Wislawa Szymborska (1923-2012): Dos de cada mil

A la memoria de Luis Javier Garrido 
y a David Martín del Campo

 

Los tres mayores poetas europeos del siglo XX: Czeslaw Milosz, Zbigniew Herbert y Wislawa Szymborska nacieron en Polonia entre 1911 y 1923. Corresponden en México a la generación o generaciones que van de Octavio Paz y Alí Chumacero a Rubén Bonifaz Nuño, Rosario Castellanos, Jaime Sabines, Jaime García Terrés, Tomás Segovia y Eduardo Lizalde.

Milosz, Herbert y Szymborska vivieron el trágico 1939 en que su patria fue destrozada por el doble asalto de Alemania y la URSS, la ocupación nazi, los campos de exterminio –situados todos en territorio polaco–, el estalinismo y el derrumbe del orbe socialista que empezó con el movimiento de Solidaridad y la imposición del capitalismo salvaje que ha hecho pedazos nuevamente a Europa. Wislawa Szymborska ha respondido a estos cataclismos con la poesía más sabia, intensa y original de nuestro tiempo. La tragedia se da la mano con el humor, lo íntimo con lo colectivo, el ingenio con la reflexión sobre el espanto y la maravilla de estar vivos.

A raíz del Premio Nobel de 1996 no hay poeta más traducido que ella. En español disfruta la fortuna de hallar grandes traductores como Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia. Les debemos un libro para leer siempre y llevarlo a todas partes: la Poesía no completa. Apareció en 2002 con un prólogo de Elena Poniatowska y no ha dejado de reimprimirse desde entonces.

Los textos que se incluyen aquí no son los mismos del “Inventario” de cuando ganó el Nobel. Excepto “La primera foto de Hitler”, publicado hace 10 años en Letras Libres y ahora rehecho, fueron escritos en este 2012 sólo para Proceso. Como siempre, son poemas corsarios hechos a partir de las traducciones inglesas, francesas e italianas pero cotejados con los originales por alguien que sí sabe polaco. Todo sea por contribuir a que lean a esta autora prodigiosa cuando menos las dos personas de cada mil a quienes, según ella, les gusta la poesía.

Cuatro de la mañana

 

Hora entre noche y día,

Hora de dar de vueltas en la cama,
Hora de los que tienen más de treinta

años.

 

Hora vestida para el canto del gallo,

Hora en que la Tierra nunca traiciona,

Hora en que el viento sopla desde

astros apagados,

Hora del qué tal si nada queda de

nosotros.

Hora hueca,

Hora en blanco, vacía,

Hora en el fondo de las otras horas.

 

Nadie puede sentirse bien a las cuatro,

Si las hormigas se sienten bien a las

cuatro,

Hay que felicitar a las hormigas.

 

Si vamos a seguir con vida

Dejemos que den las cinco.

A unos cuantos les gusta la poesía

 

A unos cuantos les gusta la poesía,

Es decir, no les gusta a todos

Sino a la minoría de todos.
Sin contar las escuelas, donde es

obligatoria,

Y los poetas mismos,

Deben de ser acaso dos

De cada mil personas.

 

Les gusta la poesía

Pero también les gusta

La sopa de fideos.

Les gustan los halagos y el color azul,

Les gusta una bufanda vieja,
Les gusta tener la razón en las

discusiones,

Les gusta acariciar a un perro.

 

La poesía–

Pero ¿qué es la poesía?

Más de una respuesta vacilante

Se ha dado a esta pregunta.

Pero no sé y sigo sin saber y me aferro

a ello

Como a un pasamanos que me salva.

El odio

 

Miren qué vivaz está aún

Y qué bien se conserva

En nuestro siglo el odio.

Con qué facilidad logra vencer

Los mayores obstáculos.

Cuán fácil para él

Lanzarse contra alguien y someterlo.

 

A diferencia de otros sentimientos

Es al mismo tiempo más joven y más

viejo.

Por sí mismo da nacimiento a causas

que lo vivifican.

Si duerme su sueño no es eterno.

El insomnio no le quita sino le da

fuerzas.

 

Con o sin religión,

Mientras esté en la carrera;

Patria o tierra de nadie

Mientras siga corriendo.

Al principio le basta la justicia.

Después se acelera en su propio odio.

Odio.

La mueca del éxtasis de amor

Le deforma la cara.

 

Ay, esos otros sentimientos

Enfermizos y torpes.

¿Desde cuándo importa la fraternidad

Entre la muchedumbre?

¿Alguna vez la compasión cruzó la

meta?

¿A cuántos seguidores comanda la

duda?

Sólo el odio da órdenes

Porque el odio sabe de qué se trata la

cosa.

 

Hábil y talentoso, gran trabajador.

No hace falta decir

Cuánta canción de guerra nos ha

compuesto.

Cuántas páginas de historia ha

numerado.

Cuántas alfombras humanas ha

extendido

En cuántas plazas y en cuántos

estadios.

 

Seamos honestos:

El odio puede crear belleza.

En la noche profunda maravillan sus

fuegos de artificio.

Sus columnas de humo son hermosas

en el alba rosada.

Es difícil negarle patetismo a las ruinas

Y no ver un humorismo procaz

En las gruesas columnas que las

dominan.

Es un maestro del contraste

Entre el estruendo y el silencio,

Entre la sangre roja y la nieve blanca.

 

Sobre todo nunca le aburre

La imagen de un torturador bien

arreglado

Ante su víctima deshecha.

 

Siempre está listo para nuevas tareas.

Si tiene que esperar, espera.

Dicen que el odio es ciego. ¿Ciego?:

Tiene ojos tan agudos como los de un

francotirador.

Mira  valiente hacia el futuro:

Posee plena confianza.

Las tres palabras más extrañas

 

Cuando digo Futuro la primera

Sílaba pertenece ya al pasado

Y si digo silencio lo destruyo

Y cuando digo la palabra Nada

Creo algo que no cabe ya en ninguna

Inexistencia.

El cambio de siglo

 

Se suponía que iba a ser mejor

que los anteriores nuestro siglo XX

Pero no tendrá tiempo para

demostrarlo.

Sus años están contados,

Vacilan sus pasos, le falta el aliento.

Ya ha sucedido demasiado

Que se suponía no iba a suceder.

Lo que debía venir no vino.

Iban a llegar la primavera

Y la felicidad, entre otras cosas.

El miedo iba a dejar los valles y las

montañas.

Se suponía que la verdad

Ganaría la carrera a la mentira.

Algunas desgracias

Nunca más iban a suceder,

Por ejemplo la guerra, el hambre y

lo demás.

Iban a respetarse

La indefensión de los indefensos,

La confianza entre los semejantes.

 

Quien pretenda gozar del mundo

Se enfrenta a una tarea imposible.

 

La estupidez es divertida.

La sabiduría no es alegre.

La esperanza ya no es la misma

muchacha,

Etcétera. Qué lástima.

 

Dios al fin iba a creer en los humanos

Buenos y fuertes,

Pero los buenos y los fuertes

Siguen siendo personas diferentes.

 

¿Cómo vivir? –me preguntó en una carta

Alguien a quien yo hubiera querido

preguntarle lo mismo.

De nuevo y como siempre,

Ya está dicho.

No hay preguntas más urgentes que las

ingenuas.

La primera foto de Hitler

 

¿Y quién es este muñeco en pañales?

Pero si es Fito, el hijo de los señores

Hitler.

¿Llegará a ser un gran abogado

O un tenor en la Ópera de Viena?

¿De quién son estas manitas, estos

ojitos, esta naricita?

¿De quién esta pancita llena de leche?

Aún nadie sabe si serán de un impresor,

un tipógrafo,

Un médico, un comerciante, un cura.

¿Hasta dónde llegarán estas divinas piernitas, hasta dónde? ¿Llegarán al

jardín, a la escuela, a la oficina, al

matrimonio

Tal vez con la hija del alcalde?

 

Bebé, tesoro, angelito, rey de la casa.

Hoy hace un año, cuando vino al

mundo,

No faltaron señales en cielo y tierra:

Un Sol primaveral, geranios en las

ventanas,

Música de organillo en el patio,

Faustos presagios en papel rosado,

Antes del parto un sueño profético de

su madre:

Soñó con una paloma –Felicidades–,

Se le posó en la mano –Llegará el

esperado–.

Tan tan. ¿Quién es?

Está latiendo el corazón de Fito.

 

Chupón, babero, pañal, sonaja,

Gracias a Dios el nene –Toco madera–

Está muy sano,

Un gatito en su sesta,

Es idéntico a sus papás

Y a los niños de todos los álbumes

familiares.

 

No no, no vayas a hacer una rabieta

ahora.

Bajo ese paño negro va a salir un

pajarito.

 

Estudio Klinger, calle Graben, Branau,

Branau es un pueblo chico pero decente,

Sólidas firmas comerciales,

Vecinos bondadosos,

Aroma de pan dulce y jabón de olor.

 

No se escuchan los pasos del destino,

Tampoco los aullidos de los perros.

El profesor de historia

Se afloja el cuello duro

Y bosteza sobre sus apuntes.

 

JEP