Con la aceptación de un cargo en la compañía estadunidense Dow Jones, el expresidente Carlos Salinas rompió con una tradición que había durado más de medio siglo: de 1934 a 1994, ningún expresidente mexicano había sido empleado de una empresa privada y, menos aún, asalariado de una compañía extranjera.
Ni Cárdenas del Río ni Avila Camacho ni Alemán Valdés ni Ruiz Cortines ni López Mateos ni Díaz Ordaz ni Echeverría Alvarez ni López Portillo ni De la Madrid Hurtado concurrieron al mercado del trabajo después de abandonar la Presidencia.
Todos ellos desempeñaron puestos públicos o se dedicaron a atender sus negocios o actividades particulares.
En 1941, justo un año después de concluir su mandato presidencial, el general Lázaro Cárdenas del Río volvió a la actividad pública con motivo de la entrada de México en la Segunda Guerra Mundial. El presidente Avila Camacho le encargó una de las dos zonas de defensa en que dividió el país. Al año siguiente, 1942, fue nombrado secretario de la Defensa Nacional, donde permaneció hasta agosto de 1945. Dos años después, y hasta 1960, se hizo cargo de la vocalía ejecutiva de las comisiones de la cuenca del Tepalcatepec y del Balsas, que después se fundirían en la cuenca del río Balsas. Luego de un receso de nueve años, el general fue nombrado presidente del consejo de administración de la Siderúrgica Las Truchas, que en su denominación incluiría posteriormente el nombre del general.
Avila Camacho se enfrascó hasta su muerte en los negocios, mientras que Miguel Alemán Valdés hizo otro tanto –de manera exclusiva– durante nueve años, para reintegrarse a la vida pública en 1961, cuando López Mateos lo designó presidente del Consejo Nacional de Turismo, cargo que ocupó hasta el fin de su existencia.
El expresidente Adolfo Ruiz Cortines, también por encargo de López Mateos, fue vocal ejecutivo en la Comisión del Fideicomisario de Metales no Ferrosos.
En 1965, López Mateos fue nombrado presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de 1968, pero solamente estuvo un año debido al aneurisma que lo postró y que finalmente le causaría la muerte.
Díaz Ordaz, quien dejó la Presidencia bajo el estigma de la matanza de Tlatelolco, permaneció retirado de la vida pública hasta que López Portillo, en 1977, lo nombró embajador de México en España. Sin embargo, renunció a los ocho meses, luego de múltiples protestas por su designación y su conducta.
Luis Echeverría Alvarez desarrolló una febril actividad pública después de concluir su mandato. Se autonombró director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo, que él mismo había creado durante su gestión, y recibió subsidios de los gobiernos de López Portillo y De la Madrid Hurtado, hasta que éste se los retiró. Al mismo tiempo, fue embajador ante la Unesco y ante la Comunidad Australiana.
Finalmente, Miguel de la Madrid Hurtado, tras varios meses de vacaciones, volvió a las funciones públicas como director general del Fondo de Cultura Económica, cargo en el cual fue nombrado por Carlos Salinas de Gortari y en el que, recientemente, fue ratificado por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.








