Ahora que está reunido el eufemísticamente denominado Sistema Nacional del Deporte, suena utópica la proyección de programas al año 2000.
La reunión abarca no sólo a los directores de los institutos y consejos estatales de deporte y a las asociaciones y federaciones sino también instituciones públicas, descentralizadas y privadas.
¿Qué podrá surgir de este tan futurista coctail?
Vamos a ver: porque si dos cabezas piensan más que una, a lo mejor unas 300 pueden resolver el enjambre parasitario que padece nuestro deporte. Y a lo mejor hasta dan a luz el proyecto ideal de la política deportiva del sexenio actual.
Pensando, desde luego, positivamente. Pero desde el punto de vista de la suspicacia, que se ha convertido en una constante en la forma de comportarse del México-deportivo, pues como que se requieren premisas más concretas para no nada más atacar un solo aspecto del vasto problema.
Por ejemplo, es indispensable volver, insisto, al principio: la educación física como proceso cultural que podría llevar al niño al deporte cotidiano, y la redefinición de lo que debe ser el sistema deportivo, como tal, y no como lo dicta el ojo de buen cubero o los intereses pripartidistas de quienes asumen las decisiones.
Porque entonces, el arribo de los jóvenes mexicanos al año 2000 mantendrá las mismas inquietudes e incertidumbres que atrapan desde hace años a los actuales.
Una vez concluida esta reunión, es decir, este martes 21, la Confederación Deportiva Mexicana tendrá su asamblea y, el día 28, el turno será para el Comité Olímpico Mexicano.
Entre tanto, queda firmado un convenio de ayuda Conade-Codeme-Com, lo cual evidencia que hasta ahora los tres organismos “cúpula” –así les dicen– han estado muy dispersos. A la mejor ahora –es imposible asegurar que lo van a lograr– esta calamitosa trilogía se toma de la mano y por fin, no tan dispersa como hasta ahora, y con entusiasmo, emprende el camino del bien.
Bueno, cuando menos se oye agradable eso de llegar al tercer milenio con programas desde 1995. Y suena muy moderno eso de “proyección al año 2000”: ¡caray!, da la impresión de que nuestros planificadores deportivos son mejores que nuestros economistas…








