La exclusión en la lista de los Oscar de Drive (E.U., 2011) no hace más que reafirmar el estatus de mito al que pretende acceder esta cinta del danés Nicolas Winding Refn. Postularla por la mejor edición de sonido equivale a borrarle imagen y contenido. Hollywood no supo dónde ubicar esta sofisticada historia de venganza que parece fabricada con la suma de todas sus referencias al cine negro; un trabajo que, en resumidas cuentas, resulta un extraño engendro entre Tarantino y David Lynch.
El mecánico que interpreta Ryan Gosling, quien también trabaja de doble en escenas de cine de acción, por las noches se alquila como chofer de atracos. Taciturno y evasivo, poco a poco entabla una relación con una vecina, Irene (Carey Mulligan), que tiene un hijo de siete años; cuando el marido sale de la cárcel, un grupo de mafiosos amenaza con liquidarlos. El conductor decide defender a la mujer y al niño.
Claro, la trama de Drive está plagada de peripecias que la emparentan con el nuevo cine negro: traiciones, trampas, armas mortales, así como el antihéroe solitario, monosilábico, asesino implacable por necesidad, pero fiel a un código de honor donde caben la fidelidad y la defensa de los débiles; también Jean Pierre Melville y John Woo. Winding Refn innova y va más allá de la novelita de James Sallis en la que está basada la cinta. Primero, convierte la historia en un cuento de hadas con caballero andante, dama en peligro, dragones y villanos. Segundo, cada vuelta de tuerca es en sí la referencia de algún clásico de cine negro de los sesenta a los ochenta; y más que respetar las convenciones del género, las citas se acumulan y funcionan como comentarios a Tarantino, Peckinpah y otros directores del género, como si ya no fuera posible, en este siglo del terror y de la mala fe, hacer un néo-noir auténtico. Los admiradores del género se incomodan por la obviedad de las referencias, pero Drive es nostalgia pura del cine.
El conductor que interpreta Ryan Gosling no es un asesino a precio fijo (hitman) como el de Alain Delon en El Samurai, sino un doble de cine (stunt) con una extraordinaria pericia para manejar; su don es pretender ser y sobrevivir en condiciones de extremo peligro, su don no es matar. Drive, el personaje, es un stunt que cobra por tomar el lugar del otro, un artista del volante y de la mecánica, su territorio son las “cien mil calles de Los Ángeles”, ciudad de coches y semáforos. La secuencia de escape y persecución policiaca durante el asalto del principio, organizada como pieza musical con leitmotiv y ritmos diferentes, forma ya parte del mito de esta cinta.
Drive, la película, es también un stunt, un espectáculo donde lo que vale es el virtuosismo del director para manejar a sus títeres con los hilos del género, con piruetas imposibles como la de Gosling quien, dentro de un elevador, besa con mucho estilo a su vecina al tiempo que mata al asesino que va por su cabeza.








