César Augusto Santiago reprocha: El PRI ha abandonado sus propios documentos y no toma una posición frente a los problemas del país

Los priístas duros también sienten: César Augusto Santiago, de larga trayectoria en tareas electorales dentro del PRI, se queja de que la nueva dirigencia exhorte a los militantes a que se preparen a ser oposición, “como si ya no fuéramos la fuerza política mayoritaria en este país”.
Lamenta que los documentos básicos de la XVII Asamblea Nacional no se hayan tomado en cuenta en el último proceso electoral, “como si no existieran”; y que tampoco se haya considerado “para nada” al Consejo Político Nacional, órgano de dirección colegiada creado en la XIV Asamblea, en el que Santiago fue secretario técnico.
Se duele además de que los priístas “no han sabido estar a la altura” del presidente de la República, quien les ha dicho que hay que tomar una sana distancia, que la línea es que no hay línea, que hay que saber denunciar y proponer a tiempo. “Y bueno, parece que los priístas no hemos sabido o querido tomar determinaciones”.
Con reputación de alquimista electoral, dice que prefiere no hablar de sí mismo y afirma que las críticas a su trabajo político son parte de un “juego de perversiones fundamentalistas. Pocas veces mis adversarios se han enfrentado conmigo, siempre se hace a distancia, a mansalva, con rumores…”.

Documentos espléndidos

Entrevistado en un café-librería de La Condesa, cerca de su despacho particular, Santiago expresa sus opiniones sobre el PRI con voz pausada –a veces con un timbre de ansiedad– y ademanes suaves, casi de académico. Se remonta primero a la XVII Asamblea:
“Estoy muy satisfecho con lo que los priístas de carne y hueso lograron en ella; primero, porque quienes participaron en calidad de delegados en sus distintas modalidades, fueron todos priístas auténticos, desde connotados dirigentes seccionales hasta la dirigencia nacional, hubo ahí un ejercicio de representación real.”
Recuerda que de ahí surgieron cuatro documentos, “para mi gusto espléndidos”: declaración de principios, programa de acción, estatutos y el “documento para un eventual código de ética partidista”.
Le parecen espléndidos porque “no se suscriben a un populismo trasnochado ni son representantes de una nostalgia, de pensamiento o de acciones del pasado, sino por el contrario: son una visión moderna, propositiva, plural, civilizada, de los fenómenos políticos que se están viviendo en México y en el mundo”.
–Sin embargo, parece que no resistieron la prueba de la realidad, por lo menos en lo que se refiere a la elección de candidatos…
–Creo que este es un problema brutal que tiene el PRI en estos tiempos. El no tomar una posición frente a los problemas que se están viviendo, el no saber a ciencia cierta cuál es la posición del PRI en los problemas que vive el país. No la posición del gobierno, la posición del PRI. Si esto no se puede discutir ni siquiera dentro del partido, se trata de un problema gravísimo.
“Si los documentos de la XVII Asamblea no resultan el instrumento apropiado para que el PRI pueda hacer una nueva convocatoria social, que los cambie, que los renueve, que los reforme, pero que tenga unos documentos. No no es posible, simplemente, disimular los documentos, hacer como que no existen. Esa es una actitud que no ayuda a que un partido pueda tener una definición política clara.
“Cómo es posible que durante la última campaña, que en mi concepto ha sido una de las más difíciles que ha enfrentado el PRI en su historia, no se haya hecho ninguna referencia a la declaración de principios ni al programa de acción del partido, que los candidatos no hayan mostrado a la sociedad sus compromisos. Como que tenían… timidez para hablar de esos documentos.”
–En algunos casos, como Nuevo León y el Distrito Federal, más que timidez parecía vergüenza; no sólo no hablaron del PRI sino que tomaron distancia.
–En efecto, yo creo que se tomó una distancia inadecuada. La explicación que se pretende dar es por los famosos candados, el hecho de que se hayan acordado ciertas reglas estrictas para ser candidato a presidente de la República parece ser algo que no acaba de entenderse bien y se pretende que por la existencia de esos candados, el resto de los documentos debe correr la misma suerte. Y otra vez: si los candados no convienen, si esas reglas estrictas no convienen, dentro del PRI se debe discutir abiertamente. Y si hay convocatorias para discutir prácticamente todos los temas, por qué no discutir los temas del PRI con una gran amplitud.”
–¿Los candidatos priístas tomaron distancia de su partido por la mala imagen del mismo?
–Sin duda que la mala imagen del PRI es un problema, si yo dijera lo contrario estaría fuera de la realidad. Creo que el PRI tiene una imagen muy mala en estos momentos y que, seguramente, si no se toma una decisión pronto, este deterioro va a continuar. No veo ahora una acción que pudiera evitarlo.
Pero eso no quiere decir que “la sociedad no tenga derecho a conocer realmente que está detrás, o que está en el fondo, o que está en la esencia de este gran partido político nacional. No hay que olvidar que aun en esta contienda, con grandes dificultades, el PRI es representativo de 40% del electorado”.
–Sin embargo, muchos analistas dicen que el PRI debería desaparecer…
–No se trata de generalizar, de decir que todos, pero el problema esencial con los analistas es que estamos urgidos de una buena dosis de objetividad. No se vale satanizar entelequias o hacer debates sobre la base de generalidades. Hablar del PRI, de los priístas, de los dinosaurios, de los duros.
–De los alquimistas…
–De los alquimistas. Hablar de todo esto ayuda a algunos opinadores conspicuos para tener en el PRI un blanco fácil de ataque. Atacar esas entelequias es fácil, es cómodo, da nivel, da estatus, hace a los columnistas democráticos y hasta a algunos de ellos les justifica su larga permanencia en las instituciones académicas del gobierno sin haber producido mayor obra que valga la pena.
–Ustedes ayudan a que desde los medios se les juzgue con rigor. Por ejemplo, lo que acabamos de ver en el cambio de mandos; ¿a usted qué le pareció?
–Uno de los rasgos del PRI es su sabiduría para asimilar cambios que se viven en otras latitudes y adoptarlos dentro de la organización partidista. En México, el PRI se adelantó a otros partidos en la creación de comités seccionales, en el desarrollo de una estructura territorial, en la fundación de un instituto de estudios políticos, económicos y sociales…
“De igual manera, el PRI creó un Consejo Político Nacional (CPN) –en su XIV Asamblea, en 1990–, como un foro en el que estuviesen representados todos los niveles, todas las corrientes, todos los sectores. Y en este Consejo discutir, dialogar, entender y proponer. ¿Cómo es posible, entonces, que este Consejo tenga ya casi siete meses sin ser tomado en cuenta?”
–¿No se reunieron en la última campaña?
–El Consejo estuvo ausente, completamente ausente. O sea, nunca fue tomado en cuenta para la elaboración de las plataformas, menos para la cuestión de organización. En los asuntos de propaganda ignoro cómo se hizo, a mí me pareció pésima. No hubo una convocatoria elemental, ni para la preparación ni en el desarrollo ni para informarle a este Consejo.
Asegura que ni siquiera se le rindió un informe final sobre las campañas y que este órgano no ha tenido una sola sesión para discutir los resultados. “Entonces, de repente, el Consejo se reúne y está preocupado por las formas de cómo seleccionar al presidente del partido y a la secretaria general; se me hace que es una inconsecuencia, el Consejo tiene que exigir, primero, que se le tome en cuenta”.
Y de nuevo, puntualiza, “si ese modelo de dirección colegiada no conviene, no es suficiente, no sirve, cámbienlo. Que busquen otro modelo. Pero que se sepan las reglas de participación política dentro de este partido. No es posible que una cuestión esté impresa en los estatutos, en los documentos del PRI, y otra se esté realizando en la práctica”.

La nueva oposición

–Mariano Palacios Alcocer, en su toma de posesión, exhortó a los militantes a que aprendan a ser oposición…
–A mí no me gustó eso, aunque sea una expresión de buena fe. No me gusta incluso si uno completa la frase diciendo que tiene que aprender a ser oposición en los lugares donde somos oposición. Ningún partido tiene por qué aprender a ser oposición, los partidos están luchando para aprender a ser mayoría, quieren ser mayoría.
“De lo que se trata, es de presentar propuestas, estrategias, modelos nuevos de convocatoria social para recuperar la mayoría en donde la hemos perdido. Creo que es una frase poco afortunada.”
Diputado federal en tres ocasiones, funcionario de su partido en varios periodos, Santiago dice que siempre “había sido partidario de que los señalamientos al PRI se hicieran internamente, con fuerza, con vigor, para tomar alguna resolución. El problema es que ahora no hay dónde hacerlos. Así que si no se abren los espacios, pues los priístas van a estar opinando en la calle, en los medios, donde se pueda”.
–Uno de los debates sobre el PRI tiene que ver con su relación con el gobierno y en particular con el presidente de la República.
–Creo que el PRI no ha sabido estar a la altura del presidente. El presidente ha hecho todo lo posible para dejar que el PRI tome su propia determinación y los priístas no la hemos sabido o querido tomar. La primera observación del presidente fue que iba a mantener una sana distancia; bueno, pues habría que construir esa sana distancia, no empezar a exigir que el presidente debe estar permanentemente en el partido, apoyándolo.
“Luego, en la XVII Asamblea, recuerde usted la expresión amplia, generosa, del presidente de que la línea era que no había línea. Y lo demostró, porque en la selección de los candidatos no se ha visto que el presidente tenga una intromisión como la que se daba en otras épocas; ha dejado espacios para que el PRI los vaya llenando.
“Finalmente, después de las elecciones, el presidente dijo que el PRI tiene que aprender a denunciar y a proponer a tiempo. Bueno, señores, qué pasa, por qué no se toma ese espacio. Por qué, además, no se conoce la posición del PRI en un debate económico en el que todo mundo está opinando.”
–¿Tienen miedo los priístas a tomar decisiones solos? Manuel Garza González acaba de declarar que “la sana distancia es cerquita”.
–Yo lo que creo es que las coincidencias o las distancias son en función de principios, de programas, de proyectos; nada tienen que ver con una relación estrictamente personal.
–¿O sea que el PRI debe expresar abiertamente sus diferencias, por ejemplo, respecto del modelo económico?
–Se deben expresar y se deben discutir. Las autoridades de Hacienda han mostrado amplitud para acercarse a los partidos, discutir sus proyectos, ¿entonces por qué no hacerlo dentro del PRI, por qué el PRI no dice cuáles son sus inquietudes? Y creo que ahora el PRI no está colocado en ningún segmento de la sociedad mexicana.
–¿Usted cree que el PRI tiene futuro? Desde hace años se le está diciendo adiós…
–Tenemos un gran partido, que tiene una gran fuerza popular, que hay que conservar por el bien del país. El PRI es un partido que representa la sensatez, el profesionalismo y una búsqueda de propuestas que beneficien realmente a la sociedad.
–Hasta los críticos más duros del PRI dicen que tiene gente buena, pero a usted lo incluyen entre los malos…
Santiago se refiere al juego de “perversiones fundamentalistas”. De los legendarios carros completos del PRI –que se dice que él ayudó a aceitar–, sólo comenta que los triunfos se explican por la ausencia de oposición y por la eficacia política de su partido. Lo demás, sostiene, “son rumores”.