La descomposición, por el impulso económico sin avance político: Abel Beltrán del Río

Fue una perestroika “al revés”.
Desde la perspectiva de Abel Beltrán del Río, un economista “predictivo”, la descomposición del modelo neoliberal salinista proviene de la simultaneidad entre el acelerado impulso de la economía y el nulo avance político.
Citando al sociólogo William Ogburn, Beltrán del Río sustenta su explicación afirmando que cuando una parte de la sociedad avanza mucho y otras se quedan atrasadas, se crean tensiones que emergen:
“Creo que esa tensión entre el rapidísimo avance económico, basado en mantener la autoridad del sistema político tradicional, creó fricciones que finalmente afloraron.”
Prestigioso doctor en economía por la Universidad de Pensilvania, Abel Beltrán del Río sostiene, “en términos generales”, que el agotamiento de ese modelo económico neoliberal tuvo en México causas internas básicamente de orden político.
“Con la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) –dice– entraron observadores y cámaras internacionales, y toda la problemática política de México, que no se conocía en el exterior, empezó a conocerse.
“Eso le dio el foro al subcomandante Marcos, que tiene más cámaras de televisión que rifles, para tener el éxito que ha tenido con tan poca fuerza militar.”
Y a partir de allí, añade, “lo más terrible fue el asesinato de Luis Donaldo Colosio: todo eso cambió la certidumbre que se tenía en México; lo económico, que iba muy bien, se vio de repente tensionado y desequilibrado por acontecimientos políticos”.
Sostiene: “hicimos al revés que Gorbachov, quien trató de cambiar el sistema político primero para poder hacer después su perestroika, pero resulta que al cambiar el sistema autoritario tradicional que tenía, se le creó una anarquía y se le fragmentó el país”.
Director y fundador de Ciemex-WEFA, una de las empresas consultoras de mayor prestigio internacional, Beltrán del Río afirma que otro elemento que precipitó la crisis económica fue el precio del dólar: “la piedra angular del sistema”.
Dice: “teníamos un precio del dólar muy barato –un peso muy caro–, y seguimos usando por demasiado tiempo la medicina del ancla cambiaria.
“A esas razones se añade la reducción del financiamiento exterior a México: Japón ya no pudo prestar y Estados Unidos prestó menos.”
Pero Beltrán del Río –”tratamos de ser neutrales e imparciales”– opina que la crisis puede explicarse a partir de 1985, cuando la gran reforma económica, que aceleró y profundizó Carlos Salinas de Gortari, fue puesta en marcha por Miguel de la Madrid Hurtado.
Esa reforma, refiere, se sustentó en dos elementos centrales: la desestatización de la economía y la apertura unilateral de las fronteras del país cuando México ingresó, en 1986, en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio.
En el sexenio salinista, cuando la apertura se amplió con la entrada en vigor del TLC, empezó entonces un proceso de entrada masiva de importaciones. “Toda esta desestatización pretendía –y, a mi juicio, correctamente– modificar los sistemas político y económico del país.
“Creo –dice– que el sistema económico iba en muy buena dirección para enfrentar las nuevas condiciones (de avance tecnológico) del mundo moderno, aunque hubo una falla: el edificio que estábamos construyendo casi se derrumba.
“La situación comenzaba a estabilizarse –nos habíamos desbielado, nos habíamos salido de la carretera–, pero otra vez nos encaminábamos hasta que nos topamos con la piedra angular: el precio del dólar.”
Por añadidura, explica el economista, cuando se avanzaba en forma tan rápida hacia una economía moderna, se generó la tensión propia del sistema político que seguía sin modificarse.
Beltrán del Río, considerado uno de los economistas mexicanos independientes más consultados y prestigiosos en Estados Unidos, señala que las fricciones políticas –que alcanzaron su clímax con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta– atentaron contra las reservas monetarias del país, aun cuando el dólar se había dejado abaratar.
“Es en esta demora –enfatiza– cuando se empobrece a todo el país: a quienes tenían deuda en dólares o en pesos se les dobla, y es cuando aparece William Clinton como rescatador o prestamista de última instancia.”
Entrevistado durante un receso de la LXXXV Junta Trimestral Macroeconómica organizada por Ciemex-WEFA (Centro de Investigación Econométrica de México-Wharton Econometric Forescasting Associates), Beltrán del Río considera, sin embargo, que no deben desestimarse los factores externos, relativos a la reducción de transferencia de capitales, para explicar el agotamiento del modelo salinista.
En relación con el programa de ajuste anunciado el jueves anterior por el secretario de Hacienda y Crédito Público, admite que se planteó “con consistencia económica” y que puede significar la cura y el tratamiento adecuado frente a un infarto cambiario como el que se estaba registrando en México.
“Me da la impresión de que debemos ver si este programa –que es médicamente el correcto– el paciente (el pueblo) lo va a aceptar o no, y en qué medida.”
Sabe que “el pueblo” ya ha sido recetado con la misma medicina en 1982, en 1987 y ahora en 1994 y que, por tanto, es justo que la gente pregunte: “¿hasta cuándo?”.
Sugiere observar si este programa es el adecuado para reducir el impacto inflacionario de la devaluación y si es eficiente para atenuar los previsibles efectos recesivos.
Reconoce que aun cuando se está destruyendo tejido productivo, se anuncia al mismo tiempo un programa de 3,500 millones de dólares para apoyar las microempresas y darles oportunidad de renegociar sus créditos hasta por 12 años con siete de gracia.
Ante el inmediato porvenir, Beltrán del Río manifiesta incertidumbre: “ahorita, la solución de lo económico está en lo político.
“Los factores centrales que van a determinar cómo se comporta la economía son políticos; ellos determinarán si vuelve la certidumbre y, con ella, si bajan las tasas de interés, si se estabiliza el mercado cambiario y si el ahorro externo retorna.”