Los “acercamientos”

Desde el título decidido para su documento final –”puntos de acercamiento”–, los actores del teatro-mesa de la reforma electoral mostraron sus límites: se trata de “acercamientos”, dicen ellos mismos. No de consensos. No de lo que los representantes de los partidos políticos edificaron en el seminario llamado “del Castillo de Chapultepec”, y que tanto pregonó en su momento el agónico presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ni siquiera de una propuesta con forma de ley. Si algo le salió bien al secretario de Gobernación –quien, por cierto, marcó la importancia que da al espectáculo dejando el papel estelar a uno de sus subsecretarios– fue este final: los términos son de franca cesión en todo al PRD, en lo general, pero tan ambiguos que es previsible que los entusiastas del show pierdan gas a la hora de traducir, en las Cámaras, los buenos deseos en fórmulas jurídicas precisas.
Para el Partido del Trabajo (PT) el asunto va más allá del show: es show bussiness: dinero fácil, curules de regalo y porcentaje ridículo de votación para mantenerse en las tablas. Análoga euforia debe reinar entre los marginados por el voto de 1994: pueden aspirar, desde la falta de representación, a darle una dentellada al presupuesto. Todos éstos se acercarán. Bien podría haber escrito un filólogo de Güémez: “acercamiento”: palabra que viene de dos raíces: “acerco” y “miento”.
Entre las curiosidades de este acercarse está –era previsible– el proyecto de estatización de los partidos políticos. Le llaman “predominio de los recursos públicos sobre los de origen privado”. Esto equivale a premiar a los que más y mejor se acerquen al Estado, y castigar a los que consigan mayor apoyo de la sociedad. Se trata pues, a la hora de las privatizaciones económicas, de salvar a los partidos “acercados” del riesgo de la competencia para uncirlos al pagador. O de, en tiempos de frenesí “sociedadcivilista” de “desociedadcivilizar”: los partidos políticos serán sostenidos no por la sociedad, sino por el Estado. Anécdota con bases históricas: a economía estatizada, el gobierno propició partidos de los ciudadanos; a economía privatizada, partidos estatizados. Se trata de mantener el control estatal sobre alguna de las partes, para no perder el control de todo.
El capricho gubernamental consistió en tratar de demostrar que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el ex PRI y el PT podían hacer un acuerdo sin el Partido Acción Nacional en la mesa. No hay acuerdo, hay “acercamiento”. El PRD trató de vender cara su “aproximación”. Pero la ambigüedad de las expresiones deja todo el campo para que el PRI y el PT se “acerquen” más, o para que el PRD se aleje a la hora de la hora.
Entre las perlas de este collar de tantísimas vueltas puede encontrarse ésta: los “acercados” acordaron ¡consultar a sus bases! para definir posiciones sobre la integración de las Cámaras, “explorando posibilidades para fortalecer la proporcionalidad en ambos cuerpos legislativos”. De entrada, el secretario de Gobernación no podría haber tolerado esta redacción, vista la disección sintáctica que le dedicó hace algún tiempo a un texto de Manuel Camacho Solís. De salida, lo acordado –otro “acercamiento”– es una exploración, esto es, un acuerdo digamos Baden-Powell: de exploradores.
En el apartado de “modificaciones legales”, se propone la siguiente: “los partidos –los que se acercaron y se acerquen– someterían a consulta interna la estructura general y el funcionamiento del Instituto Federal Electoral”. Se necesitará mucha imaginación para traducir esto a norma. Estamos ante el ridículo o ante algo peor: con las prisas, la burocracia redactora hizo lo que quiso y anotó éste y otros goles a distancia, sin siquiera acercarse. Pero tampoco había tanta premura, pues el titular de Gobernación declaró de inmediato que la reforma estará lista “antes de noviembre”.
En fin, lo rescatable es lo que respetó los consensos del Castillo de Chapultepec. Y no se olvide, además, esto: con el aumento –”acercado”– de consejeros ciudadanos, el PRI-gobierno logrará neutralizar al grupo más independiente y democratizador del actual Consejo.
¿Dónde quedaron las belicosas amenazas y proclamas del languideciente directivo del PRD? ¿Dónde sus himnos de guerra en nombre de los acuerdos del Castillo? En una mesa sostenida por la terquedad antidemocrática del régimen que, en Huejotzingo, mostró que las leyes sólo le sirven para consagrar sus recién estrenados métodos de fraude electoral. Así los “acercamientos”: su destino es convertirse en la legalización de un aborto.