Hombre de ideas “poco comunes” y antiguo miembro de una “izquierda obsoleta”, de la que se desencantó, Emmanuel Carballo truena contra todo. Para él, Chiapas no importa, ante la gravedad de los problemas del país.
“El problema fundamental es México –dice este crítico literario, de 65 años, originario de Jalisco–. Los problemas políticos, el desmoronamiento del PRI y del Estado mexicano son más grandes que Chiapas. Chiapas es una metáfora para hablar de un problema más grande. Es así como entiendo la salvación de México: ¿cómo vamos a salir del caos económico y político?”
–¿No es importante el conflicto en Chiapas? –se le inquiere.
Titubea Carballo:
–Bueno, sí. El indio no es de segunda sino de tercera categoría en México. No tiene oportunidades económicas, políticas ni sociales. Vive un analfabetismo crónico. No se gasta dinero en su salud. No tiene tierra ni oficio. Pero es un problema de todo México. Le digo: Chiapas es una metáfora de México. Los indígenas del norte y del sur viven en iguales condiciones.
En la sala de su casa colonial en Cuajimalpa, entre sorbos de café, el controversial escritor y periodista dice, además, estar al margen del conflicto armado en el sureste mexicano. Califica a Ernesto Zedillo como “un presidente oscilante, sin una gran personalidad, ni atractivo personal o político”.
Del subcomandante Marcos, expresa: “no se le ven espolones de guerrillero. El es un publicista notable, que ganó una guerra a un ejército: logró que el mundo se fijara en Chiapas; en sus puntos de vista, que nadie sabe cuáles son exactamente, y lo glorificaran. En ese sentido, es digno del mejor elogio”.
Y del obispo Samuel Ruiz García:
“Si el señor va a ser removido por el papa o va a seguir en la diócesis de San Cristóbal, eso tampoco me interesa. Es un señor que no me es ni simpático o antipático. Es un hombre protagónico, hábil, inteligente y buen publicista. No tengo nada contra él o a favor suyo.”
Cuando se le pregunta si el conflicto en Chiapas ha generado división entre los intelectuales mexicanos, Carballo acepta:
“Tiene que haberlo, indudablemente. Se ha gastado tanta tinta, tanta televisión, tanta radio… Han hecho de Chiapas un problema nacional. No he querido entrar en el problema porque no me interesa. A mí me interesa el problema de México, que es infinitamente más grave. Lo de Chiapas se va a arreglar.
“Creo que es un falso dilema –continúa–. Deberíamos preguntarnos previamente si vale la pena pelearnos por Chiapas, si Chiapas realmente significa algo para la historia moderna de México. Fui partidario decidido de la toma del poder, de la lucha armada, y la historia nos dijo que estábamos equivocados. Y eso que entonces había un campo socialista. Estaba la Unión Soviética, Cuba, que no era una dictadura. Y la guerrilla, un fracaso.”
Se anima Carballo. Cuenta que, como director-fundador de la desaparecida editorial Diógenes, cuando tenía “un ideal guerrillerista”, apoyó en la década de los sesenta y principios de los setenta los movimientos guerrilleros de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas en la sierra de Guerrero; al Che Guevara, Fidel Castro, los sandinistas, el Frente Farabundo Martí…
“Apoyamos todo eso y volvimos a fracasar”, dice y agrega:
“Sabíamos más o menos quiénes eran, de dónde venían y a dónde iban. En Chiapas no sabemos quiénes son y a dónde van. Ahora, pelearnos por alguien que no conocemos, que no va a solucionar los problemas de México… Eso de los zapatistas, la primera revolución del siglo XXI, que soltó Carlos Fuentes en algún momento, que era una guerrilla que disparaba palabras en lugar de balas, en realidad sólo conocemos anécdotas, proclamas, poemas de muy mala calidad.”
Añade que no tiene el libro de la editorial ERA, “que fue un buen intento de reunir, sistematizar todo lo que dijo la guerrilla”. Pero después de leerlo, explica –”ojalá y mucha gente lo haya leído”–, me quedé con una imagen muy pálida, visceral, romántica, todo en el terreno puramente de la emoción, no de la razón”.
Sobre la polémica entre Carlos Fuentes y Aurelio Asiain, con intervención de otros intelectuales, dice:
“Creo que Fuentes defiende el punto de vista de la izquierda tradicional mexicana y Asiain, el de la revista Vuelta. Como que le mandaron: `Te toca a ti contestar a Fuentes… y defiende el gobierno’. Porque Fuentes ataca al gobierno. Ambos artículos me gustaron, aunque son dos posiciones diametralmente opuestas. A mí como el problema no me interesa, veo dónde está la belleza de un artículo o de otro.
“Usted habla de un problema que para mí no debería existir. Yo ayudaría a que la gente se ocupara de cosas más positivas y dejara ese tema descansar en paz. Que se hiciera justicia a los indígenas en Chiapas; que no se detuviera a Marcos ni a su gente, que no los mate el ejército y que se llegue a una solución política. En eso estoy de acuerdo.”
A su juicio, el debate intelectual “podría ser entre las revistas Nexos y Vuelta. La primera es gobiernista. A su vez, Paz suprimió la sección política porque le estaba quitando popularidad intelectual a su posición. Defender la derecha en México es mal negocio. De vez en cuando mandan a alguien a defender alguna posición neoliberal.
“Después de la devaluación del peso, Vuelta se quedó sin Gabriel Zaid, que era el promotor, el filósofo, el Ortega y Gasset de la economía mexicana, y de la política. Fue arrollado por la historia estrepitosamente. Murió ahí Salinas de Gortari. Zaid defendía la libre empresa. Aguilar Camín supo evolucionar más que la gente de Vuelta”.
–¿Esa pugna se mantiene?
–Se mantiene y se seguirá manteniendo en parte por ideas, en parte por intereses que defienden ambos grupos para apoderarse del liderato, que indudablemente se traduce en dinero, en la posibilidad de ser consejeros áulicos de los presidentes, de los industriales, de los comerciantes. Esto empieza antes que Chiapas. Siempre que hay escritores habrá pugnas.
–¿Es una polémica por el neoliberalismo?
–Es curioso: tanto el grupo de Vuelta como el de Nexos fueron neoliberales y los dos perdieron. Los dos apoyaron a Salinas y las tesis de Salinas llevaron a México al fracaso. Ellos, como estrategas para hablar de los problemas sociales, económicos y políticos de México, no resultaron muy buenos. No ganó uno sobre otro.
Carballo insiste en que lo importante de la situación actual de México son otros temas como, por ejemplo, el triunfo del Partido Acción Nacional (PAN) en Jalisco.
–Esas son las cosas que debemos avalar: que democráticamente haya elecciones limpias. No siempre los defectos sino los aciertos. Y no soy gobiernista, para nada. No milito en el gobierno, ni en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ni tengo simpatía por el presidente de la República. No voté por él; voté por Diego Fernández de Cevallos, el menos malo de los tres.
Para Carballo, la solución de los problemas de México se resume en la reforma de los partidos políticos.
–Nos conviene que el PRI y el Partido de la Revolución Democrática sean auténticas opciones en el panorama democrático de México, porque el único que está trabajando bien es el PAN. Tuve que votar por Acción Nacional porque era la opción más nítida, aunque no era mi opción.
Y tras afirmar que la izquierda mexicana no lo convence –”me parece muy light, como la cerveza: demasiado ligera”–, el ensayista literario dice, además, que las divergencias entre los escritores “son temas que puedan esperar a momentos en que estemos más desocupados, y nos dediquemos con toda frivolidad a hablar de nuestras riñas personales, como grupos de intelectuales y artistas”.
–¿Cree usted que Chiapas revive el tema de los reaccionarios?
–Creo que no. Si uno lee a Marcos, no veo a la izquierda perfectamente definida.
En cambio, en quien sí ve claridad y hasta alaba es al ejército mexicano:
–No ha masacrado a su pueblo, ni a los grupos. Su última aparición fue en Guerrero, en la época de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.
–¿A pesar de las denuncias en su contra?
–Bueno: ¿en qué país del mundo no pasa esto? Donde hay mucha gente y hay problemas, el ejército y la policía intervienen y hay violaciones de los derechos humanos. Esos países no se llaman necesariamente México. Y pasan cosas muy feas, tan feas como entre nosotros.
No obstante, Carballo asegura que el gobierno mexicano “está tratando de distraer la opinión pública con el problema de Chiapas para no hablar del problema central de México”.
–Chiapas es un problema central.
–El problema central es México.
–Chiapas es México.
–Es una parte de México, que hemos ampliado y que no se va a resolver en un mes, ni en un año. No estoy de acuerdo con usted. El problema central es la supervivencia de México como país y no si Chiapas existe.
Y llega al grado de decir que “Chiapas puede tener una solución equivocada, que podría ser la militar, pero puede ser una solución, más o menos rápida”.
–En el panorama intelectual de México, ¿hay gente que opine como usted?
–Una opinión como la mía no la conozco. Creo que es inédita, original, soy muy solitario.
Al respecto, califica la actitud del gobierno mexicano como “oscilante, tímida, prepotente y débil”.
Y añade: “la izquierda sabe hacer autores literarios, pintores, políticos. Lo que no sabe hacer es conducir económicamente los países a la felicidad”.
Por último, Carballo define así los pleitos entre los intelectuales en México:
“Son guerrillas en las que se tiran, con resorteras, pedazos de papel, como en las películas del cine mudo. No se tiran balas; se arrojan la copa de coñac o de whisky.”
–Pero tienen influencia.
–Entre nosotros. Pero nadie nos hace caso. Nuestros tirajes son de 2,000 ejemplares. Salimos en los periódicos y nos retratan. Creemos tener importancia.
Y se pone bien serio:
“Quizá la gente, en el fondo, sea muy reaccionaria; no quiere cambiar. Todos tenemos miedo al cambio: el niño tiene miedo a ser adolescente; la gente de derecha tiene miedo, aunque le haya ido mal, a votar por la izquierda. ¿Cuántas veces se votó por el PRI por temor? Votaron por Zedillo por el temor a la guerrilla en Chiapas.”
Añade:
“Todos nos vamos a la cargada; nadie dice lo que piensa, y nadie piensa por sí mismo.”








