque la violencia de ellas es menos física, se enfoca más al daño moral, al daño psicológico, y finalmente esta violencia resulta más dañina que la física. Basta acercarse a la realidad que se vive en las escuelas, en los juzgados y en todo entorno donde la mujer ejerce un poder por mayoría, donde se observan actos de injusticia de género hacia niños, adolescentes y adultos varones como una constante cada vez más alarmante. Por ello, una propuesta congruente sería aquella que contemplara la solución a la violencia femenina y masculina, así como su tratamiento, desde la más tierna infancia, tanto en hombres como en mujeres, y en justa perspectiva de sus peculiares formas según el sexo. Una postura sexista, hembrista, discriminatoria y excluyente es cualquiera parecida a la de la señora Lamas.
Como es costumbre de sus articulistas, seguramente contestará a mi comentario (si es que lo publican) obteniendo el beneficio de la última palabra, pero ello no disminuye en nada una realidad: su artículo es absolutamente tendencioso. Ya es hora de que se aborde el tema de la desigualdad de los sexos contemplando la perspectiva de ambos. Virtudes y defectos de formación. Ellas no son perfectas.
Dos preguntas a la señora Lamas: ¿Por qué considera usted que la satisfacción femenina es competencia de los hombres? Si somos iguales en las obligaciones domésticas y hacia los hijos, ¿por qué se sostiene el mito legal de que los hijos deben estar con la madre?
Una sugerencia a Proceso: Si van a permitir que personas como la señora Lamas externe su punto de vista respecto a la desigualdad de sexos, permita que una contraparte se manifieste también. Por favor, no pierdan ese sentido analítico-objetivo que alimenta de congruencia política y social a nosotros, sus lectores, permitiendo la entrada de artículos poco objetivos y sesgados.
Atentamente
Ignacio Rubio A.
i61ruai@prodigy.net.mx
Respuesta de Marta Lamas
Señor director:
Permítame dirigir una breve respuesta al señor Ignacio Rubio:
Lamento que malinterprete mis palabras.
Atentamente
Marta Lamas








