Desde un salón de clase del Centro Nacional de las Artes, el estudiante se podrá apoyar con videos, disco láser o de música, un cd roo y textos que están escaneados (“ya permite la Real Academia de la Lengua el término”), elementos que pueden “jalarse en la computadora de clase”.
Andrea Di Castro, coordinador del Centro Multimedia, en el Cenartes, dice su verdad acerca del fenómeno de globalización informativa que con el lenguaje de la cibernética “llegó para quedarse” en nuestro país:
–Si no estás en la red computarizada, no existes.
Y comenta a Proceso el “espíritu renacentista” en los talleres del Centro que dirige; los tan solicitados cursos de extensión académica de multimedia que reinician en abril; el beneficio de interrelacionar los talleres ahí con las otras disciplinas artísticas que brindará Cenartes; la eventual e inevitable masificación de computadoras y los criterios selectivos, “elitistas y artísticos” para proyectos en el espacio interdisciplinario que dirige.
El Centro Multimedia estructura actividades en cuatro talleres coordinados por Marina García: imágenes en movimiento y sonido (a cargo de Alfredo Salomón); gráfica digital (Rodrigo Tinoco); sistemas interactivos (Antonio Albanés), y realidad virtual (Jorge Gómez).
Andrea Di Castro, quien ha experimentado con fotografía, video y cine, cuenta la historia del Centro Multimedia a partir de la demanda que surgió con artistas que trabajan en años recientes con video y gráfica digital.
“Cuando se concibió hacer un Cenartes donde se reunieran todas las escuelas en un solo espacio, crear un proyecto como el Centro Multimedia resultaba una coyuntura ideal. Porque hablar de nuevas tecnologías es hablar de integración de las artes, es hablar de interdisciplinaridad, es decir: cuando se está haciendo un sistema interactivo interviene un músico porque hay sonido; un artista visual, un fotógrafo, el escritor.”
Estima que aproximadamente se invirtió un millón de dólares de equipamiento (a partir de que se arrancó con equipo prestado de compañías como Silicon Graphics o Apple): “es tecnología de punta que se adquirió antes de la devaluación financiera. Hay unas 60 o 70 máquinas de computadoras abiertas en dos turnos. La tecnología es de lo más avanzado en el mundo”.
–¿Hasta qué punto el Centro Multimedia será sólo para “niños ricos” con posibilidades de adquirir la tecnología de punta?
Pionero en arte digital en México donde radica desde 1966, Di Castro deja el discurso “no lineal” que lo caracteriza y cuida las palabras:
–El arte es una experiencia individual, es un problema de talento. El acceso a multimedia es un problema que se tiene que fundar más en cuanto al talento que al conocimiento previo de los medios.
Ejemplifica con el taller de realidad virtual, abierto para 15 personas, que sorpresivamente recibió más de 150 solicitudes:
–Para elegir no seleccionamos si alguien tiene conocimiento previo de la máquina, eso no interesa porque lo podemos enseñar. Lo importante es: ¿tiene el artista algo qué decir con la máquina? Si es así, nos interesa. En ese sentido sí es elitista, porque los creadores son una élite pensante, preocupada. Hay un jurado para cada esfera, un comité que selecciona los proyectos.
Nacido en Roma en 1953 y experimentador independiente desde 1970, ahonda en la fuerza de los objetivos de los talleres:
–Lo fundamental es ¿qué queremos hacer? Porque sucede igual si quieres entrar en el Centro de Capacitación Cinematográfica, puede haber 500 solicitudes y aceptarán 20. Entonces criticarán: “Es elitista”. Lo importante es poner la máquina al servicio de los artistas.
Así, la meta es “desmitificar” la idea de que la tecnología se encuentra exclusivamente en manos de quienes la conocen.
–Vamos a buscar lenguajes y utilización de esta tecnología en un sentido más humano, más expresivo, porque el artista es quien se pregunta ¿qué somos, a dónde vamos, qué hay que hacer con todo esto?
Explica Di castro que el proyecto Multimedia abarca tres vertientes:
1. La expresiva: tecnología al servicio de los creadores.
2. La didáctica: tecnología en apoyo a la enseñanza de las artes.
–Incluye –dice– no sólo las escuelas sino los centros de investigación que están en La Torre, o sea: el de teatro “Rodolfo Usigli” (CITRU), el Cenidi-Danza “José Limón”, el de artes plásticas (Cenidiap) y el musical (Cenidim). Todas esas investigaciones a través de esos sistemas interactivos tienen una salida de información. Es decir, la tecnología es también una forma de publicar y difundir esas investigaciones.
3. La conservación: transferencia de medios, en forma digital, del acervo que hay en los centros de investigaciones.
El interés por la Multimedia ha provocado abrumadoras publicaciones sobre el tema. La revista Newsweek dedicó su número del 27 de febrero a “las dos sociedades” en que está dividido Estados Unidos por la tecnología. Una corresponde a los poseedores de computadoras, y otra a la que no tiene acceso.
Multimedia Today de enero-marzo ofrece un perfil sobre las mujeres en multimedia, y otro artículo versa sobre la nueva generación “M al cuadrado” (multimedia). Di Castro se muestra optimista a futuro (“la computadora debe estar en casa”).
Usa una metáfora casi mediterránea:
–La computadora no cuesta nada, lo que tiene adentro es arena del mar. Es silicio. Sus costos son más bien de investigación, podrían bajar y se tiene que masificar. Será como el teléfono, nuestra mediación con el exterior. En sentido mcluhaniano, la extensión de nuestra memoria, actividades, escritura, ojo, oído, en fin, nos liberará de muchas cosas.
Insiste:
–La computadora tarde o temprano estará más presente en nuestra vida cotidiana. La integración de los pueblos en la Unesco la miden en números de computadoras por habitante en los procesos de globalización. En Estados Unidos si no se sabe manejar una computadora no se consigue trabajo. Si México no desarrolla esa integración de la tecnología, la brecha como país en vías de desarrollo y el primer mundo, será mayor.
Usa la metáfora del educador renacentista:
“Volvemos al papel del maestro que no es el transmisor de información únicamente, porque eso lo puedes hacer a través de una computadora, sino del que cuestiona el para qué de la tecnología. Vamos a regresar al papel del maestro que enseña en cuanto a ese espíritu renacentista del taller: involucrar a los creadores e invitar a artistas reconocidos o alternativos.”
La red de fibra óptica de Cenartes se ligará a la red Internet mundial, la cual es una analogía del Aleph de Jorge Luis Borges, “la biblioteca que no está en ningún punto fijo”, según Di Castro.
“Son conceptos muy interesantes a los que nos estamos acercando con esto de la utilización de la tecnología en el campo cultural. La red Internet en México está creciendo y se va a integrar a nuestra cotidianidad. Sin la red, simplemente no existes.”








