ÁLAMOS, SON. El pasado 20 de enero se inauguró la vigésimo octava edición del Festival Alfonso Ortiz Tirado de esta ciudad del norte (FAOT). Una chulada de fiesta musical con más de 400 artistas que durante ocho días constituye las delicias de propios y extraños.
En el concierto inaugural escuchamos a la flamante Orquesta de Sonora conducida por Enrique Patrón de Rueda, máximo exponente de la dirección operística en México, acompañando a la soprano cubana Eglise Gutiérrez y al barítono mexicano Carlos Almaguer. Antes, las autoridades del Instituto Sonorense de la Cultura entregaron a éste la medalla Alfonso Ortiz Tirado 2012 por sus méritos y trayectoria internacional. Comenzó el programa con la obertura La Semiramis de Rossini, seguida del aria “Bel raggio lusingier” de la misma ópera con Eglise Gutiérrez, gran soprano esta joven que por ello está triunfando en los principales escenarios del mundo, soprano lírica pero con una voz media y graves robustos y oscuros que harían suponer se trata de una mezzo soprano, si bien al ascender al registro agudo se remonta con gran facilidad y un caudal de voz impresionante; sus agudos pianísimos son una delicia.
Hubiera sido mejor que orquesta y cantantes no usaran micrófonos, eran innecesarios en un recinto cerrado y de mediano tamaño y se habría aquilatado mejor el tamaño de las voces. En seguida “Depuis le jour” de la ópera Luise de Charpentier, un momento mágico e inolvidable, cantado con mucha pasión.
Continuó Carlos Almaguer con “Nemico della patria” de Andrea Chenier de Giordano, bien dicho, bien cantado, con voz dramática con gran escuela. Almaguer estudió siete años con Vicente Sardinero, una preparación intensa y los resultados saltan a la vista, ha ganado varios premios internacionales y hoy es solista de los más prestigiados teatros europeos. En México lo vimos hace dos años en Cavalleria Ruisticana y en Pagliacci, cantó en las dos y gustó mucho su canto y su presencia. Después “O Carlo ascolta” del Don Carlo de Verdi y “La ci darem la mano” dúo del Don Giovanni de Mozart. Y aquí nos sorprendió un Almaguer distinto, ya no en plan de barítono dramático verista, sino en bel canto dosificado, elegante y muy musical.
–Sería un gran Don Giovanni… ¿ha considerado cantar esa obra?
–Me encantaría –comentó para Proceso el barítono–, pero es que las compañías de ópera ya me tienen encasillado como dramático y no me dejan hacer otra cosa, ni audicionarles papeles belcantistas, pero yo insistiré, quiero cantar también Donizetti, Mozart, Bellini, y sé que puedo hacerlo como lo pudieron escuchar en este recital.
En la segunda parte Almaguer deleitó al público con arias de Otello y Rigoletto de Verdi, y terminaron los dos cantantes interpretando el dúo de la vendetta de esta última.
–He cantado muy poco en mi país –añadió Almaguer–, ojalá que ahora me inviten más seguido, para mí es un honor y una sorpresa recibir esta medalla, agradezco a quienes me designaron. Me sorprendió mucho Álamos, un pueblito alegre, deseoso de cultura, que abarrota los eventos, la gente se queda afuera escuchando, no ves basura ni graffitis, mucho orden. Es una Sonora muy distinta a la de las noticias de la nota roja, un festival hermoso y sorprendente que enriquece la calidad de vida del estado. Me voy muy gratamente sorprendido.
Dentro de los compromisos próximos de Carlos Almaguer está el Nabucco de Verdi en el Met de Nueva York.








