Para ir a los Panamericanos de Argentina, firmaron compromisos por ocho años. Muy caro costará contratar a los deportistas cubanos que deserten

LA HABANA.- Para los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Cuba se fijó dos optimistas aspiraciones: 140 medallas de oro en 307 pruebas deportivas, y cero deserciones en su delegación de 497 atletas.
Para lograr la primera, en Argentina competirán sus 47 campeones olímpicos y o mundiales; para completar la delegación, se escogió solamente a los deportistas que tienen posibilidad de obtener medallas. El resto se quedó, pese a que algunas federaciones internacionales –como la de basquetbol o patinaje– ofrecieron sufragar los gastos de los competidores cubanos.
Para la segunda meta, el Instituto Nacional del Deporte y Recreación (Inder) –máximo organismo deportivo cubano– y sus distintas federaciones firmaron con los atletas un contrato de exclusividad, que los obliga a competir por la isla durante dos ciclos olímpicos (ocho años).
Así, si alguno de los atletas acepta una oferta de un equipo profesional, sabe que el Inder puede presentar una demanda e ir a juicio legal, al término del cual podría decidirse que el atleta regrese a Cuba o, bien, que la empresa o el equipo que lo haya contratado indemnice al Inder.
La indemnización consistiría en pagar al Estado cubano lo que invirtió en los estudios del atleta –la escolaridad promedio de los integrantes de la delegación es de segundo año de licenciatura– y en su alta preparación deportiva.
Ciento cuarenta medallas de oro y cero deserciones, empero, son difíciles de lograr. Las propias autoridades deportivas tienen conciencia de ello.
“Partimos del principio de que si en los Panamericanos de La Habana, en 1991, logramos 140 medallas de oro, debemos luchar por un objetivo de esa altura. Levantar esa bandera daría a los atletas un aliento, un estímulo adicional a la buena preparación que llevamos”, dice Reynaldo Fernández, presidente del Inder.
“Ahora bien, en un análisis técnico realista, debemos obtener entre 100 y 120 medallas de oro, 45 más que en los Panamericanos de Indianápolis en 1987. Pienso que ésa sería de todos modos una actuación grande.”
Gustavo Rollé, director de Alto Rendimiento Deportivo del Inder, secunda: “pese a la tendencia creciente de triunfos deportivos cubanos en los últimos años, en Mar del Plata habrá factores adversos que no hubo en los Panamericanos de La Habana: otro clima; sin el público ni la presencia de Fidel, que es un aliento; sin el conocimiento de las instalaciones deportivas; con una delegación más reducida, y sin participar en ocho de 36 deportes, y ausentes en 139 eventos con medallas”.
Más aún: Cuba se enfrentará a Estados Unidos, que –a diferencia de lo que sucedió en La Habana– va con casi todas sus figuras. Del millar de sus atletas participantes, 75% está en franca preparación para los Juegos Olímpicos de Atlanta.
“Si Cuba logra 95 medallas de oro, obtendrá más medallas que los 39 países de América Latina. Y si alcanza 110, tendrá más que Canadá y América Latina juntos. Esa ya es, sin duda, una gran actuación”, sostiene Rollé.
Entrevistados por separado, Rollé y González comentan que la decisión de reducir su delegación se tomó bajo un criterio técnico: sólo van aquellos que tienen posibilidades reales de obtener alguna medalla. El resto se queda, aunque pudieran obtener el cuarto o quinto lugares.
“Nos comprometimos a que fuera una delegación de victoria, y queremos cumplirlo. Nos hemos preparado para ello. En el deporte no hay milagros. Se parte de una evaluación objetiva y del cumplimiento estricto de un programa de preparación”, declara González.
Hay otra razón de peso: el viaje de la delegación y su manutención representan sumas millonarias para un país sumido en una profunda crisis económica.
–Las federaciones internacionales de Patinaje y Basquetbol ofrecieron pagar los gastos de los deportistas cubanos en estas áreas si eran incluidos en la delegación. ¿Por qué no se aceptó?
–Porque no se trata de un problema económico sino técnico: nos interesan más los objetivos olímpicos que ahorro de dinero. Preferimos una delegación pequeña, aguerrida y con resultados, a deportistas que vayan de relleno y queden en últimos lugares –responde Rollé.
Entre las figuras cubanas están: Javier Sotomayor, campeón mundial de salto de altura; Félix Savón, cuatro veces campeón mundial de boxeo en 91 kilogramos; Héctor Milián, campeón olímpico de lucha grecorromana; Alejandro Puerto, campeón olímpico de lucha libre en 57 kilogramos; Odalis Revé, campeona olímpica de judo en 68 kilogramos; Pablo Lara, campeón mundial en levantamiento de pesas en 76 kilogramos; el equipo de beisbol, campeón olímpico en Barcelona; el femenino de voleibol, campeonas mundiales… y otros 39 campeones.

LAS DESERCIONES: “INFIMAS”

Antes de partir hacia Mar del Plata, los integrantes de la delegación deportiva cubana firmaron el contrato de exclusividad con sus respectivas federaciones que los obliga a representar a Cuba por dos ciclos olímpicos (ocho años).
Algunos deportistas cubanos manifestaron, a título personal y bajo el anonimato, sus dudas y objeciones. Según ellos, el contrato coarta la libertad individual para competir en otro país. Los contratos los firman con las federaciones, el Inder o la empresa comercializadora Cubadeportes. Esto, en la práctica, los convierte en representantes deportivos al estilo de cualquier país capitalista. “Más cuando se quedan con todo el dinero de las contrataciones”, dicen los deportistas.
Incluso algunos se preguntaron: si de todos modos hay dinero de por medio, ¿cuál es la diferencia entre deporte profesional y amatéur? En el fondo, comentaron, el contrato es un medio para impedir las deserciones y manejar directamente los ingresos de los deportistas.
Interrogados al respecto, González y Rollé rechazaron dichos argumentos.
El presidente del Inder fue tajante en cuanto a las deserciones. Dijo: “el contrato no es para prohibir nada, ni nos preocupan las deserciones, pues quien quiere irse se va de todos modos”.
Aseguró que las deserciones de deportistas son “ínfimas”. Señaló: “si tenemos 30,000 atletas de alto rendimiento, que se vayan 40 en cuatro años no representan un peso significativo en nuestra estructura, aunque luego se les otorgue una gran propaganda por intereses políticos”.
–Pero con ese contrato cualquier atleta lo pensará dos veces antes de desertar…
–El contrato no lo hicimos pensando en las deserciones sino en proteger el Estado cubano de los traficantes de deportistas. Quien quiera desertar puede irse y buscar los mecanismos migratorios. Otra cosa es que pueda competir o no en otro lado. La firma que lo contrate tiene que indemnizar al Estado cubano.
Rollé precisa: “el problema del contrato no es del atleta sino de la firma o equipo que lo capta. En todo caso, el documento no inhibe al deportista sino a la empresa que se lo quiere llevar”.
–¿Por qué Cuba no permite que un deportista tenga la libertad de ser contratado libremente?
Explican: la formación del atleta se debe a una infraestructura de miles de maestros, médicos y especialistas que contribuyen a que sea una gran figura. Esa inversión se realiza porque el deporte es una de las actividades sociales y educativas más importantes de la Revolución y no porque alguien cobre o reciba dinero. Ahora bien, ante la tendencia internacional de comercializar todo el deporte, el Estado cubano tiene derecho a protegerse. No sería justo que los traficantes del deporte lucren con el esfuerzo y el sacrificio que todo un pueblo invierte en los deportistas.
Agregan: “cuando un jugador es contratado por un equipo profesional, pierde sus derechos y se convierte en objeto comercial: se le compra o vende y, a veces, no puede siquiera representar su selección nacional”.
Ambos señalan que los competidores cubanos están conscientes de ello y que guardan “lealtad y gratitud” hacia la Revolución. “Cuando se discutió el contrato con los atletas, 100% estuvo de acuerdo y lo firmó”, comenta González.
–¿Cuánto cuesta formar a un deportista cubano?
González: “no hemos sacado la cuenta. Hay un esfuerzo del Estado cubano desde que el deportista es un niño: se le escoge, se le dan estudios, alimentación en nuestras instalaciones, entrenamiento especial y dosificado, equipo y material deportivo, etcétera. Luego, el deporte de alto rendimiento es muy costoso. Sólo vestir a un esgrimista nos cuesta 1,500 dólares; subir a un ciclista de pista en una bicicleta de fibra de carbono sale en 4,000 dólares.
“Lo que nuestros deportistas representan para la población en su recreación, en su patriotismo y su orgullo nacional, en su educación y ejemplo para la niñez y la juventud, es incalculable y no tiene precio alguno.”
No obstante, González y Rollé comentan que si una empresa o equipo se interesa por algún atleta cubano, puede hablar con el Inder o su federación respectiva, y tal vez se llegue a un acuerdo.
Pero advierten: “ese atleta tendría que mantenerse en el nivel amatéur, porque nosotros no vendemos jugadores a equipos profesionales. No nos interesa, va contra nuestros principios.
“El contrato, además, se aplica tras estudiar casuísticamente las propuestas y luego de tomar en cuenta un interés técnico y no comercial.”
González pone un ejemplo: el año pasado se firmó un contrato con la firma japonesa Yoahan para llevar su nombre en la playera de las jugadoras de la selección cubana de voleibol. A cambio, esa firma patrocinó su actuación en 50 partidos internacionales en Asia, lo cual de otra forma hubiera sido imposible obtener, como parte de la preparación de esta selección, que es campeona olímpica.

POR UN PUÑADO DE DOLARES

Pese a defender el deporte amatéur, el gobierno de Fidel Castro creó en 1992 una empresa que lo comercializa. Se llama Cubadeportes. Su encargado de Prensa Extranjera, Manuel Zayas, señala los límites de dicha comercialización: “no dañar el deporte amatéur ni atentar contra la estructura deportiva de Cuba”.
Enumera los mecanismos mediante los cuales el deporte cubano recibe anualmente 5 millones de dólares, que sirven para “autofinanciar” su deporte de alto rendimiento.
Asistencia técnica: contratos para que entrenadores y especialistas deportivos proporcionen asesoría a otros países, tanto a clubes privados como a organismos gubernamentales. Hay 600 en 30 países. La tarifa mínima por un entrenador es de 650 dólares mensuales, aparte de alojamiento, alimentación y viáticos.
Venta de implementos deportivos. Cuba inició la exportación de equipo deportivo de box, canotaje y remo y –con excepción de los bates de aluminio– todo lo relacionado con el beisbol.
Patrocinio en cotejos de equipos cubanos. Las firmas Mizuno de Japón y Adidas de Alemania patrocinan Cuba en 15 disciplinas deportivas a cambio de que sus uniformes lleven sus emblemas. La empresa española Larios se hace cargo de media docena de campeones cubanos de atletismo (incluido el recordista mundial, Javier Sotomayor) que compiten en los circuitos mundiales de Europa. Lo mismo hace la japonesa Yoahan con las competencias de la selección femenina de voleibol en Asia.
Organización de bases de entrenamiento en Cuba. Ofrece infraestructura deportiva y apoyo técnico de sus especialistas en la isla. Así, han entrenado en Cuba la selección de hockey sobre césped de España, el equipo de canotaje alemán y la campeona olímpica de Barcelona en medio fondo, la argelina Boumei.
Contratación de deportistas. El año pasado fueron a jugar cinco peloteros a la liga amatéur de Japón por un contrato de 4,000 dólares cada uno. Este año el número aumentará a 20, también a Japón, y otros a Italia.
–Cuba no admite el deporte profesional, pero finalmente en los contratos deportivos hay dinero. ¿Cuál es la diferencia?
González: “los pagos no son por lucro ni por promoción o propaganda. Son limitados y sirven para autofinanciarnos y pagar nuestros gastos. Los casos de los jugadores de beisbol –que van a Japón a competir en la liga amatéur– nos son solicitados para promover y apoyar ese deporte en universidades y levantar la afición que empieza a decaer”.
Y apunta: “renunciamos al autofinanciamiento si eso conlleva hacer concesiones a nuestros principios de no comercializar el deporte. Repito: los contratos de jugadores sólo son para resolver problemas técnicos del propio deporte cubano”.
Rollé señala los “riesgos” de inmiscuirse en el deporte profesional: “perderíamos al atleta por el tipo de contratos privados que existen en los circuitos profesionales, el público cubano se quedaría sin el beneficio social de la recreación y, en aras de obtener dinero, minaríamos la estructura de nuestro deporte”.
–¿No existe la tentación del profesionalismo para financiar el deporte cubano?
–No, pues lo que podamos ganar por ahí no resuelve nuestros problemas…
–Bueno, al pelotero Omar Linares (estrella del beisbol) los Expos de Montreal le ofrecieron 6 millones de dólares.
–¿Y qué son 6 millones de dólares?…
–El presupuesto del Inder…
–Pero para un país como el nuestro, eso nada significa. Mire, es probable que no se nos entienda, pero con nuestra política deportiva tenemos resultados que no obtienen países con muchos más recursos que el nuestro. Eso nos da seguridad de que no estamos en el error sino en lo cierto.