Señor director:
Sobre el reportaje titulado Pilar Luna, pionera de la arqueología subacuática (de la reportera Jesusa Cervantes, Proceso 1825), y las cartas Precisiones sobre la arqueóloga Pilar Luna (de la doctora Elsa Hernández Pons, edición 1829) y En defensa de la subdirectora de Arqueología Subacuática (de 28 firmantes, en el número 1830 de la revista), externo la siguiente opinión, sustentada en mi participación en la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) de 1997 a 2009.
En más de 10 años que trabajé con la maestra Luna vi sus esfuerzos en la materia, pero también sus manejos autoritarios, preferenciales y en detrimento de parte de su personal, que incluyeron desde cuestiones laborales hasta accidentes. En ocasiones me desempeñé bajo protesta, como ocurrió una vez en que fui parte de una investigación alejada de la metodología científica, guiada más por publicidad y otros intereses. Lo mismo hicieron otros investigadores, en un principio ilusionados y comprometidos con la ciencia y la verdad. Al final el suscrito y ellos nos fuimos decepcionados debido a ciertos manejos turbios en agua y superficie.
La doctora Hernández se equivoca al decir que no hay teoría y metodología en la SAS, pues varios hicimos un trabajo científico, y prueba de ello son las tesis y publicaciones mencionadas en la carta de defensa. Lo cierto es que las decisiones finales de cómo y dónde se hace la investigación son de la maestra Luna. Si con ello se pierde el carácter científico, eso es otra cosa.
La maestra Luna dice que pocos arqueólogos se interesan en el tema. Falso. Soy parte de una generación de al menos 10 investigadores integrados a la SAS de 1997 a 1999, de los cuales no queda nadie. Así ha sucedido con generaciones anteriores y posteriores. La maestra Luna es incapaz de conformar un equipo de especialistas duradero; tiene gente experimentada, que son los menos, y sus incondicionales.
La doctora Hernández señala que la actividad es costosa y que hay dispendios. En parte tiene razón. En ocasiones la prospección marina se realizó a ciegas (fui responsable de la geofísica de 2000 a 2009), sin un área de búsqueda definida, en expediciones realizadas para justificar la viabilidad del Proyecto de la Flota de la Nueva España de 1630-1631, sustento de la SAS. La búsqueda de los restos de la flota se realizó en aguas de Veracruz, Campeche, Yucatán y en medio del Golfo de México, lo que indica la falta de precisión sobre su ubicación.
En una ocasión la maestra Luna me envió al mar, y al preguntarle: “¿dónde prospecto?”, su respuesta fue: “donde te diga tu corazón”. ¿Así se hace la ciencia? Si informan del descubrimiento de la flota, deberán demostrar a la comunidad científica y a la sociedad los indicadores arqueológicos que identifiquen los pecios. Hay especialistas en México y el extranjero que podrán verificarlo.
De los 28 firmantes que refutan a la doctora Hernández por no conocer lo sucedido en la SAS en 31 años, asumo que dos o tres ingresaron a la SAS en los años ochenta, uno en los noventa, algunos en la década pasada y la mayoría recientemente. ¿Qué tan profundo es su conocimiento al respecto?
En cuanto a la preocupación de la maestra Luna por su personal, fui testigo de su trato diferenciado, no por cualidades de investigación y sí por género y clase social. Trabajé con investigadoras de gran capacidad y con otras cuya falta de aptitud derivó en accidentes y que tenían gran afinidad con la subdirectora.
Respecto a los logros de la SAS, más de la mitad de los autores de ponencias, tesis y publicaciones ya no laboramos ahí, muchos debido al autoritarismo mencionado. Si la maestra Luna fue pionera de la arqueología subacuática, ahora es su lastre.
En otro logro de la SAS que está próximo a publicarse, Arqueología marítima en México. Estudios interdisciplinarios en torno al patrimonio cultural sumergido (INAH-Conaculta), soy autor del capítulo de geofísica. El libro está coordinado por la maestra Vera Moya, quién dejó la SAS tras un accidente de trabajo no esclarecido y sobre el que la maestra Luna quiso imponer su versión oficial (no cierta) por si los medios nos preguntaban.
Finalmente, coincido con la doctora Hernández: Hay “inconformes y testimonios desgarradores” de lo vivido en la SAS, dependencia inundada de claroscuros. Lo que he expuesto es sólo una parte.
Atentamente
Roberto E. Galindo Domínguez
Maestro en Ciencias en Exploración y
Geofísica Marina, arqueólogo,
tutor NAS y buzo profesional.
rgalindo@institutodegeofisica.unam.mx








