Cercado por la corrupción

Señor director:

Después de estar trabajando tranquila y honestamente durante 15 años en mi consultorio, un día de septiembre de 1994 se produjo de improvisto la visita de un inspector de la delegación Alvaro Obregón. Me pidió todos mis papeles legales para ejercer la profesión (soy médico psiquiatra y psicoanalista). Como tengo todos mis títulos a la vista, no me fue difícil mostrárselos. Después me pidió los papeles de arrendamiento para ver si estaban en orden. Se los di. Luego me pidió el permiso de uso de suelo, y se lo proporcioné.
El individuo se quedó pensando un poco, y entonces me pidió el permiso de uso de suelo correspondiente a mi oficina, de manera particular. Le expliqué que todo el edificio es para uso de oficinas y le volví a enseñar el papel en regla. Me dijo que no, que ahí ya me había pescado, porque necesitaba un permiso en particular, y como no lo tenía, me iba a multar o a clausurar. Me dio cinco días hábiles “para arreglar mi problema” ya que yo no quise “arreglarlo” en ese momento porque eso implicaría dejarme “morder” por el inspector.
Desde ese día, hasta el 10 de enero del presente año, estuve investigando y nadie sabía de esa disposición. No obstante, fui a la delegación para sacar dicho permiso. De entrada, para “arreglarme mi problema” me pedían entre 8,000 y 9,000 nuevos pesos que siempre me he negado a pagar. Por fin encontré una persona que me pudo orientar, y sólo pagué 170 nuevos pesos por un permiso que no era necesario.
Retrasaron la entrada de mis papeles hasta el 10 de enero, y el 3 de febrero me llegó un citatorio donde se me indicaba que, si no me presentaba el día 7 de febrero en la delegación, sería objeto de sanciones. Me presenté con toda mi papelería y me dijeron que, como me pasé de tiempo, me iban a multar. Les hice ver que el retraso fue responsabilidad de la propia delegación. Se enojaron, revisaron de nuevo mi expediente y, con una sonrisa, me dijeron: “de esta multa se escapó, pero de esta otra no: muéstreme su licencia de salubridad”.
Y todos sabemos que cuando cumpla con ese requisito, me inventarán otro, y luego otro; así, hasta agotarme o hasta que les dé una fuerte cantidad de dinero para que me dejen trabajar en paz (cosa que nunca podré hacer) o hasta que encuentre a alguien que me ayude a poner en su lugar a estos corruptos.
Con esta triste historia, creo proporcionar un ejemplo claro de que los ciudadanos honestos en México somos perseguidos.
Los perseguidores algún día también

Atentamente
Doctor Javier Villarreal Boone.