“Es un psicópata de alta peligrosidad”

Jorge o Gerardo Flores Gómez, alias Don George, El Tatuado, El Oaxaca o El Gordo, principal sospechoso del asesinato de cinco personas en la sede de la FEG, es un psicópata de alta peligrosidad, aseguran quienes lo conocen.
Consultados por Proceso Jalisco, los estudiantes sostienen que la dirigencia fegista lo reclutó a finales de los ochenta en uno de los barrios bajos de Tijuana, Baja California para que se encargara de la seguridad de la agrupación.
Al paso del tiempo, El Tatuado se convirtió en el “poder tras el trono”. Tanto, que incluso llegó a operar por encima del presidente en turno, según la información proporcionada miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), única organización de alumnos reconocida por la UdeG que enfrenta desde hace años a la FEG.
Los testimonios recogidos por la Procuraduría General de Justicia (PGJ) en torno a esos crímenes confirman que Flores Gómez vivía en el edificio fegista con su esposa Judith, dos de sus hijos y su yerno; también destacan que El Tatuado estuvo en la cárcel en 1989 por intento de homicidio y 10 años después fue detenido por robo. En ambas ocasiones salió libre.
El Tatuado lideraba el grupo élite de golpeadores fegistas y se encargaba de cobrar el “uso de piso” a vendedores ambulantes que trabajaban en las inmediaciones de diferentes planteles educativos.
De complexión robusta, moreno, de barba cana, Flores Gómez tiene tatuajes en el cuello y aparenta más de 50 años. A últimas fechas, según las autoridades estatales sobrevivía gracias al dinero que cobraba a los vendedores ambulantes en cuotas que iban de 100 a 150 pesos semanales.
Los integrantes del FEU recuerdan aun el pleito con fegistas en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), donde dos estudiantes resultaron gravemente heridos por las huestes del Tatuado.
De acuerdo con copias de las declaraciones ministeriales a las que tuvo acceso Proceso Jalisco, la FEG mantiene el control sobre todas las cooperativas de las secundarias estatales en la zona metropolitana de Guadalajara, excepto en las técnicas, donde no se permite el ingreso a los fegistas.
La federación también se encarga de la venta de refrescos en las secundarias, aun sin el consentimiento de las autoridades estatales y municipales para obtener recursos financieros.
Según los documentos, el “cobro de piso”, al estilo de las bandas del crimen organizado lo realizan los fegistas desde hace cinco décadas. Los detenidos por su presunta implicación en los cinco asesinatos aseguran que las cuotas se cobran a los vendedores de comida ubicados en las inmediaciones de las preparatorias de la UdeG y en las secundarias. Quien se niega a pagar es sometido “a bola de putazos”.
La semana antepasada se difundió en internet una información sobre el historial delictivo del Tatuado, incluso se habla de su presunta relación con el diputado federal del PRI por Jalisco, David Hernández, ambos involucrados en la muerte de Ernesto Nevares ocurrida el 25 de octubre de 1990 a las afueras del edificio de la FEG. Se desconoce si existe denuncia penal por ese hecho.
En entrevista con Proceso Jalisco, el analista Sergio Aguayo Quezada, autor del libro La charola, indica que en Jalisco tanto el PRI como el PRD y el PAN han optado por sacar provecho de la existencia de una organización perversa como la FEG.
El escritor sostiene que las administraciones panistas despreciaron la oportunidad histórica de romper con los esquemas políticos corporativos. Lejos de contribuir a la transición democrática en la entidad, el PAN terminó por utilizar el viejo aparato construido desde las entrañas del estado y de la policía política para controlar a los estudiantes (Proceso Jalisco 374).
Hace tres semanas llegaron a las redacciones de los periódicos varias fotografías en las que aparece Flores Gómez en diferentes actividades relacionadas con la FEG. Hoy, sin embargo, aunque ha sido señalado como el principal responsable del asesinato de cuatro estudiantes y un comerciante, nadie sabe dónde se encuentra.