Los “mirreyes” de Jalisco

Les gusta exhibirse con ropa de marca y a veces con la camisa desabotonada. Muestran orgullosos su pelo engominado y un bronceado perfecto; sonríen a lo golden boy y posan como Luis Miguel… o como el exgobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, da lo mismo: son los nuevos políticos metrosexuales, que pretenden llegar al poder con golpes de imagen.

La imagen del político de guayabera, que come birria, toma tequila y reivindica los postulados obreros es cosa del pasado. Hoy, los nuevos políticos visten ropa moderna, se peinan como actores televisivos, frecuentan los antros de moda y suelen degustar comida internacional en los mejores restaurantes.

Conocidos como los mirreyes, estos jóvenes pertenecen a una nueva tribu urbana que se siente privilegiada. Sus integrantes son pretenciosos, metrosexuales, poco interesados en cultivarse, alocados y fanáticos de los viajes; a todos les gusta la buena vida.

Por lo general compran ropa de marca y visten camisas desabotonadas. Muestran orgullosos su pelo engominado y su bronceado perfecto; siempre sonríen a lo golden boy y posan como Luis Miguel o como el mexiquense Enrique Peña Nieto. Esos son los distintivos de la moda juvenil que invade las grandes ciudades, incluida Guadalajara, donde cada vez más influye en la vida de los políticos locales.

A esta nueva tribu metropolitana se suman cada día más adolescentes de todos los partidos políticos. Lo mismo el priista Jorge Aristóteles Sandoval que el ecologista Enrique Aubry de Castro, el panista Hernán Cortés y aun el diputado perredista Raúl Vargas, quien quiere ser candidato a la gubernatura.

Los mirreyes aparecen con frecuencia en las revistas de sociales ilustradas vistiendo camisas o camisetas de marca; también exhiben su gusto por los cinturones de la firma italiana Salvatore Ferragamo con hebilla de doble gancho, así como por mocasines de la misma marca, lo que es común entre las celebridades de Hollywood.

Y para combinar sus prendas exclusivas suelen adornase con accesorios de lujo como lentes, corbatas, relojes o hasta bolsos de piel de refinadas marcas, como Prada, Gucci, Christian Dior y Dolce & Gabbana.

“Es un estilo de vida con una visión clasista y elitista que refleja a una cultura inmersa en la banalidad, donde la belleza, las influencias y el dinero se relacionan con el éxito. Al igual que los buchones, gustan de una vida de apariencia, excesos y opulencia”, dice a Proceso Jalisco el sociólogo Rogelio Marcial Vázquez.

Para el investigador del Colegio Jalisco, la élite política no elude esta moda; incluso asegura que los políticos jóvenes son los que buscan a toda costa encajar en este estereotipo urbano banal y elitista:

“Los políticos buscan proyectarse a través de una imagen que represente la belleza, reforzando al mismo tiempo los estereotipos de verse como hombres guapos, jóvenes y triunfantes, que si bien no son del todo inteligentes, por el simple hecho de ser bellos y glamurosos creen merecer llegar al poder.”

En el ámbito nacional, su máximo representante es sin duda Enrique Peña Nieto –aclamado y conocido como el mirrey lord de la política mexicana–, quien pretende llegar al mirreynato: la Presidencia de la República este 2012. Otro connotado personaje es Jorge Emilio González Martínez, el dueño del Partido Verde Ecologista de México y promotor de alocadas fiestas en su depa de Cancún, quien ahora busca postularse como senador por Quintana Roo.

Otro aspirante es el coordinador del grupo parlamentario del Partido Nueva Alianza (Panal) en la Cámara de Dipu­tados, Jorge Kahwagi, quien recientemente se sometió a una operación llamada newir para cambiar el color de sus ojos. El también empresario y exboxeador eligió el azul para sus pupilas y aspira a ingresar en el círculo de los mirreyes más bellos de la política nacional.

Esta generación con pinta de galanes exitosos busca reinventar a Mauricio Garcés, así como copiar el estilo contemporáneo del diamante negro Roberto Palazuelos y del cantante Luis Miguel, apodado Luis Mirrey, de donde tomaron el mote, según el entrevistado.

Vanguardismo impostado

 

En este aspecto los políticos jaliscienses no se quedan atrás. Han dejado a un lado su ideología para darse una vida de reyes. Hoy es común verlos conducir autos del año custodiados siempre por un par de guardaespaldas.

Incluso han refinado sus gustos culinarios, pues prescindieron de la popular birria para degustar de platillos de la alta cocina internacional que acompañan con bebidas como Moët & Chandon, uno de los champagnes más caros y prestigiados del mundo.

Sus sitios preferidos son los restaurantes VIP de la zona rosa de la ciudad como el Almacén, Cabernet y La Moresca, ubicados en el exclusivo centro comercial de Andares; también frecuentan La Estancia Gaucha, La Matera, il Diavolo, Aderezzo y Funicula, entre otros.

Marcial Vázquez sostiene que políticos jóvenes comienzan a copiar el fenotipo de las élites que imponen las tendencias a seguir e intentan mostrarse como seres afortunados que por ser bonitos merecen el éxito; dice que la inteligencia ha sido sustituida por la imagen del culto a la belleza que, lejos de brindar cercanía con las clases populares, genera una polarización social cada vez más evidente.

Y cita el caso del priista Jorge Aristóteles Sandoval, el político local más bien parecido. Según el entrevistado, además de haber mostrado su gusto por el glamur y la ropa de marca, como todo buen mirrey el exalcalde tapatío es aficionado a los viajes.

Según la información de viajes y viáticos del municipio, durante 2011 Aristóteles salió al menos 15 veces de Guadalajara: vistió Los Ángeles el 28 de abril; voló a Washington el 24 de junio, y estuvo en Ontario el 15 de julio.

Por si fuera poco, siete de sus regidores siguieron los pasos de su jefe y realizaron al menos 12 viajes a ciudades como San Petersburgo, en Rusia, y a varias localidades en Estados Unidos, todo con cargo al erario tapatío.

Todo indica que ser mirrey es requisito de admisión para puestos en las dependencias públicas del estado, pues esta moda ha permeado también entre los asistentes legislativos del Congreso estatal, así como entre los asesores del ayuntamiento de Guadalajara y Zapopan, quienes ostentan sus laptops, Ipads y Blackberrys; todos ellos patrocinados por sus papalords, es decir sus jefes inmediatos.

En el Congreso local, el principal seguidor de Aristóteles Sandoval es el líder de los legisladores del PVEM, Enrique Aubry de Castro Palomino. Nunca se le despega y apenas oculta sus afanes por logar una curul en el Senado en representación de Jalisco, aun cuando no es originario de la entidad ni cuenta con los tres años de residencia que se exigen; aunque los entendidos dicen que quizá se conforme con una diputación federal, la del distrito 14, que pelearía en alianza con el PRI.

Al diputado verde también le gusta de­jar huella de su popularidad en las redes sociales, especialmente en Facebook y Twitter; además, aparece a menudo en eventos exclusivos tanto en Guadalajara como en el Distrito Federal; lo mismo se le ve al lado de la cantante Anahí que con integrantes de la Selección mexicana de futbol, como Giovanni dos Santos. Poco le importa no saber leer en público.

Otro controvertido mirrey es el dipu­tado local panista Alfredo Argüelles Basave, ávido de cambiar las sesiones del pleno por las apuestas de Black Jack en las Vegas. En septiembre último, el exsecretario general del Congreso fue denunciado en los medios locales por haberse ausentado de la sesión en la que se discutió la solicitud de separación del cargo del auditor Alonso Godoy Pelayo.

Argüelles también ha sido cuestionado por manejos administrativos irregulares cuando se desempeñó como secretario general en la pasada Legislatura, donde hubo un faltante de 10 millones de pesos; algunos de sus pares ven con suspicacia al panista, quien estrenó residencia en diciembre pasado en el exclusivo fraccionamiento Valle Real.

Otro integrante de esta generación es Salvador González Reséndiz, alcalde de Puerto Vallarta e hijo de Rafael González Pimienta, presidente del PRI Jalisco. Este joven se ufana de haber “modernizado” el malecón de Vallarta tomando como modelo el paseo marítimo de la provincia española de Benidorm.

Salvador intenta copiar no sólo la imagen de su correligionario Aristóteles, sino también los programas sociales que éste aplicó cuando estuvo al frente del ayuntamiento tapatío; uno de sus orgullos es la pista de hielo sintético en la costa norte del estado de Jalisco para que el público la disfrute de manera gratuita.

Banalidad y mercadotecnia

 

Este club de caras bonitas que buscan aparecer en la foto incluye al exconsejero presidente del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC), David Gómez Álvarez, quien no tuvo éxito en sus aspiraciones por ocupar un lugar en el consejo general del Instituto Federal Electoral (IFE).

A su vez, los panistas que aspiran a la gubernatura del estado optaron por la difusión de imágenes photoshopeadas (retocadas) en un intento por ganar la simpatía de los ciudadanos, así sea de manera virtual. Uno de los casos más notorios es el de Hernán Cortés Berumen, quien aparece con traje oscuro y en pose de triunfador en los anuncios espectaculares desplegados en las avenidas de la ciudad.

De manera similar se comporta el exalcalde de Guadalajara, Alfonso Petersen Farah, quien disfraza las arrugas de su rostro con la ayuda del photoshop y el maquillaje que le recomiendan sus asesores de imagen. También está Fernando Guzmán Pérez Peláez, alfil del excardenal Juan Sandoval Íñiguez y del gobernador Emilio González Márquez, quien aparece en los anuncios espectaculares con una apariencia pretendidamente juvenil.

Por lo que atañe al diputado perredista Raúl Vargas López, uno de los aspirantes a la gubernatura por el PRD, también se ciñe a los nuevos cánones de la moda. En los espectaculares distribuidos a lo largo de la ciudad se ve su rostro esbozando una sonrisa. Su propósito es ganar las preferencias de los electores y desbancar a Enrique Alfaro Ramírez, el otro precandidato de las izquierdas que aspira a la gubernatura.

La figura tradicional de los actores políticos ha sufrido un desgaste, en donde el discurso y las propuestas dejan de ser relevantes ante una imperante necesidad de popularidad y visibilidad.

“Ya no se trata de llenar plazas, comer tacos, comprar votos directos ni de vestir una guayabera. Ya no hay una gran diferencia ideológica entre un partido y otro; ahora todos los partidos proponen lo mismo: seguridad, empleo, educación y combate a la corrupción. La diferencia está ahora en los eslóganes, en la belleza y en la empatía mediática que despierta cada candidato”, dice a Proceso Jalisco Alfredo Rico Chávez, coordinador de la carrera de sociología en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Según el especialista en ciencia política, desde la campaña de Vicente Fox en 2000 los candidatos y políticos han contratado a diseñadores de imagen, quienes los venden al electorado como productos de la mercadotecnia. Son estos asesores los que recomiendan a los políticos cómo vestirse y hablar ante el electorado como su fueran estrellas de televisión.

No deja de ser paradójico, dice Rico Chávez, que el gobierno panista, el mismo que generó el desencanto entre la ciudadanía por una “transición fallida”, ahora se esmere por vender una imagen de jovialidad, renovación y triunfo:

“Las encuestas reflejan que los actores políticos que más despiertan simpatía son aquellos que son vendidos como príncipes, guapos, ricos, poderosos y capaces. Esto sin duda genera un vacío en el contenido que, al mismo tiempo, nos refleja como una sociedad de analfabetas funcionales que soslaya la cultura política.”

Según Rico Chávez, si bien el espacio privado se ha vuelto cada vez más público, hoy es más banal; hoy, el electorado se preocupa más por la vida íntima de los actores políticos y por sentir una “cercanía” que por la toma de decisiones; hoy, gracias a la mercadotecnia política, la imagen ha remplazado al contenido.

Su colega José de Jesús Gómez Valle, de la Universidad de Guadalajara, explica a Proceso Jalisco que si bien la opulencia y el derroche en la clase política no es algo nuevo, destaca como novedad la simplificación de la política como una tendencia vacía acompañada de actos de pose.

Y explica: antes los discursos políticos eran extensos y retóricos; ahora lo importante es la inmediatez, el impacto, la visibilidad… y una cara linda. La frivolidad va de la mano de la opulencia, pero ahora los partidos buscan respaldar y aprovecharse de ese vacío de contenido en el consumo cultural de los ciudadanos para gobernar a través de una imagen prefabricada.

“Gobernar ya no implica conciliar intereses, sino crear una identificación empática con aquellos que son vistos únicamente como una clientela electoral”, reitera Gómez Valle.