Sin Sistema

Dicen que la realidad aterra la ficción.
Y lo creo: después de un fin de semana y principio de la siguiente, nuestros dirigentes deportivos vuelven a las andadas: todavía no se dan cuenta que viven en el mismo país, bajo las mismas leyes y, diría Juan Gabriel, con la misma gente.
Desde luego, nunca he pensado que obren de mala fe.
¿Cómo podríamos dudar del secretario de Educación Pública que sustituyó al que no había ido a la escuela? ¿Sería prudente descalificar a Mario Vázquez Raña, presidente del Comité Olímpico Mexicano, de la Organización Deportiva Panamericana, de los Comités Olímpicos Nacionales, miembro del Comité Olímpico Internacional, artífice de K-2 y otras ofertas y, además, amigo del presidente?
Y, ¡caray!, sería un insulto al culto deportivo nacional poner en entredicho a Felipe “Tibio” Muñoz, oro en los Olímpicos de 1968, exdiputado del PRI, exmiembro de la Comisión de Legislación Deportiva y ahora presidente designado de la Confederación Deportiva Mexicana.
Qué opinar de Ivar Sisniega, encargado de la Comisión Nacional del Deporte, el mejor pentatleta en la historia de este deporte en México y actual conciliador del drama deportivo nacional.
Y por allí aparece el señor del Distrito Federal deportivo, aunque todavía no dé señales de vida el director de Educación Física, porque me imagino que aún no sabe cómo entrarle a la calidad educativa de su especialidad. Quedan de lado, como siempre en las decisiones gubernamentales, paragubernamentales y, por supuesto, en las compadristagubernamentalespartidistas –¡uf!, pero así es–, aquellos que trabajan con eficiencia en el interior del país.
Los olvidados. Esos que aún deben esperar hasta que salgan los PRImordiales para entonces establecer algo así como el descentralismo, en aras del aprovechamiento de los mejores educadores físicos y dirigentes deportivos de provincia.
Por lo pronto, los dirigentes deportivos volvieron a las andadas: se echaron discursos y firmaron convenios. Me fascina su optimismo, porque dijeron que todo va a salir bien, muy bien… pero surgen muchas dudas.
La primera, cuando el secretario de Educación Pública, Miguel Limón Rojas, reitera lo que los griegos olímpicos ya habían demostrado: el cuerpo sano es el reloj social. También habló de educación integral y otros conceptos. Desde luego, como piensa que nacimos ayer, declaró, al diario del señor Vázquez Raña, que esperaba “que en un tiempo razonable estemos en posibilidad de dar a conocer un programa de buena envergadura…”.
Perdiendo el tiempo, ¿hasta cuándo, hasta cuándo…?
Ivar Sisniega se tropezó con la retórica del espaldarazo –no satanicemos a nadie–, firmó un convenio con la Codeme y el COM, como si eso fuera una solución para el deporte, pero se le olvidó que la Ley de Estímulo y Fomento del Deporte define el Sistema Nacional del Deporte, establece un reglamento y, desde luego, evita el burocratismo de firmas y otras mentiras.