Ponencia retorcida en el Foro Fotográfico de Jalapa

La edición 1995 de Crónicas Fotográficas, organizadas como un foro México-Estados Unidos, se desarrolló del 22 al 25 de febrero pasado y su apretado programa incluyó: exposiciones, revisión de portafolios, mesas redondas y conferencias individuales. Los organizadores fueron: Alejandro Castellanos, Miguel Fematt y Alberto Tovalín. La Universidad Veracruzana y el gobierno del estado, a través del Instituto Veracruzano de Cultura, patrocinaron, y se contó con el apoyo del Consejo Mexicano de Fotografía, el Centro de la Imagen, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas. Respaldo suficiente para trabajar sin sobresaltos. La concurrencia, preponderantemente juvenil, fue numerosa. Prestigiosas figuras de la producción y la promoción de la fotografía estuvieron presentes para hablar, compartir, comentar, aconsejar, hacer planes y comprometerse en proyectos.
De Estados Unidos llegaron Fred Baldwin, presidente de FotoFest de Houston, Texas; Kerry Tremain, creative director de la revista Mother Jones de San Francisco; Keith McElroy, de la Universidad de Arizona; Wendy Watriss, directora artística de FotoFest; Edward Ranney, de la Universidad de Nuevo México; Chales Biasiny-Rivera, del grupo Foco de Nueva York… La Embajada de Estados Unidos en México aportó la pulcra exhibición Canciones de mi gente, acciones cotidianas de decentes personas de color tomadas por amables fotógrafos de color; itinerante organizada por la Galería de Arte Corcoran, de Washington, DC, para la Agencia de Información de Estados Unidos, y en Jalapa se instaló en la sala de temporales del Museo de Antropología. En la galería “Ramón Alva de la Canal” de la Universidad Veracruzana, el Consejo Mexicano de Fotografía presentó los trabajos de los premiados y mencionados (27 fotógrafos en total) en la Primera Bienal de Fotoperiodismo. La Fototeca del INAH, con sede en Pachuca, Hidalgo, prestó tres selecciones en copias contemporáneas de sus fondos históricos. No muy bien hechas y peor tituladas las de Romualdo García, pasables las de Tina Modotti y realmente buenas las de CB Waite.
Además de los veracruzanos y capitalinos, llegaron para participar en diversas actividades, entre otros, Socorro Chablé de Yucatán, Felipe Covarrubias de Jalisco, Roberto Hinestrosa de Baja California, Joel Montoya de Sonora, José Hernández-Claire de Jalisco, Eleazar López de Hidalgo, Víctor Rendón de Yucatán, José Magariño de Oaxaca.
Sólo hubo dos conferencias individuales: el 23 de febrero Wendy Watriss relató contenidos y experiencias de las cinco ediciones de FotoFest. El 24 el peruano-estadunidense Fernando Castro, maestro de escuela en Houston, fotógrafo, crítico y coleccionista de fotografía, dio lectura al discutible texto Crossover dreams, comentarios sobre la fotografía latinoamericana, donde esbozó un panorama que desvirtuaba intencionadamente el desarrollo de la fotografía en el subcontinente, situándose por lo mismo entre el grupo que pretendía descalificar: “las personas que escriben sobre fotografía en América Latina son críticos de arte pobremente preparados para entrar en el reino de la fotografía”.
A 17 años del Primer Coloquio Latinoamericano de Fotografía, celebrado en la ciudad de México en mayo de 1978, Fernando de Castro pretendió cargarle la culpa de una retórica dogmática. Sin tomar en cuenta la efectiva pluralidad de criterios artísticos, estéticos, técnicos y analíticos que campearon tanto en el Coloquio como en la Primera Muestra de la Fotografía Latinoamericana y los talleres paralelos que estuvieron a cargo de Gisele Freund, Jack Welpot, Allan Porter, Mario García Joya, Cornell Capa, Lucien Clergue, Camilo Lleras, Jaime Ardila y otros, Fernando Castro afirmó en Jalapa: “la retórica del Coloquio sirvió para exacerbar más la conexión entre producción fotográfica y compromiso político. A nivel internacional se llegó a pensar que había una esencia de lo que era fotografía latinoamericana; a saber: una fotografía en el modo documental, directa, humanista o politizada. A otros tipos de fotografía ni siquiera se les consideraba auténticamente latinoamericanos”. Semejante mentira no puede sino indignar. Baste recordar un párrafo de la carta que Pedro Meyer me envió el 12 de mayo de 1977, cuando estábamos enfrascados ya en los difíciles trabajos preparatorios: “… que la participación de todos nosotros y el libre juego de ideas permiten florecer aquéllas que realmente sean más oportunas, así nacerá un proyecto con capacidad de dar cabida a tantas inquietudes que muchos compartimos”.
Ni en el primer ni en el segundo coloquios hubo “alarde político” o “preferencias visuales”. Podrían testimoniarlo Sandra Eleta de Panamá, Héctor Méndez Caratini de Puerto Rico, Luis Abreu de Brasil, José Pablo de Aguinaco de México, Claudia Andújar suiza nacionalizada brasileña que envió uno de sus ciclos sobre los indios Yanomami. En un texto anexo ella decía: “se acabaron las imágenes descriptivas de lo cotidiano para colocar a esta gente frente a lo eterno. Un pueblo que vive dentro de espacios circulares, cerrados sobre su mundo sin horizontes, donde nadie tiene respuesta para los misterios de la naturaleza, donde los hombres inventan un mundo mítico de seres fantásticos con poderes para mediar, curar, matar, explicar la muerte. La armonía de las relaciones hombre-naturaleza-elementos”.
Traducido al inglés, el texto de Fernando Castro circulará por Estados Unidos divulgando otra mentira: que el Primer Coloquio asumió una actitud antiestadunidense, cuando en verdad su posición fue en todo momento antiimperialista. En el acta levantada tras la reunión preparatoria del 17 de febrero de 1977 se decía: “se acordó que los financiamientos para estos eventos serán manejados por instituciones que no tengan nexo alguno con representantes del imperialismo, los cuales pudieran manipular este evento para fines políticos, y que no respeten, respalden y entiendan el espíritu libertario latinoamericano, que deberá estar presente en todo momento”. En otra parte de esa acta se especificaba: “los organizadores mexicanos de este coloquio están conscientes de su responsabilidad ante los demás países del hemisferio. Se trata de proporcionar un foro en donde se compartirán inquietudes en el campo del arte fotográfico”. Es tiempo que Fernando Castro y otros deformadores de la historia lo aprendan.