Las pesadillas de “un delator”

Canseco. Días de desprecio.
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José Canseco dijo la verdad. Desnudó el mundo de los esteroides en el beisbol a un costo que lo hace sobrevivir en el arrepentimiento. Perdió amigos. Le tatuaron el punzante mote de traidor, y lo peor: fue excluido del deporte que lo es todo para él. Ahora, colgado de esos misterios de la vida, cuando sus 47 años le pintaban un futuro anegado de desprecio y amargura, el equipo Tigres rescató al pelotero cubano, que en entrevista con Proceso confiesa que lo peor que ha vivido después de revelar la corrupción en las grandes ligas son las pesadillas. Dice que en estos sueños intenta regresar al diamante y “nadie” le abre la puerta.

CANCÚN, QR (Proceso).- José Canseco está atormentado. Hasta en sueños lo persigue el desprecio de quienes lo acusan de traidor. La vida le cambió al otrora estrella de las Grandes Ligas, desde que en 2005 publicó el libro Juiced (Dopado) en el que detalló cómo, con el silencio cómplice de entrenadores y directivos, los peloteros han usado y abusado de sustancias para mejorar su rendimiento.
El jugador de origen cubano no ha terminado de pagar el precio de haber dicho la verdad. Rompió el código no escrito del vestidor. Exhibió la doble moral de quienes conforman la liga de beisbol más importante del mundo. Se le considera un cáncer. La lepra de este deporte.
Sus revelaciones con nombre y apellido confirmaron que la llamada Era de los esteroides no es un mito, sino una escandalosa realidad que desenmascaró a decenas de peloteros, muchos de ellos que se cuentan entre los mejores de la historia: Barry Bonds, Alex Rodríguez, Sammy Sosa, Mark McGwire, Rafael Palmeiro, Manny Ramírez, Juan González, Jason Giambi, Andy Pettitte y Roger Clemens.
Por primera vez en una década, Canseco, de 47 años, está de vuelta en un campo de beisbol profesional. La directiva de los Tigres de Quintana Roo de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) le dio la oportunidad de entrenar en la pretemporada, aunque es incierto si jugará en la campaña regular o sólo fue invitado por cortesía.
En entrevista con Proceso, el pelotero confiesa que está arrepentido por la forma como destapó la cloaca porque perdió a sus amigos a quienes él mismo introdujo al mundo de los esteroides y luego los señaló con el dedo. Está consciente de que el perdón nunca llegará, pero guarda la esperanza de que alguien reconozca que sus testimonios sirvieron para limpiar este deporte.
“En el libro está la verdad de lo que pasó, pero hizo mucho daño a amigos míos que eran mis compañeros de equipo. Yo nunca pensé que iba a causar la revolución que causó. Por el libro que escribí el beisbol está mejor. Creo que ahora ningún pelotero está usando esteroides o HGH (hormona del crecimiento humano) ni otras sustancias, pero la manera cómo lo hice, diciendo los nombres de peloteros que eran mis amigos y compañeros, cuando lo pienso me doy cuenta que no estuvo bien.”
No es necesario doparse

A siete años de que publicó su libro, Canseco es como un apestado en el beisbol de Estados Unidos. Ya no tiene amigos y pareciera que nunca estuvo ahí.
–¿Es usted una persona non grata en el beisbol de Grandes Ligas? –se le pregunta.
–En el beisbol entero ya no tengo amigos. En los últimos nueve años he tratado de jugar y no me han dejado entrar. Estoy alegre de que ahora a los casi 48 años (los cumplirá en julio próximo) me estén dando chance de estar en el beisbol organizado.
–Más allá del daño que menciona, ¿piensa que haber dicho la verdad fue el inicio de la solución a un problema?
–Si lo piensas así, que el beisbol ahora está mejor, sí. Quién sabe qué hubiera pasado si yo no escribo ese libro y no menciono todo lo que pasaba. En los años en los que yo jugué (1985-2001) se podían usar (las sustancias que mejoran el rendimiento) y no iba contra ninguna ley. Ahora está prohibido en todos lados.
–¿Cómo han sido estos años para usted? ¿Cómo se lidia con el desprecio de tanta gente?
–Han sido años muy duros. Todo el mundo está contra ti. Todo el beisbol te odia. Una vez fuiste parte de la familia del beisbol y no serlo es totalmente diferente. Todavía me siento muy extraño.
–¿Considera injusta la forma como ha sido tratado? Tiene un estigma de desleal, del traidor que rompió los códigos del vestidor.
–Podríamos decir que hasta a algún pelotero en Grandes Ligas le salvé la vida o a un joven porque los jugadores piensan que hay que usar esteroides para estar en gran nivel. Ahora sé que no se necesitan los esteroides para ser un gran pelotero.
“Tengo un hermano gemelo (Ozzie Canseco) que tiene el mismo cuerpo que yo. En esos años usamos los mismos esteroides, comimos la misma comida, hicimos el mismo ejercicio y él no fue un gran pelotero en las Grandes Ligas (jugó sólo 24 partidos y jamás conectó un home run). Si tienes la mente fuerte no tienes que usar los esteroides. El único año en la liga en que no usé esteroides (1998), pesaba 230 libras (104 kilos) y di 46 home runs, empujé más de 100 carreras (107) y robé 29 bases. Fue uno de mis mejores años.”
–Si no sirven los esteroides ni las otras sustancias, ¿por qué tantos peloteros las han usado? Ken Caminiti reveló que gracias a que los usó pudo ser el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1996.
–Porque la gente cree que funcionan y la mente es más fuerte que el físico, y si pienso que lo puedo hacer con eso, así será.
–¿Usted por qué los empezó a utilizar?
–Cuando estaba en las Ligas Menores en 1984 me avisaron que mi mamá estaba en el hospital. Tomé un vuelo de California a Miami y cuando llegué estaba muerta. Ella nunca me vio jugar beisbol profesional. Ahí mismo, yo dije y le prometí que sería el mejor pelotero del mundo. Durante dos semanas estuve muy afligido y pensando cómo iba a lograrlo. Quería ser más grande, más rápido, más fuerte y saber de todos los químicos que se pueden usar para cambiar el cuerpo. Un amigo mío me incitó a usar los esteroides y los empecé a utilizar.
–¿Tiene alguna secuela en su salud por el uso durante años de todas las sustancias que utilizó?
–Estoy completamente sano. No tengo nada. Me mantengo pensado siempre positivo.
–¿Qué hace a los 47 años tratando de ganarse un lugar en la Liga Mexicana?
–El beisbol es mi adicción. He jugado desde los 12 años, y a los casi 48 le tengo el mismo amor. El beisbol me botó. Alguna vez fui uno de los que cambió totalmente el beisbol. Fui el primero en hacer el 40-40 (home runs y bases robadas en 1988) y rompí el estigma de que los peloteros que fildean bien no tienen poder y los que baten no saben fildear. Demostré que los peloteros pueden fildear bien, dar home runs y también pueden entretener.
“Yo fui un buen pelotero, que le dio mucho entretenimiento a los fanáticos que pagaban por verme. Los fanáticos gastan mucho dinero en los juegos de pelota y quieren tener entretenimiento. Cuando la gente viene al parque quiere ver algo extraordinario. Quiere ver un palo de 600 pies, quiere ver que un tipo pegue 50 home runs y que se robe las bases. Yo era eso para ellos. Simplemente quiero jugar aquí o en cualquier lugar, softball o lo que sea.”
–¿Cree que lo van a perdonar, que volverá a tener un lugar en el beisbol?
–No, imposible. No se cuántas veces he pedido perdón. Lo que yo hice estuvo mal hecho. Algunas verdades no se perdonan y otras no se deben decir.
–¿No es a la inversa? La verdad se debe decir.
–En el mundo del beisbol no se debe decir porque te destruyes la vida.
–¿Cuál era la forma correcta de decir esta verdad sin hacer daño?
–No sé. Cuando escribí el libro y lo entregué, los editores me dijeron: ‘esto no lo vamos a publicar porque no hay nombres y nadie te va a creer. Si quieres que este libro salga tienes que poner los nombres’. Yo no quería, pero después tuve que hacerlo.
–¿Por qué antes estaba convencido de que tenía que hacerlo y ahora cree que estuvo mal?
–Porque dañé a los peloteros y a la gente que confiaba en mí. No quería hacerles daño, yo quería enseñarle al mundo por qué a los 36 años ya no tenía trabajo, por qué ningún equipo me quería, demostrar por qué me botaron de la pelota y yo no podía hacer nada.
–¿Usted escribió el libro por venganza?
–Yo creo que sí. Yo estaba bravo (enojado) y no me quería ir en silencio. No quería desaparecer del beisbol así nada más, como si ya no existiera. Todo mundo sabía lo que estaba pasando, los aficionados, los peloteros, los entrenadores, los dueños.
Perjurio

Jugadores como Rafael Palmeiro o Roger Clemens estuvieron en el Congreso de Estados Unidos y bajo juramento negaron haber usado esteroides; después supimos que sí los utilizaron. Quienes están en el beisbol han sido hipócritas, muchos han mentido y después han reconocido que sí usaron sustancias dopantes, como Alex Rodríguez.
“Es el sistema. Cuando entras al club house hay un letrero que dice: ‘lo que ves aquí, lo que haces aquí, no se dice’. Es una ley entre los peloteros que aprendes. Es una situación muy extraña porque si en el club house yo veo que unos peloteros están molestando a una muchacha, esa seña dice que yo no puedo decirle a nadie, si no, me botan del beisbol. Yo creo que eso está mal.”
–¿Dice usted que con esa frase se entiende que hay que cubrir incluso conductas delictivas o reprobables que atentan contra los valores que promueve el beisbol?
–Que deben ser denunciadas, pero no es así.
–¿Alguna vez intentó llamar a alguno de los jugadores que usted señaló como usuarios de sustancias dopantes?
–Cuando los trato de localizar me mandan decir que no pueden hablar conmigo. Los llamo por teléfono, dejo un mensaje y ya. Nunca hay respuesta. No he podido comunicarme con ninguno.
–¿Fue usted muy ingenuo o inconsciente del efecto que causaría contar ese secreto a voces?
–Sí. De haber sabido lo que el libro iba a provocar nunca lo hubiera escrito. Nunca pensé que las Grandes Ligas y hasta el sindicato de peloteros se iban a juntar para ponerse en mi contra. Empezaron a llamarme mentiroso. Muchos peloteros dijeron muchas mentiras en las audiencias ante el Congreso (en la Comisión de la Cámara de Representantes para la Reforma Gubernamental en 2005) y yo me quedé ahí solo. Era uno fajándose contra millones, contra el beisbol entero y contra los fanáticos también. Fue muy difícil.
–¿Algún día le darán las gracias por lo que hizo?
–Siempre se necesita uno que ponga el pie adelante y diga gracias y que luego otros lo sigan, pero ¿quién va a tener la fuerza para hacer eso?
–¿Cree que en el fondo quienes están en el beisbol de la Grandes Ligas sienten alivio porque se está limpiando la coladera?
–A lo mejor cuando me muera dirán: “mira, sí hizo algo por la pelota, pero ya de muerto”. A lo mejor eso dirá mi epitafio: “ayudó a la pelota”. Hice algo de forma equivocada, pero ayudó. Ataqué el negocio del beisbol y eso está mal. En algún tiempo el beisbol fue mi papá y yo soy el hijo que se volvió contra su papá. Dije algo que es verdad, pero que no se debe decir.
–Los peloteros son seres libres, pensantes, con derecho a hablar y no sujetos a una ley mordaza.
–La gente piensa que es así, pero no. Eres libre de decir lo que quieres, sí, pero en un área controlada, chiquitita, sin importancia. No importa quién eres, ni el poder que tengas, siempre hay algo más grande que tú, más poderoso. Soy yo solo nada más y es muy difícil fajarme contra un ejército. Todos saben que lo publicado en el libro es verdad, pero los dueños lo que no querían es que se supiera la verdad porque fueron cómplices. Es como el señor que tiene esposa y niños; ellos saben qué están haciendo sus niños, si están usando drogas o esteroides o cosas malas. Nosotros (los jugadores) éramos los niños del beisbol y los dueños el papá y la mamá. Lo que los padres dejan hacer los niños lo hacen. Muy simple.
–Usted nunca va a estar en el Salón de la Fama, sus actos lo condenan.
–No, creo que mis números no están para eso.
–¿Por los números o por la cuestión del dopaje?
–Por los dos. Cuando yo jugué, había muchos muy buenos peloteros como Mark McGwire, Rafael Palmeiro, Barry Bonds. En comparación con los de ellos mis números se ven chiquitos.
–Mencionó a tres involucrados en el uso de sustancias dopantes. Hasta ahora la prensa especializada de Estados Unidos no ha votado para que entre al Salón de la Fama ningún jugador bajo sospecha o que se haya demostrado que hizo trampa. Parece que los están castigando.
–Creo que es una estupidez que la prensa los castigue. Insisto, los esteroides están sobrevalorados, no los necesitas para jugar beisbol. Yo no uso nada ahora, y todavía puedo sacar pelotas de 500 pies. Tengo la misma velocidad en las manos. Es una excusa. La gente no debe pensar que si usa esteroides puede ser un atleta grande. Eso es mentira.
–Dice que con Juiced no midió los efectos adversos de sus palabras, pero después publicó un segundo libro Vindicated (Reivindicado), ¿por qué lo hizo?
–Porque la compañía quiso que escribiera qué pasó después. Se trataba de refrendar que yo no estaba diciendo mentiras y que todo lo escrito en el primero libro era verdad. Ahora quieren que escriba un tercer libro sobre las consecuencias de haber escrito esos dos libros.
–¿Va a escribirlo?
–Ya está escrito. Faltan una cuantas cosas, está al 80%. Es acerca de lo que puede causar decir la verdad. Vivimos en un mundo en el que la verdad no cabe. Nunca pensé que podría volver a jugar, pero como ahora me ha pasado esto (estar con Tigres), voy a esperar. Si hago el equipo será la última oportunidad para mí. Espero que no me juzguen por mi edad, sino por lo que puedo hacer.
–¿Cuál es el peor momento que ha vivido como consecuencia de la publicación de sus libros?
–Las pesadillas.
–¿Qué sueña?
Canseco guarda silencio. Se esfuerza para que no se le salgan las lágrimas. “Que estoy tratando de jugar otra vez”, balbucea. Jala aire y resopla. “Durante nueve años he soñado que estoy pidiendo oportunidades, y no me dejan jugar. Nadie me abre la puerta”.