Testimonio de Alejandra Moreno Toscano: diez días a puerta cerrada en busca de una paz que no llegó. Diálogos en la Catedral de San Cristóbal: Samuel Ruiz, Camacho, Marcos y los delegados indígenas

“A las nueve de la mañana se inicia el diálogo. Se conforma el grupo 19+4+3: 19 zapatistas; cuatro personas de la mediación; Manuel, Roberto y yo. La estrecha puerta del pasillo, al fondo de la catedral, lleva al salón donde serán las pláticas. Una pieza alargada con ventanas muy altas. La mesa era demasiado ancha. Los muebles de la sacristía habían sido corridos hacia la pared. Había un pizarrón. Hacía frío, se sentía la humedad. Llegamos nosotros primero. Los esperamos en la puerta para darles la mano. Iban pasando, la mayoría con sus camisas café oscuro y sus pantalones negros, cubierto el rostro con pasamontañas o con paliacates. Fueron tomando sus lugares. Seguramente eso expresaba sus jerarquías. Sólo podíamos procurar entender…”
Eran las nueve de la mañana del lunes 21 de febrero de 1994. Habían pasado 23 días desde que el comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas, Manuel Camacho Solís, declarara: “las condiciones para el diálogo directo están dadas”, y 52 días desde que las tropas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) rompieran con el mito de la paz social en el país. Se iniciaban, en la catedral de la diócesis encabezada por Samuel Ruiz García, los Diálogos de San Cristóbal.
En la víspera, Camacho Solís fijó su postura:
“Asisto al diálogo con la mente abierta. Estaré atento a todas las propuestas. Vengo a escuchar y aprender. Tengo una alta responsabilidad con la sociedad y con el gobierno. Estaré a la altura de esa responsabilidad.”
Y el EZLN, la suya:
“No iremos a pedir perdón ni a suplicar. No iremos a mendigar limosnas ni a recoger las sobras que caen de las mesas llenas de los poderosos. Iremos a exigir lo que es derecho y razón de las gentes todas: libertad, justicia y democracia. Para todos, todo. Nada para nosotros.”

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A lo largo de 70 cuartillas, la historiadora Alejandra Moreno Toscano, testigo de los Diálogos de San Cristóbal, protagonista de ellos como miembro del equipo de Camacho Solís, capta imágenes, recoge afirmaciones, réplicas y contrarréplicas, captura miradas y describe situaciones en lo que parece una obra de teatro representada por el comisionado, el obispo, el subcomandante Marcos y sus 18 acompañantes, integrantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN.
Es el suyo el primer testimonio público y explícito de un protagonista de las Jornadas de Paz y Reconciliación, realizadas a puerta cerrada, durante diez días, en la catedral de San Cristóbal.
Organizado en forma cronológica y relatado en primera persona, el testimonio de Alejandra Moreno abarca desde los días previos al inicio del diálogo y concluye con lo ocurrido el jueves 3 de marzo:
“Muy de madrugada, salen los grupos que acompañaron de regreso a los 19 delegados zapatistas. Cuando se despide, en San Miguel, Marcos declara: `nuestro ciclo ha terminado. Ahora corresponde tomar la iniciativa a la sociedad civil y al resto de las fuerzas políticas’.
“Había resultados: acciones que beneficiarían a los indígenas; cambios institucionales en Chiapas; una elección federal más limpia; se pospondría la elección en Chiapas, un año, para bajarle presión al conflicto. El cese de hostilidades podría alcanzarse. En cuestión de semanas se estaría firmando el Acuerdo de Paz.”
Alejandra Moreno remata su testimonio así:
“Nadie podía imaginar lo que vendría después. Cuando, el 23 de marzo, mataron a Luis Donaldo Colosio Murrieta, Marcos declaró que el hecho perjudicaba la línea negociadora del gobierno. El EZLN suspendió la consulta.”
En un cuadernillo especial, en las páginas centrales, encontrarán los lectores el texto completo entregado por Alejandra Moreno para su publicación exclusiva en Proceso. Aquí reproducimos algunos fragmentos.

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Se pidió guardar un minuto de silencio por los muertos de la guerra.
Después, habló Marcos: aquí estamos reunidos, representantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena y el comisionado para la Paz. Hemos dicho que estamos dispuestos a dialogar y tenemos armas, pero como no tenemos nada contra ustedes, ponemos las armas de lado para que pese la palabra y no las armas, porque buscamos la paz.
Se levantaron, pasaron uno por uno a dejar sus armas sobre una mesa cercana a la puerta. Volvieron a sus lugares.
Marcos continuó: hay un compa que va a explicar por qué traemos el rostro cubierto.
Se levantó uno de los miembros del comité. Vestía el traje de lana negra de las ceremonias de los chamulas, dijo: señores que estamos aquí presentes: nosotros, como representantes de indígenas, quiero explicar por qué venimos así encapuchados. No venimos por el miedo. La razón es que el gobierno no nos ha reconocido como fuerza beligerante. En el momento que nos reconozcan, nos quitamos la capucha y hablamos cara a cara.

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Empieza la intervención de don Samuel: ¿cómo veo este momento? Como ustedes estuvieron sometidos a un aislamiento, viviendo en algunos lugares desparramados, algunas cosas no fueron captadas y voy a decir por qué estamos aquí. Quiero agradecer a Dios que llegáramos a este instante.
Don Samuel, para convencer, cuenta historias. Cuenta una. Cuando era chico algunas veces lloraba, me sentía como una gota de agua en un inmenso mar: ¿qué es lo que va a significar mi paso por el mundo?, ¿qué voy a hacer? Una gota pasa sin que nadie se dé cuenta.
Ahora estamos construyendo una historia que va a ir hacia adelante. Como cada quien la haya entendido. Agradece la muestra de confianza. Están preparadas las cosas para que se inicien las pláticas. Agradece al comisionado su actividad para alcanzar el cese al fuego, hasta llegar a este instante en que estamos reunidos como símbolo de que basados en nuestras convicciones queremos construir la paz.

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Marcos: que nos diga el comisionado su posición.
Manuel Camacho Solís: agradezco que hayan dejado las armas sobre la mesa y lo que eso representa. También quiero decirles que respeto su decisión de mantener puestos sus pasamontañas, hasta que sientan tranquilidad y la seguridad de que las cosas van por buen camino.
Sé que ustedes no tienen miedo a la muerte, me queda muy claro. Sé que no vienen a pedir perdón. No lo estamos pidiendo ni solicitando, ni consideraría yo justo que alguien lo hiciera. Creo que la única manera como vamos a salir de esto es si vemos hacia adelante. Estoy convencido de que si yo tengo una gran responsabilidad, ustedes también tienen una gran responsabilidad. El triunfo de ustedes no es morirse, como tampoco lo sería para mí. Ustedes han demostrado valor, yo también. Lo importante es que saquemos algo que sirva a la gente y que fortalezca nuestro país.

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Marcos: … Queremos dialogar sobre las condiciones que provocaron la guerra. ¿Cuáles fueron esas condiciones? ¿Cuáles serían las condiciones necesarias para que hubiera paz justa, no humillante? Estamos de acuerdo en que se nos llame organización mexicana, mayoritariamente indígena y chiapaneca. Voy dando lectura al pliego. Miembros del comité irán explicando los problemas generales que están en la base. Los que se refieren a Chiapas. Los que se refieren a indígenas. La renuncia de Salinas, la renuncia del gabinete.

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Un delegado se levanta y habla. Viste chamarra y pantalón grises, lleva una gorra azul, paliacate rojo: para nosotros, indígenas marginados, no conocemos la democracia, ni conocemos a los candidatos, igual de gobernadores que de presidentes municipales. No tenemos participación. Las armas nos dieron voz. De otra manera, seguiríamos existiendo en la nada…

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Interviene otro delegado: queremos que se nos reconozca lengua materna, yo soy chol. Nosotros no tenemos estudios y llegamos a hablar con los españoles desde 1542, nos impusieron esa palabra que se llama español y a veces ni la entendemos y entonces nos devalúan y no nos atienden. Que se reconozca la lengua materna en cada dialecto que hablamos porque si se pierde la lengua, ¿qué va a pasar?

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Se levantaron, se despidieron: `buenas tardes’. Salieron recogiendo sus armas. Piden derechos civiles, pensé, por eso resultan tan radicales. Habíamos visto desarrollarse, ante nosotros, una forma de diálogo muy antigua –tantas veces descrita en libros de historia como la forma en que se construye el consenso que les permite actuar como `comunidad’– aplicada a una exigencia contemporánea que se manifestó en forma violenta. Están convencidos de que alcanzarán ese reconocimiento cuando haya democracia. Para ellos, la democracia implica tanto una nueva relación de sus pueblos con las autoridades, con el supremo gobierno, como la adopción inmediata, de golpe, de todas las demandas de democratización de que ha planteado la sociedad urbana.

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Camacho: Hay puntos de principios, no negociables, como el reconocimiento de beligerancia que fracturaría la soberanía nacional y hay otros que se pueden discutir, como el avance democrático que uniría el país.
Creo que la forma de plantear las cosas es importante. Si lo planteamos como un acuerdo de San Cristóbal, no prosperaría. Pero si lo planteamos sumándonos, desde aquí, desde San Cristóbal, a lo que los demás ya están haciendo, en los partidos políticos, en el Congreso, sí podríamos avanzar.

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Marcos: Nuestro ejército es campesino. En todo caso, preferimos mejor ir a sembrar y a rozar o tumbar, o lo que haya que hacer para vivir. En realidad, la mayoría de nuestra tropa es campesina que, en determinados momentos, se hace fuerza combatiente. Pero así que tengamos cuarteles, arsenales, pues ojalá los tuviéramos. Nuestra fuerza combatiente, si no es atacada, va a trabajar la tierra. De eso vive. Esos son los zapatistas.

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Nos despedimos. De regreso a la casa del obispo, hacemos algunos comentarios. Dice don Samuel: veo el choque cultural, veo el problema como lo capté. Vino ayer un saludo, un encuadre, una propuesta amplia del EZLN y la propuesta de un documento extenso. Creo que lo podemos sacar así: una comunicación interpretativa de las peticiones y una respuesta con itinerario. Lo captaron como propuesta de carácter global, a menos que se explique ése no es el documento que se va a firmar. Decir es viable lo que se dice, con salvedades. Ellos tienen como un choque: hay respuestas genéricas y el mundo indígena es concreto.

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Estamos en la etapa más crítica de la negociación. Son las tres de la tarde, nos reunimos antes de pasar al comedor, sabemos que toda negociación tiene límite. Para nosotros, el objetivo es defender el Estado mexicano, no una facción política, defender la soberanía, dar su espacio a las instituciones republicanas, cuidar la imagen y el prestigio del ejército mexicano, pues, de no hacerlo, todo ello propiciaría una injerencia creciente del exterior en asuntos internos. Tenemos que insistir en que es necesario sustituir las demandas de renuncias y de reconocimiento de beligerancia por una salida de reformas institucionales.

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Marcos: No queremos que el país se ensangre. Por eso decimos al gobierno: tienes que irte, que haya gobierno de transición, y si no te tienes que ir porque el barco va derecho, entonces entrega el poder electoral a otra fuerza. Y si el próximo régimen cualquiera que sea su orientación política, sale débil, o sea con poco respaldo popular, el 1 de enero se va a repetir todo el sexenio, pero a un costo mucho mayor. Se va a descomponer tanto este país, que no va a haber pegamento capaz de componerlo.

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Se cita a la conferencia final de prensa. Roberto Salcedo lee la respuesta a los 34 “compromisos” que implican 11 modificaciones legislativas y más de 30 acciones concretas de gobierno en los municipios afectados por el conflicto. Se nota que la redacción ha sido consensada. Camacho Solís dice: hubo diálogo serio, respetuoso, propositivo. El camino es de respuestas de justicia, sin vencedores ni vencidos sino con patriotismo, respeto y dignidad… Ambas partes, dice, fuimos cuidadosos y respetuosos para evitar que los asuntos difíciles rompieran el diálogo y recurrimos a la sensibilidad y eficacia del mediador don Samuel Ruiz García, lo que permitió reducir el nivel de confrontación directa hasta que se fueron encontrando las salidas a los puntos más conflictivos.

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Después de la cena, en el corredor, estábamos contentos… Decía Camacho Solís: … No hay salida cuando se busca el exterminio de los contrarios. La salida política está, precisamente, en ampliar la base política del país, para que nadie quede excluido. La salida está en tener instituciones renovadas que sostengan esa nueva densidad de la nación mexicana.
Habíamos pasado diez días, sin salir de la catedral de San Cristóbal.