Preparaba un homenaje al cineasta Gutiérrez Alea, recién fallecido Carlos Varela, ídolo de la novísima trova cubana: “Los artistas que nos quedamos somos los más polémicos e incomprendidos”

LA HABANA.- –Con ustedes: Carlos Varela.
Y cinco mil jóvenes se estremecen: palmean, levantan los brazos, se desgañitan. Desde las butacas traseras del teatro Carlos Marx –el más grande de Cuba– una ola humana avanza y se agolpa en los bordes del escenario: quieren verlo y oírlo de cerca. Guardias de la Policía Nacional Revolucionaria apenas contienen la avalancha. Jalisco Park:

Y así tengo enemigos que me quieren descarrilar
haciéndome la guerra porque me puse a cantar
pero pongo la historia por encima de su razón
y sé con qué canciones quiero hacer revolución.

Frases y estrofas que incomodan a policías y funcionarios, arrancan alaridos del respetable y la sonrisa de Varela que –con barba y cabellos largos, vestido todo de negro, con un sombrero o un pañuelo en la cabeza– recorre con su guitarra el escenario en medio de flashazos de luces multicolores.
No es, ciertamente, el típico músico cubano que toca y baila salsa o que –trovador solitario– canta sentado acompañado sólo por su guitarra. Gusta de ser comparado con el cantautor español Joaquín Sabina –quien le abrió las puertas de España–, pues “ambos somos cronistas urbanos”. Canta en Apenas abro los ojos:

Apenas salgo a la calle
alguien se empieza a quejar
se pone a hablar de mi anhelo
dice que es muy largo ya
y en la esquina hay un letrero
que dice Libertad,
que dice mi verdad.

Sudorosos, varios jóvenes se quitan la playera en pleno concierto; otros mueven la cabeza y agitan su melena como reguiletes; algunos inflan condones y –cual globos– juegan con ellos; los más brincan al ritmo de Varela. Están en éxtasis. Se lo merecen: hicieron colas interminables para conseguir boletos de entrada. Algunos, con el propósito de no perder turno en la fila, durmieron en el suelo con su bicicleta amarrada a sus pies.
–¿Por qué eres tan popular entre los jóvenes?
Entrevistado por Proceso en su modesto departamento de El Vedado, Varela –trago de ron por medio– responde:
–Les gusta la manera en que cuento historias. Creo que la gente me escucha por lo que transmito: sus propias vivencias que, también, son las mías. Sienten que esas canciones las pudieron escribir ellos, que forman parte de su vida.
–¿El que tus canciones toquen los problemas de Cuba facilita la identificación con los jóvenes? ¿Dices lo que en otro lado no pueden escuchar?
–Eso es un mito –mueve la cabeza–. Hace poco, muchos pensaron que para ser popular había que ser rebelde. Pero el público cubano se saturó con este tipo de canciones. Se quedó con las que, más allá de su crudeza, tienen un valor como obra. Una canción altamente crítica pero sin poesía, sucumbe en la misma noche de su estreno. En ese sentido el público cubano es altamente y, a veces, jodidamente exigente.
Con todo, asume su derecho a la crítica en sus canciones: “La crítica implica un compromiso social que algunos artistas no están dispuestos a asumir. Hay quienes temen que los confundan (como disidentes) y prefieren hablar en sus letras de mariposas y flores”. Dice en Memorias:

No tengo Supermán.
Tengo a Elpidio Valdés.
Y mi televisor fue ruso,
no tengo mucho más de lo que puedo hacer
y a pesar de todo lucho.

Admirador del cineasta Tomás Gutiérrez Alea –conocido en la isla como Titón y fallecido de cáncer la semana pasada–, el joven cantautor viene preparando desde hace meses un espectáculo en su honor. Se llamará Memorias, título de una de las canciones de Varela hecha a partir del famoso filme Memorias del subdesarrollo.
“Es un espectáculo complicado –dice– pues involucra a músicos, actores y directores de cine. Combinará mis canciones con actuación y escenas de sus películas.”
Según el cantautor cubano, “el espectáculo intenta mostrar mi visión de su obra, de lo que él pasó y de lo que me está pasando…”.
–¿A qué te refieres?
–A incomprensiones que tuvo la obra de Titón por su sentido crítico, pues él no trató de hacer fotografías de la realidad, sino reflexionar sobre esa realidad. Incomprensiones naturales que han surgido en una revolución como ésta, muchas de las cuales se han ido superando y otras persisten. Por ejemplo: se piensa que cualquier tipo de crítica es darle un espacio al enemigo. Yo creo que hay otras maneras de darle espacio al enemigo. Hacer arte en Cuba, reflejar de alguna manera tu entorno, con un sentido crítico, es perfectamente coherente con la manera de pensar y actuar del cubano. Provocar esa comunicación y catarsis con el público es una manera de reflexionar sobre los problemas del país en el que nos tocó vivir.
Y refiere que “a lo mejor Titón y yo somos incomprendidos, a lo mejor sus películas y mis canciones no son para esta época, se entenderán tal vez mañana”.

Estoy sentado en el contén del barrio
como hace un siglo atrás,
a veces me pasan en la radio,
a veces nada más.
Y “Memorias del subdesarrollo”
sigue gustando aún,
es extraño que a los 20 años
no se apagó su luz.

Nacido en La Habana hace 34 años, Varela es el representante más conocido del movimiento musical cubano llamado Novísima Trova. En sus inicios, estuvo directamente conectado a la ya tradicional Nueva Trova cubana, corriente musical a la que pertenecen Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola. De hecho, son ellos quienes lo dieron a conocer en algunas de sus presentaciones y posteriormente lo impulsaron:
“Cronológicamente, somos de generaciones distintas y hemos vivido distinto la realidad. Ellos en la consolidación del sistema socialista, nosotros en su evolución. Somos parte de esa generación que estudió un montón de años, se creó muchos sueños y resultó que no eran posibles. Por eso nuestras canciones reflejan conflictos de la sociedad.”
Desligado de la Nueva Trova, Varela adoptó un estilo musical más cercano al rock, al pop y al folk. A diferencia de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, sus temas son básicamente urbanos: el ruido, la contaminación, el asfalto, “los olores y dolores de esta ciudad”, comenta.
“Mi música –precisa– es una mezcla. Como cubano, me alimenté de lo que escuchábamos todos: son, guaguancó y, fundamentalmente, la Nueva Trova. Pero, como muchos de mi generación, escuché las canciones en inglés que llegaban de Estados Unidos y de Inglaterra.”
Recuerda que estas canciones estaban prohibidas en la radio local, pero que los cubanos “inventaban” una antena a la que llamaban “FM” donde escuchó a los artistas que lo marcaron: los Beatles, Bob Dylan, Paul Simon…
“Por eso –señala–, mis canciones son un híbrido, un mulato de poesía y música que intenta decir algo y decirlo bien.”
Graduado como actor en el Instituto Superior de Arte, y ya con su propia banda desde 1987, una de sus canciones más populares es Guillermo Tell:

Guillermo Tell no comprendió a su hijo
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza.
Echó a correr y el padre lo maldijo
pues entonces cómo iba a probar su destreza.
Guillermo Tell tu hijo creció, quiere tirar la flecha,
le toca a él probar su valor usando tu ballesta.
Guillermo Tell no comprendió el empeño
pues quién se iba a arriesgar al tiro de esa flecha
y se asustó cuando dijo el pequeño
ahora le toca al padre la manzana en la cabeza.

–¿Tus canciones tienen sentido político?
–No las escribo pensando en ello, no me interesa. Lo que sucede es que en este país todo se vuelve una actitud política.
“Lo que pasa es que los políticos y la política le dan dimensiones a todo, dentro y fuera de Cuba, más allá de lo que uno realmente quiso hacer.”
–¿Pero puedes pensar que tu música tiene un efecto político?
–Yo creo que tiene un efecto social. Pero creo que le han echado condimentos al mito de que uno es un cantante político. A mí ni siquiera me gusta hablar de los políticos.
–¿Te preocupa que te utilicen con fines políticos?
–Sí, sobre todo al principio. Pero ya aprendí a convivir con ello. Luego me di cuenta que es parte del ambiente dentro y fuera de Cuba.
Y reitera: “Hay gente que dice muchas tonterías. La mía es una generación que habla de su realidad con un sentido honesto. Es curioso que en los últimos años, cuando la situación se puso difícil, muchos artistas salieron envueltos en banderas cubanas y cantando panfletos revolucionarios. ¿Qué les pasó? Que se quedaron en Miami. Los que nos quedamos aquí fuimos los otros: los más polémicos e incomprendidos”.
–¿A qué te refieres con las incomprensiones?
–A eso de que un productor de la radio pase unos temas y otros no. Claro, no puedes decir por ello que eres un artista censurado, porque sí pasan algunas de tus canciones, pero hay temas que no se transmiten. Ellos le llaman criterio de selección.
–¿Tú cómo le llamas?
–Yo le llamo tontería. Creo que tienen que pasar unos años para que mañana te den una palmadita en la espalda y te digan: ‘efectivamente, eran tonterías’… Lo mismo que era tontería cuando (a principios de los setenta) prohibieron las canciones de Silvio Rodríguez.
Con todo, admite que ahora hay mayor tolerancia que hace una o dos décadas. Cree, incluso, que el futuro será mejor: “Toma en cuenta que en los medios de comunicación están, en buena medida, en manos de jóvenes”, señala.
–Por tus canciones, ¿has tenido problemas?
–Nunca. Cuando canto no viene un funcionario a pedirme las letras de lo que voy a cantar ni mucho menos las que no puedo cantar.
Carlos Varela nunca fue militante del Partido Comunista de Cuba o de la Unión de Jóvenes Comunistas. Rehúye de los políticos y nunca se ha presentado en actos musicales en apoyo a la revolución. Más aún, en una de sus canciones dice que “no cree en ideologías”.
–¿No es el compromiso ideológico lo que marca a un revolucionario?
–Eso es un estereotipo. Hay gente que dice que es revolucionario por un carnet del Partido Comunista. Yo conozco gente que no creyó en ideologías e hizo mucha revolución. La hizo con su obra, con su actitud y con su vida. Por eso digo que no creo en la ideología que me dicta, sino en la actitud honesta ante la vida.
Además, señala que “hay muchas maneras de hacer revolución. No necesariamente hay que gritar consignas. Creo que los artistas y creadores de esta sociedad hacemos revolución”.

Cada vez me parezco más a mi caricatura,
soy un gnomo y salgo a cantar vestido como un cura,
una vez te quise salvar
pero aquí me dijeron que todo está hecho,
lo que no entiendo es ¿por qué?
Cada vez me parezco más a mi caricatura,
en un árbol de esta ciudad quiero mi sepultura,
una vez quise opinar
pero aquí me dijeron ya todo está dicho
lo que no entiendo es ¿por qué? (Soy un gnomo).

Varela tiene un salario de 340 pesos cubanos que le da el Estado por ser artista. Obviamente, comenta, no le alcanza. Realmente vive de los dólares que obtiene por presentaciones en el extranjero y por las ventas de sus cuatro discos. “No creo tener lujos, pero me doy mis gusticos”, dice. Y señala que gasta mucho dinero en equipo musical y artístico para sus presentaciones.
Por su baja estatura, su tradicional vestimenta de negro y su sombrero, se le identifica como un gnomo. “Visto así por puro gusto. No es moda, y si uso el sombrero es para abrigar mis ideas”, dice jocoso.
Con tendencia a engordar, confiesa una de sus mayores debilidades: la comida, en especial la mexicana: “Esos tacos y chiles me tienen loco”. Le parecen de interés algunos grupos de rock mexicano –como La Maldita Vecindad, Caifanes, Maná y Real de Catorce–, y entusiasmado dice que, cómo no, le gustaría dar un concierto en México. Lo hizo en 1989, pero fue como parte del espectáculo de Amaury Pérez. Ahora quiere ir él solo, salvo que, juzga, “tu país está muy complicado, prometen pero nunca concretan nada”.