Con la ausencia de los dirigentes perredistas, Muñoz Ledo lanzó su programa de “Nueva República” y se pronunció por una alianza democrática

Con la notable ausencia de los dirigentes del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el perredista Porfirio Muñoz Ledo inició el jueves 11 su campaña para obtener la candidatura a la Presidencia de la República, bajo su programa político “Nueva República”.
Durante la ceremonia realizada ese día, manifestó que lo ideal sería “construir una sola candidatura de alternancia, que aseguraría la derrota del PRI”.
Y frente a representantes oficiales de todos los partidos políticos, con excepción del suyo y de Acción Nacional (PAN), dijo que lo anterior exige la elaboración de una plataforma común y un programa de gobierno que haga creíble y deseable para el electorado la conjunción de fuerzas políticas distintas.
En el esbozo de su “Nueva República”, estableció que el desafío no consiste sólo en trascender las ataduras “feudales” de los partidos y en acumular fuerzas para derrotar un sistema político “obsoleto”, pues “son necesarias las reformas legales que hagan posible el cambio por la vía pacífica. Las oposiciones debieran convocar a la sociedad y a sus organizaciones para crear una alianza democrática capaz de llevar al gobierno a la mesa de negociación, como ocurrió al fin del sexenio anterior, después del estallamiento de la revuelta armada”.
Consideró que las asignaturas pendientes son el ejercicio del derecho al sufragio de los mexicanos residentes en el extranjero, la reglamentación de las contiendas internas de los partidos, fiscalización efectiva de los gastos de campaña, prohibición del uso de los recursos y programas públicos con fines electorales; el acceso equitativo a los medios de información; la segunda vuelta electoral para la Presidencia de la República y el reestablecimiento del derecho de coalición y convergencia de los partidos políticos.
Explicó: “Estamos inmersos en un torbellino político que nos demanda claridad en el concepto y serenidad en la conducta. Porque la confusión y el ruido estéril sólo sirven a los propósitos del antiguo régimen. Por primera vez en la historia del país, la sucesión presidencial se presenta como una serie de eventos electorales escalonados en el tiempo. Para que la efervescencia democrática coadyuve a la transición y la consume, es menester el acuerdo político”.
Precisó que su propuesta central es elaborar y adoptar una nueva Constitución Política, que culmine y concrete la transición emprendida e inaugure un tiempo nuevo en la historia de México.
Durante la presentación de su proyecto, Muñoz Ledo fue interrumpido en 13 ocasiones por los aplausos que le brindaron políticos, intelectuales, diplomáticos, académicos universitarios y gente del pueblo que se dio cita en la “Casa del Acueducto”, situada en la colonia San Angel, al sur de la Ciudad de México.
Ante ellos, agregó: “Nos encontramos en la fase terminal de un ciclo histórico. Sin embargo, los sobrevivientes del antiguo régimen hablan todavía con acento de profetas. El pasado se resiste a morir y emponzoña el futuro. Una transición lenta y errática prolonga la agonía y retrasa cualquier alumbramiento, por lo que es indispensable despertar y concentrar la energía de la sociedad en una gran propuesta de cambio”.
Dijo que la suya tiene que ver con el fin de la tecnocracia “estéril”, evitar “los caudillismos elementales y los populismos aventureros”. “Es tiempo del debate y del acuerdo verdadero”, advirtió.
Su propuesta también incluye desterrar la corrupción y el abuso de autoridad, aboliendo el sistema presidencial; establecer un servicio civil de carrera, profesional y confiable, en todas las ramas de la administración y los niveles de gobierno; así como un Ejército “respetable y respetado, sujeto a los mandatos de la ley y no al arbitrio de los gobernantes”.
Muñoz Ledo calificó a la actual administración de “endeble, venal y ajena a la sociedad”; anunció que someterá a consulta nacional la conveniencia de trasladar la capital federal a otro ámbito de la República, como detonador del más ambicioso programa de descentralización política y económica.
Vaticinó que la sociedad civil será la protagonista primordial del próximo siglo, atacó al neoliberalismo y propuso establecer la educación obligatoria de 12 grados.