Señor director:
En Proceso 951, del pasado 23 de enero, apareció una entrevista de la reportera Sanjuana Martínez con Salvador Rovira Llorens, director del llamado Museo de América, situado en las orillas de la Ciudad Universitaria de Madrid.
En octubre de 1994, encontrándome en Madrid, yo lo había visitado y, tras recorrerlo concienzudamente, a la salida solicité papel y dejé un recado a quien correspondiese, en el que expresaba mi opinión acerca del museo, su contenido y lo que en él, para ilustración de los visitantes, se expresaba. Naturalmente dejé mi dirección, pues se me dijo que tales comunicaciones siempre eran respondidas. Todavía espero la respuesta.
Me permití dejar constancia de lo que pensaba por ser arqueólogo graduado en la ENAH desde 1951, por haber practicado también arqueología en Perú, y, aparte, por ser codirector de los dos primeros volúmenes de la Historia científica y cultural de la humanidad de la Unesco, en su sector de América, todo lo cual me ha familiarizado con la arqueología americana.
Contemplé un magnífico edificio, con una clara sobrepoblación de empleados, al menos tomando café en la cafetería local. Las piezas en exhibición son magníficas en su mayoría, únicas en algunos aspectos, como en la plumistería de la Nueva España; hay una inteligente organización temática en cinco áreas, en realidad en cinco temas mayores, y una sistematización obligada de lo exhibido, que conjunta toda la América hispánica.
Sin embargo, el cedulario y, sobre todo, lo que respecta al origen de los americanos, es en verdad malo. Se encuentra un desconocimiento de la arqueología americana, incomprensible en un museo dedicado a ello. Ante tal situación, me dirigí a algunos colegas españoles, de los que trabajan o han trabajado en el continente americano, preguntando quién o quiénes habían montado tal museo, quiero decir, profesionales de la arqueología y especializados en la de América. La respuesta significó que no lo hizo nadie conocido como americanista, al menos con obra como tal, y que, al parecer, fueron alumnos del Departamento de Arqueología y Etnología Americana, de la Universidad Complutense, quienes hicieron el trabajo. El señor Rovira Llorens, al parecer, carece de carta de presentación en menesteres como los del americanismo.
Ese museo, con materiales verdaderamente únicos muchos de ellos, de haber estado en manos de conocedores de la materia o, al menos, de haber consultado a los que en España han hecho profesión de la arqueología americana, sería mucho más presentable, mucho más didáctico y sin la ya ridícula orientación franquista. (Carta resumida.)
Atentamente
Profesor investigador emérito
José Luis Lorenzo.








