En Juárez, adiós al futbol

Era un hecho sabido que en Ciudad Juárez los sábados –cuando jugaba su equipo, Indios– descendían notablemente los índices de criminalidad. Ahora que la Femexfut desafilió a esta franquicia de su circuito, la afición no podrá encontrar un remanso de paz –aunque sea de 90 minutos– y los jugadores, además de enfrentarse a un calvario para que la directiva del club les pague meses de salarios que les adeudan, afrontan una difícil situación económica y un futuro incierto, pues a estas alturas es prácticamente imposible que algún club los contrate.

A dos semanas de que el equipo Indios de Ciudad Juárez fuera desafiliado de la liga de ascenso por la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), el calvario de los jugadores parece no tener fin y viven momentos de incertidumbre ante el futuro poco prometedor que les espera.

Además, continúan sin recibir el pago de sus salarios y la respuesta de la federación sigue sin llegar. Aseguran que el último año y medio sólo han recibido, en pequeños abonos, el equivalente a cinco meses de salario.

Tras su fallido proyecto con el club que militó en la máxima categoría de 2008 a 2010, el empresario Francisco Ibarra Molina deja al equipo hecho un desastre. El cuerpo técnico y los jugadores quedan abandonados a su suerte. Además, enfrenta una deuda global estimada en 80 millones de pesos.

Hasta ahora hay poca claridad en el proceso de venta del conjunto y de los presuntos nuevos dueños no se sabe nada.

A ello hay que agregar los problemas fiscales en que estarían involucrados los directivos del equipo, entre ellos presuntamente el propio Ibarra, quien fungió como propietario desde el nacimiento de la franquicia en el verano de 2005 hasta 2011.

El pasado 1 de diciembre, la Procuraduría General de la República (PGR) y el Servicio de Administración Tributaria (SAT) informaron que procedieron penalmente contra tres directivos del club Indios de Ciudad Juárez por evasión fiscal, que ascendería a 1 millón 358 mil 157 pesos.

Y aunque las dependencias no precisaron los nombres de los responsables ni tampoco si alguno de ellos había sido privado de su libertad, se limitaron a informar que obtuvieron del juez Sexto de Distrito de Chihuahua, con sede en esa ciudad fronteriza, el auto de formal prisión contra los directivos de la empresa Promotora Indios, S.A. de C.V., por prácticas fiscales indebidas en el uso de esquemas de sustitución laboral conocidos como outsourcing.

De acuerdo con lo anterior, el club recurrió a la “simulación de actos” para no cubrir los impuestos por concepto de retenciones sobre los sueldos de dos jugadores extranjeros y del entrenador, el uruguayo Héctor Hugo Eugui, correspondientes al ejercicio fiscal 2009.

En la temporada 2009, Indios registró en su nómina de futbolistas foráneos al paraguayo Juan Ramón Curbelo, al hondureño Emil Martínez, al argentino Horacio Giménez y al colombiano Andrés Chitiva.

Si bien la fiscalía decidió reservarse la identidad de los implicados, a las pocas horas surgieron los nombres de Francisco Ibarra, su hermano Eduardo –vicepresidente de Indios– y la contralora Beatriz África Romero como presuntos responsables del fraude fiscal. El artículo 109 fracción IV del Código Fiscal de la Federación establece una pena de entre dos y cinco años de cárcel para el defraudador fiscal.

Chitiva, delantero colombiano naturalizado mexicano, se marchó de Ciudad Juárez apenas concluyó el torneo Apertura 2008. Le dijeron que si no pagaba una cuota de protección secuestrarían a su hija. “Se asustó”, justificó Ibarra. Derivado de lo anterior, los jugadores extranjeros Ezequiel Maggiolo y Juan Ramón Curbelo enviaron a sus familias a Argentina y Uruguay (Proceso 1697).

En abril de 2010 Ibarra reveló que al menos 12 jugadores de la plantilla de Indios han sufrido amenazas de “gente mala”, que forma parte del crimen organizado. “Algunos de ellos son víctimas de extorsión; otros ya no están en Juárez. El tercer portero que teníamos se nos fue en diciembre porque estaba amenazado de muerte, por ‘gente mala’ que le pedía dinero”, dijo sin mencionar nombres en conferencia de prensa realizada en el Distrito Federal.

El presunto amenazado, Óscar Francisco Jiménez Fabela, ahora milita en Lobos BUAP, de la liga de ascenso.

El empresario recordó que un año antes el equipo perdió a Pedro Picasso, entrenador del equipo Sub-17 y exjugador de Dorados de Chihuahua, acribillado junto a su tío, Juan Picasso Lozano, tras resistirse a un asalto.

“La delincuencia organizada y desordenada está secuestrando a mi ciudad. Va más allá de los jugadores. En mi tierra tenemos más de 5 mil muertos y algunos nos hemos tenido que ir a vivir a Texas…”, dijo Ibarra al reconocer que varios futbolistas se negaron a fichar con el club por cuestiones de inseguridad.

Sin embargo, las versiones del periodista empresario –fungió como jefe de prensa del también desaparecido equipo de futbol Cobras de Ciudad Juárez– nunca fueron comprobadas; ninguno de los jugadores presentó denuncia alguna.

 

La debacle

 

Acorralado por las deudas, e imposibilitado para enfrentar la caótica situación que prevalece en su ciudad, el pasado 2 de junio Francisco Ibarra Molina decidió rendirse y anunció su salida formal del equipo que presidió durante seis años.

Así, mediante una carta dirigida a los medios de comunicación el empresario manifestó: “Hoy, a seis años de ser impulsado por gobernantes, amigos, socios del futbol, patrocinadores, empresarios, afición, etcétera, me he quedado solo casi por completo, sólo contando con Dios y mi familia”.

Ibarra, quien consiguió un rol protagónico cuando Indios llegó a las semifinales de la liguilla a mediados de 2009, reconoció que “las energías en lo mental, físico y en lo económico se me han reducido al mínimo, al extremo de ver disminuida mi salud a un grado muy preocupante e injusto para los que en mi familia me necesitan y me están perdiendo en varios aspectos”.

Un mes antes, el 5 de mayo pasado, el gobernador del estado, César Duarte, filtró la noticia: la franquicia del equipo había sido adquirida por un grupo de empresarios, venta que el propio Ibarra puso en duda horas después: “Está en veremos, todavía no se cierra nada”. Manifestó que el mandatario se adelantó al anuncio oficial.

Los nombres de los presuntos adquirientes quedaron en el mayor de los sigilos, hasta el día de hoy en que nadie de la nueva directiva da la cara, a excepción del operador Héctor Espino. En junio pasado anunció que, por “decisión de la institución”, se decidió constituir un consejo directivo, el cual estaría encabezado por él mismo y por Francisco Ibarra, quien al menos ante la Femexfut mantenía la condición de propietario de la franquicia.

Al mediocampista argentino Juan Augusto Che Gómez le ha tocado vivir el calvario con Indios, al menos en los últimos dos años, cuando el equipo ya arrastraba serios problemas financieros y era incapaz de solventar los pagos. “Sacando cuentas, de un año y medio para acá apenas nos pagaron el equivalente a cinco meses”, señala.

 

Dueños fantasma

 

La Femexfut revocó el Certificado de Afiliación de Indios de Ciudad Juárez el pasado 28 de diciembre, Día de los Inocentes, basada en los incumplimientos de los requisitos económicos con el cuerpo técnico y sus jugadores.

“Para llegar a esta situación tuvo que haber muchos errores. Mucha gente tuvo que ver en esto. Tenía entendido que el ingeniero Ibarra vendió el equipo a unas personas, pero éstas nunca se hicieron cargo. Entendía que con la venta el equipo iba a estar mejor, y fue todo lo contrario; resultó peor que cuando estaba Ibarra, quien sigue siendo el propietario porque la franquician está a su nombre ante la federación”, afirma el Che Gómez.

“Aunado a eso nunca supimos quiénes eran los dueños, y ya no lo vamos a saber. Dudo que alguien de acá de Ciudad Juárez sepa quiénes son. Sí nombraron a un presidente, pero no era el dueño; esa persona fue puesta ahí, y nada más.”

Padre de dos pequeñas y sin haber ahorrado lo suficiente a causa del incumplimiento de pagos del equipo, a Gómez le inquieta la situación. “Por el momento todo el plantel se ha quedado sin equipo, a excepción de un chico que se fue a Dorados de Sinaloa. Los demás estamos en la incertidumbre de qué va a pasar, porque por ahí también se termina el club y el trabajo. Aunque la Federación Mexicana de Futbol nos otorgó un tiempo para contratarnos, será muy difícil porque el próximo fin semana –el sábado 7– comienza el torneo. La realidad es que ahora no hay trabajo y habrá que replantearse muchas cosas en los temas familiares”.

Abunda: “Tengo comunicación con mis compañeros que están de la misma manera, esperando que salga algo y sino… tratar de agarrar algo, que salga dinero para comer y sobrevivir estos meses. Tengo la esperanza de acomodarme en algún equipo, caso contrario pondré una escuelita de futbol en Ciudad Juárez”.

Considera que a Indios “lo dejaron morir solo. Cada día era más triste. Se jugó, se trató de hacer lo mejor posible por parte del cuerpo técnico y los jugadores, pero todos estábamos solos. Nadie nos daba la cara, y el equipo solo no se podía sacar adelante. Necesitábamos el respaldo que nos hizo mucha falta. La realidad es que el fin se veía venir. Tarde o temprano tenía que pasar”.

El portero Humberto Hernández coincide con Gómez: “La desafiliación del equipo era un momento que tarde o temprano se veía venir, porque se juntaron muchas cosas, desde la comandancia; la directiva encabezada por Paco Ibarra. Desde el descenso del equipo en 2010 prácticamente se planeó mal, no se dieron los resultados, y es consecuencia de lo que pasó”.

Acepta que la desaparición del equipo afecta a la ciudad, porque era su único escape, su única diversión sabatina. “Incluso algunas estadísticas refieren que en la época en que hubo más asesinatos y delincuencia el día que jugaba Indios no había muertos en Ciudad Juárez. Eso era lo que rescataba a Indios. Fue una bolita de nieve que se fue haciendo cada vez más grande y ya no se pudo parar.

“Ni siquiera sabíamos quién era el dueño o si estaba metido el gobernador. Lo importante para ellos y para nosotros fue que se cortó ahorita porque a lo mejor en medio torneo más todas las deudas hubieran sido más grandes, lo doble de lo que nos deben, y el equipo estaría más hundido en su crisis”, apunta. Según Hernández, la anterior directiva les adeuda seis mensualidades programadas en paguitos durante un año, además de tres meses de sueldo.