Excolaboradores de Salinas, Miguel Mancera y Guillermo Ortíz se contradicen al explicar la debacle

La exigencia del expresidente Carlos Salinas de Gortari al gobierno de Ernesto Zedillo para que reconozca como suyos los errores que generaron la crisis económica actual provocó que los actuales responsables de ese sector incurrieran en notorias contradicciones cuando se les obligó a responder públicamente.
Sin proponérselo, entrampados en identificar al o a los culpables de la crisis, Miguel Mancera Aguayo y Guillermo Ortiz Martínez ganaron tiempo para explicar por qué no funcionan del todo sus acciones y la salida de los problemas que se ve aún muy distante.
El gobernador del Banco de México, Miguel Mancera Aguayo, reconoció que las medidas que aplicó el gobierno de Zedillo para enfrentar la devaluación no fueron, a la larga, las más “acertadas”.
El secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz Martínez, señaló, en cambio, que el error fundamental se produjo en la administración salinista y consistió en haber “descansado excesivamente en el ahorro externo a corto plazo” para financiar los desequilibrios de las cuentas externas.
Ambos funcionarios, miembros también del equipo de gobierno de Salinas de Gortari, optaron, de esa manera, por caminos contrapuestos para definir su posición.
Mancera Aguayo, en el mismo puesto que ocupó en el sexenio pasado, dio a conocer su postura en una conferencia de prensa en la Cámara de Senadores, al concluir, el miércoles 1, su explicación a los miembros de la Comisión de Instituciones de Crédito sobre las llamadas unidades de inversión o Udi.
Ortiz Martínez, subsecretario de Hacienda con Salinas de Gortari, habló ante diputados y senadores de la Comisión de Hacienda y Programación y Presupuesto de ambas cámaras legislativas.
La semana anterior, dominada por noticias sobre los casos Colosio, Ruiz Massieu y Chiapas-EZLN, se caracterizó también por la poco favorable respuesta de los inversionistas al anuncio de la puesta en práctica de diversas medidas de carácter económico-financiero tendentes a atemperar los efectos de la crisis.
La Bolsa Mexicana de Valores tampoco reflejó en su principal indicador la supuesta “buena acogida internacional” a las medidas políticas del gobierno, como el encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari que, en palabras del propio presidente Zedillo, significó “el fin de la impunidad”.
La semana del 27 de febrero al 3 de marzo la Bolsa ni ganó ni perdió, prácticamente; pero la anterior tuvo caídas que no se producían desde octubre de 1988.
Preocupaciones muy concretas son las que orillaron, el martes 28, a Miguel Mancera Aguayo a anunciar una serie de medidas económicas de carácter técnico, “que buscan superar” las dificultades que la inflación genera para la captación de recursos financieros y para el servicio de las deudas.
Mancera Aguayo dijo que con esas medidas “se trata de ofrecer al público y a los bancos defensa contra algunas dificultades y riesgos planteados por la situación actual”.
Entre estos instrumentos financieros y bancarios, sobresale la puesta en marcha de una unidad de cuenta, llamada, para facilitar el lenguaje, Udi (unidad de inversión).
El gobernador del Banco de México explicó que estas medidas “están destinadas a garantizar que los depositantes y demás acreedores de buena fe de los bancos no sufran pérdida alguna con motivo de sus inversiones en instituciones de crédito…”.
Al día siguiente, miércoles 1 de marzo, con el rechazo abierto y el voto en contra anunciado por las fracciones parlamentarias de los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y del Trabajo, Guillermo Ortiz Martínez defendió los acuerdos financieros de rescate firmados con Estados Unidos. También hizo apasionada argumentación contra los riesgos de la moratoria o la suspensión de pagos, pese a que nadie, en ningún momento, pidió que el gobierno optara por esa vía.
“Hoy por hoy, es nuestra mejor opción, no nos engañemos. El irnos por otro camino puede ser muy emocionante, muy emotivo… Nos envolvemos en la bandera y decimos: `todo mundo, vámonos por otro lado, vamos a desconocer nuestros compromisos, vamos a la moratoria, vamos a la suspensión de pagos. Eso suena muy bien, pero las consecuencias serían desastrosas.”
El secretario de Hacienda negó que el gobierno del presidente Zedillo haya hecho “una referencia” a los “errores de diciembre” a que aludió Carlos Salinas de Gortari, y aunque no responsabilizó explícitamente de la crisis la administración pasada, tampoco hizo la aclaración que demandó el expresidente.
Nervioso, Ortiz Martínez quiso conciliar:
“Lo que es importante señalar es que creo que no hubo, desde luego, ni por parte del Banco de México ni de las autoridades de entonces, el propósito de precipitar una crisis de la magnitud que se hizo (sic). Es un hecho que nadie pensaba que, digamos, el hecho de que tuviéramos que llegar al abandono de la paridad cambiaria iba a precipitar un problema como en el que estamos hoy. O sea, la dimensión del problema superó con muchísimo cualquier expectativa negativa que se hubiera tenido en relación con el abandono del tipo de cambio.”
Voces del exterior se han sumado a la polémica. En una conferencia organizada el viernes 3 por el Instituto Brookings, en Washington, el subsecretario de Comercio para Asuntos Internacionales de Estados Unidos, Lawrence H. Summers, comentó:
“Entonces, ¿qué salió mal? Como un negocio muy sano que produjo algo nuevo, de alta calidad y a bajo costo, pero que se endeudó demasiado, México se metió en problemas a pesar de sus fuertes bases económicas. México hizo lo que en retrospectiva fueron errores críticos en política macroeconómica durante el año pasado. No obstante muchas expresiones de preocupación de funcionarios estadunidenses y otros, en el sentido de que la política mexicana era insostenible, los mexicanos se aferraron rápidamente al punto de vista de que las pérdidas en las reservas del país no ameritaban ajustes de política. En lugar de eso, los funcionarios mexicanos atribuyeron la pérdida de reservas a lo que parecían sacudidas políticas reversibles. Cuando estas sacudidas continuaron, y los ajustes de política no se realizaron, el ritmo de pérdida de la reserva se acrecentó tan rápido que al final México no tuvo más alternativa que devaluar.”