El presidente responde: la vía escogida ha sido y seguirá siendo la mejor

Nada hace cambiar de opinión al presidente Ernesto Zedillo: ni las continuas críticas de los líderes empresariales, ni los análisis de especialistas prestigiados, ni el clamor de los trabajadores, ni el escepticismo de consultoras internacionales, ni, en fin, la realidad, que cotidianamente se empeña en demostrar los efectos de la estrategia económica oficial: desempleo, carestía, recesión, altas tasas de interés, cierre de empresas…
Por el contrario, convencido de que su política económica “ha sido y seguirá siendo la que entraña menores sacrificios” para el país, el presidente Zedillo pidió a la población no “soslayar los avances y los primeros resultados del esfuerzo realizado por los mexicanos”.
Hacerlo, dijo el lunes 15 ante miembros de la comunidad bursátil del país, “es indebido”, como “insensato y ofensivo para la población” sería caer en “triunfalismos vanos”.
Justo como hace un mes –cuando se reunió en Cancún con los banqueros–, Zedillo defendió su política económica como la única viable para resolver la crisis que se inició a finales de 1994. Al inaugurar la séptima Convención del Mercado de Valores, reiteró que de haber escogido otras opciones anticrisis, el país estaría hoy “en más graves circunstancias, no habría lugar para perspectivas de recuperación y las consecuencias sociales, especialmente para la población más vulnerable, estarían siendo más graves y dolorosas”.
El presidente avaló su dicho con una comparación de cómo estaba el país en la fase más aguda de la crisis desatada desde diciembre de 1944 con la abrupta devaluación del peso, y cómo está ahora, luego de aplicado el Programa de Ajuste Económico.
Con el evidente afán de convencer, expuso el oscuro panorama de los primeros meses de 1995:
La actividad económica caía abruptamente, tanto que en el segundo trimestre el PIB cayó un nunca visto 10.5%; la inflación se desbocaba: “justamente en abril, la tasa de inflación mensual fue de 8% (más que la registrada en todo 1994); la balanza comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos “apenas empezaban a registrar un modesto ajuste” luego de un “prolongado periodo deficitario”; la deuda de corto plazo se veía explosiva: ascendía a 41,400 millones de dólares; el desempleo crecía de manera “dramática”: se perdieron, “mes tras mes, más de 80,000 asegurados permanentes en el IMSS”; las tasas de interés subían verticalmente: “tan sólo en marzo las tasas nominales de interés habían aumentado 25 puntos, mientras que la tasa de interés interbancaria había llegado a casi 110%”; el peso, por los suelos: “La depreciación y la volatilidad del tipo de cambio de nuestra moneda se agudizaban. La cotización del peso había, incluso, llegado a rebasar los 7.50 por dólar”; las reservas, también en la lona: antes de la anterior Convención del Mercado de Valores, en abril de 1995, “habían caído a su nivel más bajo en muchísimos años”: estaban en 3,500 millones de dólares; el sector privado, y en mayor medida el público, parecían tener cerrado “definitivamente por largo tiempo” el acceso a los mercados internacionales de capital; la bolsa estaba desplomada –había llegado a 1,500 puntos su principal indicador– y la banca iba rumbo a la insolvencia, “con el consiguiente colapso financiero y productivo”.
En suma, dijo el presidente Zedillo, eran de tal magnitud los problemas, que “algunos aseguraban que la recuperación económica de México tomaría lustros y que deberíamos resignarnos a ver cancelado el justo anhelo de forjar el crecimiento con empleos que los mexicanos con toda razón demandan”.
Sin embargo, expuso, una adecuada combinación de “medidas de ajuste de corto plazo” con “profundas reformas estructurales” se tradujo en lo que –insistió– ha sido la mejor estrategia económica. “Dada la gravedad de la crisis que hemos enfrentado, hace un año, como ahora, afirmo con entera convicción que la vía escogida ha sido, y seguirá siendo, la que entraña menores sacrificios frente a otras opciones.
“Si hubiésemos eludido nuestra responsabilidad, si hubiésemos diferido la toma de decisiones difíciles, por ser políticamente impopulares, o si hubiésemos caído en la simulación y la promesa demagógica, hoy el país estaría en más graves circunstancias.”
Pero no, e informó:
“Hoy, un año después de que nos reunimos con este mismo motivo de su Convención, las perspectivas del país son claramente distintas”:
La balanza comercial, en el primer bimestre de 1996, es positiva en 1,082 millones de dólares, y “contrasta fuertemente” con el déficit de 3,200 millones de dólares que había en los dos meses previos al estallido de la crisis; las exportaciones totales crecieron en el primer bimestre en más de 20%; de ellas, las manufactureras lo hicieron en 35%; las tasas de interés, aunque “continúan siendo agobiantemente altas”, se han moderado: “la tasa de los cetes, que llegó a ser de más de 90%, ha descendido 16 puntos respecto del nivel de 53% que registraba en noviembre pasado”; en los primeros meses de este año, “el tipo de cambio ha mostrado una significativa estabilidad”: la cotización del día de hoy es menor que en el último día de 1995; el principal indicador de la bolsa de valores “ha registrado un crecimiento de 105% frente al nivel más bajo que tuvo en 1995”; en la banca, “la posibilidad de un colapso se ha despejado por completo”; el sector público, “paulatinamente, ha recobrado su acceso a los mercados internacionales de capital”; “frente al monto de 41,400 millones de dólares que tuvieron el año pasado, en 1996 las obligaciones de corto plazo serán de 13,700 millones de dólares y su financiamiento está plenamente asegurado”; “el saldo de tesobonos, que en diciembre de 1994 alcanzaba más de 29,000 millones de dólares, quedó cubierto en su totalidad a mediados de febrero pasado”; el nivel actual de inflación “dista ya de ser el de hace doce meses”: la inflación de marzo “fue casi la cuarta parte de la registrada en abril de 1995 y en mayo deberá iniciar una tendencia claramente descendente”; en los últimos trimestres de 1995, las cifras muestran que el PIB creció frente al trimestre inmediato anterior. Los datos de enero de 1996, muestran que el PIB del primer trimestre será mayor al del último trimestre del año pasado; el empleo, también para arriba: en marzo el número de asegurados permanentes en el IMSS aumentó en 82,000 personas con respecto al cierre de febrero, “lo cual contrasta con la caída de casi 85,000 asegurados, ocurrida hace un año, durante el mismo periodo”. Además, entre julio de 1995 y marzo de este año, se han recuperado 236,000 trabajos, que significan 48% del total perdido durante los primeros siete meses de 1995.
Y como la Convención del Mercado de Valores –que reúne a lo más granado de los grupos financieros– era ocasión para convencer de las bondades de la política económica oficial, el gobernador del Banco de México, Miguel Mancera, hizo lo suyo: sugirió que la política monetaria seguida, y tan criticada por el sector empresarial por la restricción crediticia que supone, se mantendrá sin cambios.
“Estoy convencido de que si perseveramos en un programa económico congruente y no caemos en la tentación de adoptar atractivas pero falsas soluciones, habremos tomado, en beneficio de México, la mejor decisión.”
Al día siguiente, el turno fue para el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, quien repitió datos, tono e intención del discurso de Zedillo. Aunque agregó el expediente, usado reiteradamente en los tres últimos sexenios, de criticar a los críticos, negarles la razón, y adjudicarse la verdad como prerrogativa absoluta del gobierno.
La reforma económica puesta en marcha por el gobierno es irreversible, dijo Ortiz el martes 16. Y repitió lo que viene diciendo desde los momentos más agudos de la crisis: la estrategia económica ha impedido un mayor costo social; el programa económico permitió “superar los retos más apremiantes que enfrentaba el país”.
Por ello, afirmó, “no caeremos en la tentación, que impulsan algunas voces, de estimular un crecimiento efímero basado en el gasto público o la relajación de la política monetaria”.
Tan bien le han salido las cosas al gobierno que, dijo, “las predicciones de quienes vaticinaban que el país no podría superar estos obstáculos, y que caería en una situación de desorden y anarquía, no se cumplieron”.
Además: “Al margen de etiquetas ideológicas, los instrumentos de política económica a los que el Estado recurre, sirven, en última instancia, al propósito colectivo de propiciar condiciones para una recuperación sólida y sostenida de la economía mexicana”.